Foto: Pau Coll.

Fotos: Pau Coll.

Por Pau Coll

El Salvador es el país con la mayor tasa de sobrepoblación carcelaria de América, y la prisión de Cojutepeque ha sido probablemente el penal en peores condiciones humanitarias de todo el país centroamericano.

Este antiguo cuartel militar, habilitado como cárcel exclusiva de la mara Barrio 18 (una de las pandillas nacidas en Los Ángeles y que coparon Centroamérica como bandas de crimen organizado), era un oscuro laberinto de celdas y sectores repleto de basura y con una sobrepoblación asfixiante –casi 1.300 personas estaban encerradas en un espacio diseñado para 400–. Unas condiciones que propiciaron su cierre el pasado 16 de junio.

 

Ubicado en el centro del municipio de Cojutepeque, capital del departamento de Cuscatlán en El Salvador, este penal fue el feudo de la fracción de los “revolucionarios” de la mara Barrio 18. Por temas de seguridad, en Centroamérica las cárceles están divididas entre pandilleros y “civiles”.

 

Es difícil calcular la capacidad de este antiguo cuartel militar transformado en cárcel, ya que cualquier rincón era adaptado para apiñar presos. La versión de la exdirección del centro también varía según a quién se le pregunta. La realidad aproximada es que unos 1.300 presos convivían en un espacio diseñado para 400.

 

Según el ultimo informe sobre seguridad ciudadana elaborado por la OEA (Organización de los Estados Americanos), El Salvador es el país con mayor hacinamiento carcelario del continente americano. Con una capacidad total de 10.000 plazas, en las cárceles se amontonan más de 34.700 internos.

 

Cuando se les preguntaba a los pandilleros que era lo peor de estar en esta cárcel, la respuesta solía coincidir: “Puta, estamos tri saturados”. La contestación de lo jefes de los tres sectores que existían en Cojutepeque también era ilustrativa: “Solamente pedimos condiciones de vida más adecuadas al ser humano”.

 

Foto: Pau Coll.

A consecuencia del hacinamiento extremo todo el suelo del penal estaba lleno de fluidos y basura que desprendían un asfixiante hedor. Los presos solo tenían acceso al agua una hora durante el día y otra, por la noche. La falta de higiene estaba directamente relacionada con problemas de salud como la aparición y propagación de hongos o sarna entre los internos. Foto: Pau Coll.

 

Celda 1 del sector 2. Según sus habitantes en esta galera pasaban las 12 horas del encierro unas 180 personas. Las celdas no tenían luz eléctrica y la mayoría ni ventanas, incluso durante el día era imposible ver algo. Por la falta de espacio, en los patios se ubicaban hamacas techadas con plásticos donde algunos reos dormían ya que no cabían en los módulos.

 

El Salvador se encuentra entre los primeros puestos del ranking de países más violentos del mundo. Reina en el país una guerra entre las organizaciones juveniles criminales Barrio 18 y Mara Salvatrucha.

 

Durante el 2015, en El Salvador hubo 6.640 homicidios violentos. O lo que es lo mismo, asesinaron a 1 de cada 1.000 habitantes de este pequeño país con una población total de entorno a las 6.340.000 personas.

 

La comida también era motivo habitual de queja por parte de los internos. “Muy poca variedad y a veces no llegaba para todos”. Aunque los familiares pueden entrar comida en las cárceles de El Salvador, los presos aseguran que es muy difícil que la autoricen o que superen los controles de seguridad.

 

Aunque las condiciones de vida en Cojutepeque eran insoportables, la principal reclamación de los detenidos era su derecho a programas de rehabilitación como talleres productivos o educación. Existía en el penal una pequeña área de escuela y talleres, pero la capacidad para los internos era mínima por falta de personal educativo.

 

Con casi 35.000 presos y una sobrepoblación del 241 por ciento, El Salvador lleva años siendo el país con las cárceles más llenas de América, seguido por Bolivia — 233 por ciento — y Haití — 218 por ciento. Estas cifras se traducen en unas condiciones de vida infrahumanas para los presos de estos países.

 

Una oscuridad casi total dominaba gran parte de las celdas. El espacio transitable era mínimo debido a que cualquier rincón estaba habilitado para dormir. Los pandilleros desarrollaron un sistema especial para guiarse en la oscuridad que consistía en avanzar unos unidos con otros entrelazando sus brazos para no chocar con las literas o entre sí.

 

Aunque la cárcel de Cojutepeque ya esta clausurada la cantidad de presos en este pequeño país de Centroamérica no para de augmentar. El antiguo director de Centros Penales del país, Duglas Moreno declaró, recientemente: “Nadie se rehabilita en un escusado”.

Este artículo fue publicado originalmente en VICE News, la plataforma de noticias de VICE. 

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