Este artículo fue originalmente publicado en VICE Colombia.

Conozca aquí todos los contenidos de nuestro especial ‘VICE vs CORRUPCIÓN’.

Por Nathalia Guerrero Duque

Hace pocos meses, durante un evento en la Universidad de los Andes, un representante de la Contraloría General de la Nación dijo que Colombia está perdiendo cerca de cincuenta billones de pesos al año por culpa de la corrupción.

El contralor general, Edgardo Maya Villazón, sostuvo que la cifra había salido de “estudios realizados por la entidad” y dijo que el Sistema General de Participaciones no había logrado reducir la inequidad entre las regiones, sino todo lo contrario.

Medir la corrupción en Colombia es una de las cosas a las que durante décadas investigadores, organismos del Estado e independientes y periodistas más tiempo le han dedicado. Y el interés se ha acrecentado en los últimos meses.

¿Pero realmente podemos determinar esto?


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Como parte de nuestro mes ‘VICE vs CORRUPCIÓN‘, hablamos con Henry Murrain, el director ejecutivo de Corpovisionarios, una ONG dedicada a la cultura ciudadana y a lograr cambios de comportamientos positivos en comunidad.

Para Murraín es “totalmente imposible” medir la corrupción de manera certera, algunas investigaciones caen en lugares comunes que refuerzan estereotipos sociales y el pesimismo generalizado en el país nos está haciendo más daño que la corrupción misma.

Para discutir este y más temas, Corpovisionarios realizará el próximo 12 de diciembre su Seminario Internacional de Ciencias Sociales y Estudios Políticos 2017: TODOEL MUNDO LO HACE, con presencia de varios de los más destacados investigadores sobre normas sociales nacionales e internacionales.

¡Pacifista!: Hace años una frase se hizo tristemente célebre. La dijo Miguel Nule: “La corrupción es inherente al ser humano”. ¿De qué manera han comprobado la veracidad o la falsedad de esta afirmación en Corpovisionarios?

Henry Murrain: Decir que todos los seres humanos son corruptos por naturaleza es una generalización tremendamente injusta, carente de evidencia empírica. Creo que todos los seres humanos podemos cometer errores, pero también todos los seres humanos vivimos en un permanente ejercicio de crecimiento y de mejora.

Son más los comportamientos positivos que tenemos a diario, que los comportamientos negativos, o sino la sociedad se nos caería en tres días. En estas épocas en las cuales hay cierta desesperanza en el país, hay que empezar a ver lo que se hace bien y no solamente lo que se hace mal. Y es mucho más lo que se hace bien que lo que se hace mal.

Es imposible demostrar que hay más corrupción ahora que hace cincuenta años o veinte años

Basándose en sus años de experiencia y en sus proyectos, ¿cuál cree que es la fórmula para cambiar los comportamiento negativos? Por ejemplo, ¿cómo lograr que un ciudadano no se ‘cole’ en Transmilenio?
Lo primero que hay que advertir es que no existe una fórmula. Si existiera, estaríamos hablando de otros seres distintos a los seres humanos. Ahora, sí existen factores de riesgo, que favorecen comportamientos transgresores.

¿Cuáles?
Hemos estudiado que estos factores de riesgo aumentan en sociedades donde la gente tiende a pensar mal de los demás, en una sociedad donde la gente tiene una idea peyorativa de su contexto. En el caso particular de Colombia, en las encuestas de cultura ciudadana hemos observado que el colombiano promedio es una persona que se siente súper correcta, súper justa, muy bien comportada, pero asume que vive en una sociedad en la que todo el mundo es tramposo, todo el mundo es corrupto, excepto él.

¿Y eso a qué se debe?
Lo que nos imaginamos de nuestro contexto es un factor clave, no el único, que permite entender la transgresión y la ilegalidad. En Colombia creció el discurso de la desconfianza, que desconfía y castiga a políticos y líderes públicos, pero que también termina teniendo consecuencias en la representación que tenemos de todos los ciudadanos. Y eso es muy doloroso, porque una sociedad donde se desconfía del otro es una sociedad atomizada, una sociedad con problemas de cohesión grandísimos.

La ola de pesimismo generalizado es real. Y cada nuevo ventilador agranda el malestar. ¿Qué tan cierto es que el país está sumido hasta el cuello en un lodazal de corrupción? ¿Tenemos salvación?
En los últimos meses se ha acrecentado la narrativa del colapso en Colombia: ‘Al país se lo llevó el diablo’, ‘Tenemos una corrupción desbordada’… Vemos titulares de prensa que subrayan todo esto. Pero no hay ningún asidero empírico. Es imposible demostrar que hay más corrupción ahora que hace cincuenta años o veinte años, porque la corrupción es algo muy difícil de medir y se comete incluso legalmente muchas veces.

