En Lloró, una pequeña vereda a una hora de carro de Quibdó (Chocó), han llegado cerca de un centenar de familias, más de 300 personas, en lo que va de año. Han huido de los combates entre el ELN y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC). Este 19 de marzo se produjo el mayor desplazamiento, con la llegada de vecinos de Chirriquí, Currupá y Currupacito, veredas a orillas del río Atrato. ¡Pacifista! llegó a Lloró para conocer a las nuevas víctimas de desplazamiento en el posconflicto.

Vea artículo escrito: Estos son ‘los nuevos’ desplazados del posconflicto

Todas las fotos por Aitor Sáez.

Reinaldo Rentería huyó de su casa junto a su esposa, sus tres hijos y un nieto de menos de un año. Extraña el campo, donde podía encontrar el alimento cuando lo necesitaba. Ahora en Lloró no tiene trabajo y pasa los días sin ver una salida.

Reinaldo junto a su esposa, Anapersi Cuesta, sus hijos Yurleisi (5), Yuveli (3), Yurlei (21) y su nieto Esneider, de un año. Viven en casa de una familiar, a quien le pagan 100.000 pesos de arriendo. Después de dos meses desde su desplazamiento, el dinero se les agota.

Anapersi Cuesta quiere regresar a su hogar pero tiene miedo de que puedan ponerse en riesgo. No han obtenido noticias de lo que sucede en su vereda.

En su huída, la familia de Anapersi y Reinaldo pudo rescatar este ventilador, el objeto más valioso para la familia. En los tres botes en los llegaron viajabn 17 familias (72 personas) desde Chirriquí. No hubo espacio para cargar nada más.

Los hijos de Reinaldo y Anapersi preguntan a diario cuándo regresarán a casa. Ellos no quieren volver, pero se aburren en Lloró, sin poder ir a la escuela. Durante los combates, los pequeños se asustaron y todavía hoy preguntan a sus padres por qué los querían matar.

Víctor Tapia y Evendi Mena junto a sus hijos Jason (16 años), Lady (15), Víctor (10), Carmen (8), Yaleisa (5), Liliana (3) y Davinson, de diez meses. También llegaron desde Chirriquí.

Durante los combates, una bala impactó al televisor de la familia. Evendi logró cubrir a sus seis hijos bajo la cama. Víctor se encontraba en la finca con el mayor, Jason, y pudieron huir hacia Lloró. Los demás salieron al día siguiente cuando el Ejército controló la zona. También trajeron este televisor, la pertenencia de mayor valor para la familia.

Pagan 200.000 pesos de arriendo por esta habitación y una pequeña salita. Los nueve duermen en estos tres colchones.

Hamer Bejarano y Yusi Moya llegaron ese mismo 19 de marzo de madrugada, pero desde Currupá. Los combates alcanzaron a varias veredas. Hamer recuerda que el bote no tenía gasolina y tuvieron que bajar el río Atrato con el motor apagado, remando con los brazos.

Hamer Bejarano y Yusi Moya junto a sus hijos Keiner (8) y Jason (7).

Al lado de Hamer y Yusi viven Melisa Bejarano, Jason Obregón y su hija de ocho años, Karen. También eran vecinos en Currupá. Llegaron en el mismo bote.

Estos son el tipo de canoa con las que viajaron el centenar de familias desplazadas de Chirriquí, Currupá y Currupacito. En cada bote se podían llegar a montar 30 personas.

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