NO VOLVER A USAR.

Premios Nacionales de Paz en el encuentro de San Vicente del Caguán. Foto por: German Moreno.

El pasado intento de paz nació y murió en San Vicente del Caguán hace más de 10 años. Hasta allá llegaron el Gobierno de Andrés Pastrana y los guerrilleros de las Farc a dialogar, pero poco más de tres años después la negociación se vino abajo. A partir de entonces la guerra recrudeció. Con Álvaro Uribe a la cabeza y la Seguridad Democrática como plan de acción, se intensificaron la violencia, los ataques y las persecuciones, aparecieron los falsos positivos y corrió la sangre. La guerra lo cubrió todo.

A pesar de eso, el conflicto no se ensañó con los habitantes del Caguán, pero el país sí. En el imaginario colectivo de los colombianos San Vicente del Caguán quedó convertido en una zona guerrillera y sus habitantes fueron tildados de insurgentes, de colaboradores, de guerrilleros. Es como si todo lo malo que pasaba en el país después del fracaso de los diálogos, pasara en San Vicente.

Los habitantes de ese, el segundo municipio más grande del Caquetá, han resistido al estigma y han buscado hacer de San Vicente un territorio de paz. Por eso fue el lugar escogido para el encuentro de Premios Nacionales de Paz, Los Retos de la Convivencia y la Reconciliación, Voces desde San Vicente del Caguán. Allí se reunieron durante dos días todos los que han sido galardonados con el Premio desde 1999, entre los que se cuentan La Ruta Pacífica de las Mujeres, la Diócesis de Quibdó, el profesor Moncayo (padre del suboficial del ejército Pablo Emilio Moncayo) y Las Mujeres de Mampuján. El propósito era claro, pedir que se les incluya a ellos en la implementación de los diálogos. Las preocupaciones varias, entre ellas la estigmatización y la polarización que vive el país.

Los premios nacionales de paz son iniciativas de personas que ya pasaron la página de la violencia, se sobrepusieron al dolor y empezaron la construcción de paz en sus territorios, por eso incluirlos es importante, ellos están en las regiones, conocen las necesidades y ya empezaron un camino de reconciliación. La paz, como dijo el asesor del Alto Comisionado para la Paz, Diego Bautista no es una decisión que se tome en un despacho, “el diálogo tiene que seguir hacia adelante, tiene que vigorizarse en las regiones, no se acabó en la Habana, pero ya no va más por televisión”, dijo Bautista.

Los premiados, que además insisten en que no se les llame más víctimas pues se identifican más como sobrevivientes, plantearon un diálogo horizontal, que se construya desde las bases y hacia arriba. En medio del diálogo que precedió la proclama que le dirigieron tanto al gobierno como a la sociedad civil, surgieron varias interrogantes: ¿cómo vamos empezar a relacionarnos entre nosotros? ¿Cómo vamos a reconstruir la confianza que rompió el conflicto? ¿Cuál tiene que ser el lenguaje de la paz?Pues más allá de lo difícil que haya resultado negociar con las Farc y superar el triunfo del No en el plebiscito, llevar el diálogo y la construcción de la paz a todos los integrantes de la sociedad para que dialoguen, participen de manera activa y se pongan de acuerdo parece más complicado.

“La posibilidad que estamos viviendo hoy exige no solo que las Farc dejen las armas, sino que nosotros como sociedad civil nos desarmemos. Que demostremos capacidad para la reconciliación y la acogida. Ya las Farc no son el pretexto. Tenemos que transformar lenguaje pues el lenguaje político es el que tiene a la sociedad polarizada (…) Reconciliación no es uniformidad, es no incitar a la violencia”, dijo Domingo Pérez, ex alcalde de San Vicente, que también estuvo invitado en el encuentro.

Soraya Bayona en el evento de cierre del Encuentro de Premios Nacionales de Paz en San Vicente del Caguán. Foto por Germán Moreno.

Soraya Bayuelo en el evento de cierre del Encuentro de Premios Nacionales de Paz en San Vicente del Caguán. Foto por Germán Moreno.

Los habitantes de San Vicente han vivido en carne propia el estigma: los jóvenes evitaban sacar la cédula en el municipio, las mujeres preferían tener sus hijos en otros lugares. Por eso hoy, más de 10 años después de los fracasados diálogos del Caguán, le dicen al país que la estigmatización no lleva a nada bueno, que eso es lo primero que hay que resolver. Que está claro que el que piensa diferente no es un guerrillero, que tenemos que aprender a dialogar y empezar a hacerlo, así se edifica la paz. La estigmatización no permite avanzar, pues nos aleja cada vez más.

Después de dos días de diálogos entre los premiados y con representantes de diferentes sectores de San Vicente, los Premios Nacionales de Paz elaboraron una proclama en la que manifestaron entre otras cosas que se ponen a disposición, con toda su experiencia y saberes acumulados, para ayudar a implementar los acuerdos con la condición de que se desmonten las estructuras criminales, paramilitares y todo aquello que amenace la participación de la sociedad civil en la implementación, que se proteja a la población desmovilizada y se le integre a la construcción territorial, y que se respalde políticamente a las organizaciones que han trabajado durante años por la paz.

Al final socializaron la carta con la comunidad y con Sergio Jaramillo, el Alto Comisionado para la Paz, que asistió al cierre del evento y no dejó pasar la oportunidad para expresar su frustración, pues según él “no hemos sabido explicar bien qué es terminar el conflicto”, aludiendo a que acabar con el conflicto va mucho más allá que desarmar a las Farc, requiere una participación activa de la sociedad.

“Lo que tenemos que decir desde San Vicente es: señores colombianos, estamos mamados de la polarización. No más agresión. Tratemos de dirigirnos de una manera más respetuosa los unos a los otros, tratemos de construir un discurso que acepte las diferencias pero que entienda que el objetivo que tenemos todos aquí es el de la convivencia”, dijo Jaramillo.

Por su parte, el padre Francisco de Roux, que también asistió al cierre del evento insistió, dado que la paz empieza a convertirse en una carta política para las próximas elecciones, que “cuando luchamos por la paz no lo hacemos por el futuro político de nadie, lo hacemos para vivir como seres humanos (…) para que no nos volvamos a matar entre nosotros por ningún motivo”. Como conclusión quedan las palabras de una de las ganadoras de premio, Soraya Bayuelo, que dijo a los presentes, “nos tenemos que unir, nos falta es el pegante”.

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