Por Pablo Miranzo

Todas las fotos por el autor

Montones de cajas se apilan unas sobre otras en los laboratorios del Instituto de Medicina Legal, en Bogotá. Cada caja contiene los restos de una persona desaparecida en Colombia. Prendas, objetos, balas o huesos, en algunos casos con más de 30 años de antigüedad, son la materia prima con la que el equipo de identificación formado por genetistas, forenses, antropólogos y odontólogos trabaja para ponerle un nombre a cada uno de los restos.

Sin ser mayoría, muchos de los casos que llegan a estos laboratorios están relacionados con el conflicto armado. El forense Jairo Hernando Vivas cree que el proceso de paz entre las Farc y el gobierno podría traer consigo la aparición de nuevos restos sin identificar. Esto ya ocurrió durante el proceso de desmovilización de los paramilitares, conocido como Justicia y Paz. En desarrollo de ese proceso de justicia transicional, decenas de exparamilitares entregaron información sobre la localización de más de 6.000 cuerpos. Pero la escasez de recursos y personal se traduce en largos tiempos de espera para los familiares de los más de 60.000 desaparecidos que hay en Colombia, según el informe “Hasta encontrarlos” del Centro de Memoria Histórica, publicado en 2016.

Una de las claves del éxito del proceso de identificación es un sistema de cruces entre los datos recogidos por diferentes profesionales, que van desde genetistas hasta antropólogos. El objetivo es conectar información. Por ejemplo, las conclusiones de un antropólogo que determina que un fémur sufrió una lesión y el testimonio de una víctima, que le contó a un psicólogo sobre la lesión que sufrió su hijo desaparecido en la pierna. Este sistema perfeccionado durante más de diez años se ha convertido en referente mundial, y los científicos de estos laboratorios colaboran con países como México o Guinea, afectados por las desapariciones forzadas.

Con la firma de los acuerdos de paz, el trabajo de este equipo de científicos adquiere una nueva relevancia. A comienzos de este mes, el presidente Juan Manuel Santos firmó el decreto que le da vida a la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos, que deberá buscar e identificar a “todas las personas dadas por desaparecidas en el marco del conflicto”, así como localizar y entregar los restos de los desaparecidos que hayan muerto.

Ingresamos a las instalaciones de Medicina Legal para documentar el proceso de identificación, que para miles de familias colombianas significa la esperanza de encontrar a sus seres queridos.

Estas son las imágenes:

Foto: Pablo Miranzo

Esta es la entrada a los laboratorios del Instituto de Medicina Legal, en Bogotá. Detrás de esas puertas, diferentes equipos de forenses y antropólogos trabajan para identificar los restos de miles de personas.

Foto: Pablo Miranzo

Medicina Legal lleva más de 102 años haciendo autopsias en Colombia.

Foto: Pablo Miranzo

El protocolo para identificar los restos consiste, en primer lugar, en lavar y fotografiar los huesos. Después, el material pasa a manos de antropólogos, odontólogos o expertos en balística.

Foto: Pablo Miranzo

El doctor Jairo Hernando Vivas lleva varios años trabajando en la identificación de desaparecidos. Para él, la mejor forma en que Medicina Legal puede contribuir al proceso de paz es terminando con la incertidumbre de los familiares.

Foto: Pablo Miranzo

Los cuerpos son organizados anatómicamente por el equipo de antropólogos. Después, los profesionales buscan datos como edad, sexo, complexión o fracturas, que pueden ser útiles durante la investigación.

Foto: Pablo Miranzo

Pequeñas partes de huesos son utilizadas para tomar muestras de ADN y conseguir el perfil genético del cuerpo para compararlo con el de familiares en proceso de búsqueda.

Foto: Pablo Miranzo

Los antropólogos guardan sus trajes de trabajo a la entrada del laboratorio. Aunque muchas veces sus hallazgos no tienen vigencia en los procesos penales, sí son importantes para reconstruir la verdad.

Foto: Pablo Miranzo

El doctor Jairo Hernando Vivas trabaja en una mesa de investigación del equipo de antropólogos de Medicina Legal.

Foto: Pablo Miranzo

Un antropólogo señala el orificio de entrada de una bala en un cráneo. Cuando hay evidencias de uso de armas de fuego, un especialista en balística participa en la investigación.

En cada caja se guardan los restos de una persona catalogada como desaparecida.

Foto: Pablo Miranzo

Restos de arena tras la limpieza de huesos y ropa.

Foto: Pablo Miranzo

Al fondo, un antropólogo ordena cajas con diferentes casos.

Foto: Pablo Miranzo

El sistema de cruce de datos obtenidos por genetistas, antropólogos y psicólogos es clave para identificar a los desaparecidos.

Foto: Pablo Miranzo

Una antropóloga posa para un retrato en su puesto de trabajo en el Instituto de Medicina Legal en Bogotá.

Foto: Pablo Miranzo

Objetos de un desaparecido que reposan en el Instituto de Medicina Legal.

Foto: Pablo Miranzo

El fémur de un desaparecido con un agujero causado por una bala.

Foto: Pablo Miranzo

Anualmente, un aproximado de 1,8% de las personas que son asesinadas en Colombia no se identifican. Sus cuerpos terminan en lugares como este.

Foto: Pablo Miranzo

Un trabajador del Instituto de Medicina Legal camina por los pasillos de la zona de estudio antropológico.

Foto: Pablo Miranzo

Este es el laboratorio en el que se llevan a cabo las extracciones de material genético de muestras de materia ósea para su identificación.

Foto: Pablo Miranzo

Para poder extraer el material genético, el hueso pasa por etapas como el lavado, la pulverización y la extracción.

Foto: Pablo Miranzo

Una trabajadora espera a que la máquina de centrifugado termine con unas muestras. Dependiendo de la calidad del ADN el proceso de identificación puede tardar desde unas horas a varios días.

Foto: Pablo Miranzo

En esta nevera se guardan las muestras que servirán para realizar los perfiles genéticos. Los perfiles son una especie de fotos del ADN, necesarios para determinar si los restos de un desaparecido coinciden con el ADN de los familiares que buscan a sus seres queridos.

Foto: Pablo Miranzo

Una trabajadora posa para un retrato en el laboratorio de Medicina Legal. El proceso de extracción de ADN puede llegar a costar cientos de dólares.

Foto: Pablo Miranzo

Una trabajadora compara las muestras de ADN recogidas de unos restos con las de unas personas que están buscando a sus hijos.

Foto: Pablo Miranzo

Las fotografías de los restos que no pueden identificarse terminan en estos álbumes, que guardan imágenes desde 1980.

Foto: Pablo Miranzo

Una trabajadora en los laboratorios de Medicina Legal realiza el proceso de extracción de ADN.

Foto: Pablo Miranzo

El material genético recogido de las extracciones es almacenado hasta que se logra imprimir su “foto de ADN” para la comparación con otras muestras.

Foto: Pablo Miranzo

Una las misiones principales del Instituto de Medicina Legal es terminar con la angustia de los miles de personas que no saben dónde están sus familiares.

ARTÍCULOS RELACIONADOS