Foto por: Santiago Mesa.

Miguel Ángel Beltrán fue, durante años, conocido por el país como el guerrillero Jaime Cienfuegos. Foto por: Santiago Mesa.

En el Museo Histórico de la Policía Nacional todavía aparece la foto de Miguel Ángel Beltrán expuesta al lado de la del Mono Jojoy, ‘Cuchillo’ y ‘Douglas’, entre otros grandes criminales. A pesar de que fue absuelto de todas las acusaciones, el año pasado, el museo de la Policía lo sigue señalando de ser  alias Jaime Cienfuegos, integrante de la Comisión Internacional de las Farc, y cercano al desaparecido Raúl Reyes. Su imagen esta en una sala  que muestra las operaciones más relevantes de capturas derivadas del intercambio de información.

El caso del este sociólogo, investigador y profesor de la Universidad Nacional de Colombia empezó en 2009, cuando fue capturado en México mientras realizaba estudios, y deportado a Colombia. La Fiscalía General de la Nación lo acusó de ser alias Jaime Cienfuegos, presunto coautor de los delitos de administración de recursos relacionados con actividades terroristas, concierto para delinquir agravado y rebelión. Estuvo preso hasta el 2011, fue absuelto por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Conocimiento de Bogotá. La Fiscalía y la Procuraduría impugnaron la decisión, y el Tribunal Superior de Bogotá “revocó parcialmente la sentencia absolutoria” el 14 de octubre de 2014, hecho por el que fue capturado de nuevo. En total, pasó cuatro años en la cárcel, además fue destituido de su cargo como profesor universitario, por orden de la Procuraduría.

El año pasado, la Corte Suprema de Justicia determinó que la captura de Beltrán no fue legítima, pues las evidencias para detenerlo se hallaron en el computador de Raul Reyes. Esa recolección de información fue  “ilegal”, según el Alto Tribunal, “al producirse fuera de territorio colombiano por parte de autoridades que no contaban con facultades de policía judicial, las cuales se apartaron de la Constitución Política”, según la sentencia. Esto hace que toda su captura haya sido ilegal.

Hasta que la Corte lo absolvió, para el país Miguel Ángel dejó de ser el sociólogo y profesor universitario y terminó convertido en Jaime Cienfuegos, el guerrillero. Su captura causó incluso celebraciones. Álvaro Uribe, presidente en ese entonces, la anunció diciendo: “en México se acaba de capturar a uno de los terroristas más peligrosos de la organización narcoterrorista de las Farc”. Y esa idea, de ver a Beltrán como un guerrillero, se quedó grabada en la mente de muchos. Su foto en el museo de la Policía, quizás, es una constancia de eso.

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La primera que vio la foto de Miguel Ángel fue una de sus sobrinas. Ella había ido al museo en una visita planeada por el colegio. Todo en el recorrido parecía normal hasta que llegaron al sótano. Allí, en un cuadro que expone los operativos más relevantes, encontró dos fotos de su tío y un texto que decía: “en coordinación con autoridades de México, se logró la deportación del subversivo Miguel Ángel Beltrán Villegas alias ‘Jaime Cienfuegos’, integrante de la Comisión Internacional de las FARC, esta persona ejercía como profesor de la Universidad Autónoma de México”.

Foto de Miguel Ángel Beltrán en el Museo Histórico de la Policía en Bogotá. Foto Pacifista.

Foto de Miguel Ángel Beltrán en el Museo Histórico de la Policía en Bogotá. Foto Pacifista.

Eso de la Policía es cuento viejo. El es absuelto de todos los cargos en primera instancia. La apelación dura tres años y durante ese tiempo esa fotografía en el museo de la Policía sigue apareciendo. En segunda instancia el Tribunal confirma la absolución respecto al cargo de terrorismo y solamente lo condena por rebelión y en ese contexto nos vamos a la Corte Suprema de Justicia, y allí sigue como la gran captura. La Corte determina que es ilegal todo el trámite desde el momento mismo en que se ordena la captura. Ese gran operativo que celebran, que conmemoran en ese museo es absolutamente ilegal, según la decisión de la corte. No obstante sigue apareciendo en el museo” dice David Albarracín, el abogado de Beltrán.