Entonces cuando salen esos números que hablan sobre cuánto pierde el país por corrupción, como los cincuenta billones que dijo la Contraloría, los investigadores de esas cifras tienen que advertir cuál es la base y la información de la que están partiendo para hacer esas aseveraciones. Estamos muy lejos de saber cuánta plata pierde el país por corrupción realmente. Cifras como la de la Contraloría son rimbombantes, y pueden ser cuestionadas con una mirada rigurosa. De los millones de contratos que hay en el país, no tenemos la capacidad de saber qué está pasando con cada contratación.


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¿A qué se debe entonces que estamos hablando más de corrupción ahora que antes?
Es cierto que en los últimos años se ha acrecentado la narrativa de corrupción, pero hay que advertir que esto coincide con una polarización y una puja política, en la cual la crítica a la corrupción del otro se ha vuelto el principal instrumento de ataque político. Es muy posible que el terreno de conflictividad política en Colombia se empiece a concentrar en esta narrativa de corrupción. Hace un tiempo leí una colección de textos de cronistas del siglo XIX en Colombia, donde un cronista inglés contaba que los debates en el parlamento colombiano no se concentraban en temas ideológicos o políticos, sino que se concentraban básicamente en criticarse o cuestionarse quiénes eran más corruptos. Es decir, en 1824 ya usaban esta forma de ataque frente a los otros partidos.

Lejos de ser algo reciente, podemos decir que Colombia nació con esta narrativa. Tenemos que pensar si lo que estamos haciendo nos va a llevar a algo constructivo y nos va a dejar salir de una identidad de la que todos queremos escapar. Si hay algo que nos guste es rajar, y todo el mundo celebra que se raje del país. Es triste pero cierto: nos une el desprecio por este país.

¿Cómo hacer para que esta narrativa tóxica nos una a nuestro favor? Es decir, ¿este pesimismo no nos hace querer ser mejores personas para no repetir el ciclo?
Eso no funciona. Empíricamente hemos visto que pasa todo lo contrario: cuando dices que todo el mundo es corrupto y que este país es corrupto, en vez de invitar a la corrección lo que haces es bajar la barra de corrupción política, y esto facilita que una persona haga trampa. Entonces la gente piensa: ‘¿Qué pasa si soy un poquito corrupto?’. Esa narrativa del colapso genera un ambiente de mayor transgresión, y los medios tienen que ser conscientes de esto, incluidos ustedes.

Yo sé que nos encanta rajar, pero tenemos que construir una narrativa constructiva del país. No es cierto que todo el mundo sea tramposo, hay políticas y leyes exitosas como la ley del cine, gracias a la cual se hacen entre cuarenta y cuarenta y cinco películas al año, sin que se pierda un centavo. Sin embargo, en las universidades empezamos a notar algo problemático: un gran porcentaje de los estudiantes piensa que la única manera para ser exitoso en este país es ser tramposo. La narrativa y sus efectos.

No se trata de mentir y mostrar la realidad como no es, se trata de ser un poco más justos. Por ejemplo con la justicia: están cogiendo a muchos jueces por hacer cosas que no están bien, pero a nosotros se nos olvida que han existido fiscales y jueces que, de manera irrestricta, han buscado justicia en este país y por ello muchos de ellos han sido asesinados. Eso también es Colombia.

Si hay algo que nos guste es rajar, y todo el mundo celebra que se raje del país. Es triste pero cierto: nos une el desprecio por este país

En un trabajo de investigación, Dejusticia afirma que existen siete departamentos más afectados que el resto por la corrupción en el país, donde gran parte de la población es indígena o negra. Eso nos pone a reflexionar sobre las investigaciones que se están realizando sobre corrupción en Colombia. ¿Están teniendo un sesgo de alguna clase? ¿Con qué evidencias se llega a estas conclusiones?
Es difícil tener una medida certera sobre la corrupción. Lo que menos me gustó del video que ustedes publicaron en VICE Colombia para el inicio de este especial sobre corrupción es que hablan de casos de corrupción muy graves, ninguno de los cuales sucede en los siete departamentos que mencionan, como si los mencionaran gratuitamente. Eso es un lugar común, y no tiene ninguna evidencia. Sé que en algunos casos hay cifras sobre encuestas de percepción de corrupción, pero eso no puede determinar de ninguna manera qué tan afectada está una población por esta problemática.

Hay que tener cuidado con estigmatizar a un pueblo completo, porque en un país con tan profundo racismo y discriminación, un simple video pedagógico puede terminar radicalizando prejuicios y percepciones distorsionadas de la realidad nacional. Yo no creo que en el Chocó haya más corrupción que en el resto del país, aunque el racismo puede hacer que la gente crea esto, pero es imposible de verificar.

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