Todas las fotos son por Valerio Bispuri.

Todas las fotos son por Valerio Bispuri.

Este artículo fue originalmente publicado en Vice Francia.

Este artículo fue traído por Canal +, de la serie El Marginal. Haga clic aquí para obtener más información.

Por: Valerio Bispuri

Valerio Bispuri es un talentoso reportero gráfico italiano conocido por su reportaje Encerrados –un ambicioso proyecto en las cárceles de América del Sur, que fue galardonado en el festival Visa pour l’Image y fue el tema de su libro en 2014. Él, amablemente, accedió a hablar con nosotros de las escenas de su reportaje y seleccionó sus fotos favoritas. Esto nos contó:

Desde hace 10 años, he visitado 74 cárceles en toda Sudamérica. La primera vez que entré a una cárcel fue en Quito, Ecuador, y de inmediato supe que quería hacer un proyecto a largo plazo. Lo que me interesaba era llevar a cabo una investigación antropológica, tratando de entender a las personas encerradas en estas cárceles, lo que piensan, lo que sienten y cómo viven su vida cotidiana.

Las condiciones de reclusión en Sudamérica son especialmente difíciles, sobre todo en términos de higiene y de hacinamiento. También hay que destacar una gran cantidad de violencia. En estas cárceles, las tasas de suicidio son bajas, pero hay muchas rebeliones  –que a menudo resultan en asesinatos entre bandas rivales. Pero a través de Sudamérica vi también una gran cantidad de humanidad dentro de estos lugares.

Fui bien recibido por los reclusos. Algunos estaban muy dispuestos a ayudarme en esta historia porque realmente querían mostrar las deplorables condiciones en las que vivían. Como me explicó un italiano encerrado en una prisión peruana: “Aquí hay que aprender a sobrevivir cada día”. Todos los días, los prisioneros no solo deben hacer frente a la violencia y los abusos que sufren, sino también a la falta de higiene y a los riesgos de contraer una enfermedad. En casi todas las cárceles vi que todos los detenidos estaban bastante aburridos –son pocos los que están trabajando o estudiando.

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También visité muchas cárceles para mujeres, la gran mayoría fueron acusadas ​​de casos que tenían que ver con drogas. Siempre recordaré una ecuatoriana de la que me volví muy amigo. Su nombre es Verónica, de 24 años de edad, y fue condenada a ocho años de prisión por el transporte de 10 kilos de cocaína a Europa. Tiene dos hijos con quien nunca ha tenido la oportunidad de compartir tiempo, y habló frecuentemente de su deseo de abrir un salón de belleza al salir de la cárcel. Realmente me siento afortunado de haber sido capaz de construir relaciones fuertes con algunos reclusos, yo les debo mucho. Para mí, esta historia no es sólo mía –es realmente el resultado de un trabajo colectivo.

 

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