El Museo Histórico de la Policía, en el centro de Bogotá, es abierto al público y gratuito. En promedio recibe 600 personas cada día entre estudiantes, extranjeros y transeúntes, según uno de los policías que sirve de guía. La mayoría de la gente va con la intención de ver el sótano, allí está todo lo relacionado con Pablo Escobar, y las fotos de Miguel Ángel.

Para el abogado, esa foto hace parte del daño inmaterial respecto a la honra y el buen nombre de Beltrán, además, servirá como prueba dentro del proceso de reparación administrativa y simbólica a Beltrán. El defensor cree, sin embargo, que nada logrará reparar el daño.

En las circunstancias de Miguel Ángel, cómo lo exhibieron no va a haber forma nunca de repararlo realmente. Habrá formas de indemnización económicas y forma simbólicas de reparación, pero jamas se va a deshacer ese daño, es algo que va a quedar para toda la vida”, dice Albarracín.

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A Miguel Ángel, la foto del Museo le llegó en 2011 por redes sociales después de la visita de su sobrina al museo. “Yo al principio me sorprendí. Dije: es el colmo. Luego pensé que así es el tratamiento que recibe uno, porque sigue con el estigma, con el peso del señalamiento. Es muy fuerte esa persecución, el hostigamiento permanente. En lo personal eso es una afectación porque mucha gente ve eso y queda la duda: si fue absuelto por qué sigue allí”, dice Beltrán.

Las afectaciones, dice él, van más allá del tiempo que pasó en la cárcel. Tienen que ver también con cómo se ha construido una imagen suya, para la opinión pública, de una persona que le ha hecho daño a la sociedad. “Yo fui a una universidad pública, y un estudiante tomó la palabra y me señaló, me dijo que yo reclutaba estudiantes, y eso para mi fue muy doloroso. Yo le dije que no, que estaba mal informado, que yo había sido absuelto por el aparato judicial, pero él estaba convencido que no, que yo hacía parte de eso. Yo he pensando mucho en las razones que llevaron a esa persecución que uno siente que prácticamente busca la aniquilación, lo único es que no me mataron. Pero en todos los planos yo sentí un acoso permanente”, dice Beltrán.

Foto de Miguel Ángel Beltrán en el Museo Histórico de la Policía en Bogotá. Foto cortesía Miguel Ángel Beltrán.

Foto de Miguel Ángel Beltrán en el Museo Histórico de la Policía en Bogotá. Foto cortesía Miguel Ángel Beltrán.

La policía no dijo mucho al respecto de la foto de Beltrán. Ante la pregunta de por qué esa imagen seguía ahí sí Beltrán estaba absuelto, el Mayor Humberto Aparicio, quien está a cargo del Museo, respondió por teléfono: “escuchándola llegó a la conclusión que lo mejor es hacer esta entrevista personalmente. Yo la llamaría a usted, no se preocupe”. Hasta el momento de esta publicación su llamada no llegó.

Pero un subintendente que también trabaja en el museo contó que las modificaciones del sótano se hicieron hace unos tres años aproximadamente, pero que igual las salas están en constante actualización. “Todo es según la orden que emitan los altos mandos de la policía”, dijo.

Un señalamiento de este tipo resulta casi lapidario pues desmentir estas versiones resulta imposible. El de Beltrán no es el único caso. Muchos todavía creen que los jóvenes víctimas de los falsos positivos de Soacha “no fueron a recoger café”, como dijo el expresidente Uribe en su momento.

A pesar de todo, Beltrán ha llegado a la conclusión de que el gran ganador de este caso el pensamiento crítico, pues se demostró que ser disidente no es ser delincuente. Por ahora Beltrán y su defensa están dando dos peleas: una con la Procuraduría, para que lo restituyan como docente; y la otra, que está por empezar, tiene que ver con que su reparación.

Pero más allá de mi situación está la estructura de este país, de lo que es este régimen político que criminaliza, estigmatiza y “no perdona”, y lo pienso no porque yo sea responsable, por el contrario, fui absuelto, pero en términos de lo que puede ser un posconflicto. No hay disposición para la reconciliación. Y lo que me ha pasado mi, tengo la certeza, le va a pasar a muchos de las personas que tomaron la decisión de dejar las armas y asumir la vida política”, dice Miguel Ángel.

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