María José Pizarro. Fotos: Pablo David G.

En 1990, la vida de Carlos Pizarro Leongómez pasaba por un momento decisivo. Después de hacer las paces con el gobierno se lanzó a la alcaldía de Bogotá y después a la presidencia, aceptando las reglas de juego de la democracia. Irse por este camino significaba confiar en el Estado y dejar atrás su pasado en la guerrilla del M-19. Tan solo 41 días antes de que cumpliera 39 años, en plena campaña electoral, fue asesinado por un sicario dentro de un avión que se dirigía a Barranquilla.

Su hija, María José Pizarro, tiene hoy 39 años. Por el asesinato de su padre tuvo que cambiar de apellido por un tiempo, abandonar el país, buscar refugio en Europa, huir de amenazas y romper con muchos amigos y familiares. En 2010 regresó a Bogotá con sus dos hijas. Desde entonces se ha mantenido al margen de la política, trabajando por la memoria de su padre y recientemente por la historia del país como investigadora del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Desde 2016, cuando el gobierno y las Farc firmaron el acuerdo de paz, María José Pizarro comenzó a sentir inquietud por la política electoral. La polarización del país y los esfuerzos que hizo su padre por alcanzar la paz y lo que él llamaba “un gran diálogo nacional” la fueron llevando poco a poco hacia el camino de la política. En 2017, con el Congreso como protagonista del saboteo a la implementación de la paz, Pizarro tomó la decisión: se lanzará a las elecciones de 2018.

Paradójicamente, María José toma esta decisión en un momento que coincide con la historia de su padre, quien a los 38 años entró en la política por una aspiración básica que ella comparte: construir paz en Colombia. Hablamos con María José  en un café del Parkway en Bogotá. “¿Me quito la chaqueta? Últimamente me dicen que me veo muy darks para estar en campaña”, preguntó sonriendo, antes de la entrevista. Pablo, el fotógrafo de ¡Pacifista! le respondió que como se sintiera más cómoda.

María José, después de tantos años, de todo lo que pasó, ¿por qué decide lanzarse a la Cámara de Representantes, a la política?

Hace 15 años comencé a trabajar como activista de la memoria y creo que eso de alguna manera es hacer política, solo que no es política representativa o electoral pero es igual de importante. Es en estos espacios donde se trabaja con las comunidades, donde se construye memoria y donde se conoce el país. Sin embargo, lo que sucede con los acuerdos de paz en el congreso me hizo replantearme la idea de liderar con muchas personas la voz de una generación que quiere la paz y que lucharía por ella en esa instancia política.

Sería irresponsable que nosotros, las vocees de esta generación, no planteemos ese camino. La reivindicación en la que estamos trabajando necesita leyes, voces en el Congreso, poder político. Si no nos planteamos este camino, seguirán los mismos de siempre.


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Este mismo camino lo transitó su padre y quedó demostrado que la democracia no era tan real como decían… ¿Cree que esta vez sí puede funcionar?

Es curiosa tu pregunta porque mi padre tenía mi edad cuando lo asesinaron. Bueno, era un poquito menor, tenía 38 años y yo tengo 39. El momento histórico también fue parecido. Él salía de un proceso de paz, firmó unos acuerdos que no se cumplieron, que cuando llegaron al Congreso se cayeron. Él tenía la convicción de hacer la paz. Para mí, en términos personales, se trata de alguna manera de recoger las banderas de mi padre, de esa voz que fue silenciada, que quedó en la nada. Bueno, quedó en la memoria colectiva de la gente pero no se materializó en una propuesta política.

¿Por qué eligió inscribir su candidatura en la lista de Gustavo Petro?

De alguna manera Gustavo recoge algunas cosas de mi padre. Otras las reinterpreta. Claro, es un ser humano distinto. Sin embargo yo siento que representa una voz de dignidad y que con él podemos recoger banderas como la paz social. La propuesta de lanzarme al Congreso la venía caminando antes con Ángela María Robledo, con el Partido Verde. Ella se retira y creo que su papel es importantísimo, que no se puede perder la lucha que ha hecho ella por los derechos de las mujeres, de los niños, de los jóvenes, de la paz… Después llegaron otras propuestas con Petro, la Unión Patriótica (UP) y el Mais para elaborar la lista de la decencia. Ahí me sentí más cómoda porque noté una coherencia ideológica.

También coincido con Gustavo en que si el modelo económico sigue como está no vamos a tener país dentro de 20 años. Hay una serie de reflexiones, como las del cambio climático, que otros candidatos no hacen. La política que él propone es la política de la vida, más allá de la izquierda o de la derecha. Yo me siento identificada.

 

 

¿Cree que el país ha cambiado y que es posible que una propuesta como esta venza a las maquinarias tradicionales?

Aunque el Frente Nacional supuestamente dejó de existir, los dueños de la política de este país siguen alternándose el poder. Las condiciones políticas siguen siendo exactamente las mismas que hace 20 o 30 años. Ya no están asesinando a las cabezas visibles de los partidos, ahora asesinan a otras personas en un nivel distinto, como a los líderes sociales.

Ahora, el Congreso no es el lugar donde románticamente quisieras pasar todos tus días, pero sí es un lugar importante de defensa, interlocución e interpelación. La idea de esta candidatura es recoger todas las banderas de los movimientos sociales y, como representante, tener un pie en el Congreso y otro pie afuera, con esos movimientos.

Alejémonos un poco del tema de Gustavo y de su padre. ¿María José Pizarro qué ideas tiene, qué postura representaría en el Congreso?

Pues antes que nada yo soy mujer, por eso políticamente represento mi género. También soy madre de dos hijas y represento a las madres. Más allá de que reivindique las ideas de mi padre, creo que hay cosas que él decía y que hoy se deben aplicar, como hacer un gran diálogo nacional con todas las fuerzas de este país, que podamos superar los niveles de segregación tan grandes que tenemos.

Yo también represento a una nueva generación. Yo no vengo de la lucha armada, no soy guerrillera. Soy hija de esa historia, sí, pero la guerra no fue una de mis opciones. Soy una mujer que en los últimos 15 años de su vida se ha dedicado a construir paz desde otros lugares. Tampoco soy una “delfincita” típica; primero porque mi padre nunca estuvo en el poder y segundo porque las circunstancias de mi vida son totalmente diferentes. Yo viajé por Suramérica cuatro años con mi perra, quedé embarazada, no pude estudiar en las mejores universidades, tuve montones de exilios, en Europa lavé carros, limpié casas como cualquier inmigrante en un país europeo con una niña de año y medio.

¿Y las propuestas?

Yo comencé a hablar de la paz de Colombia en 2008, cuando la política ni siquiera estaba enmarcada en eso. En ese momento me fui juntando con otras personas y ya no es la propuesta individual de María José sino la propuesta de sectores muy diversos. No estoy con la izquierda o la derecha, estoy con los adultos mayores, con las mujeres, con los jóvenes, con los sectores LGBTI, con los ambientalistas. Ahora estoy construyendo un programa con todas las personas de todos los sectores que se quieran sumar.

¿Cómo ve el proceso de paz con las Farc?

Si llego al Congreso voy a defender la implementación los acuerdos. El fast-track acabó con proyectos de ley importantísimos que ni siquiera fueron discutidos, como las reformas relacionadas con la tierra en Colombia. Hoy me preocupa mucho la sustitución de cultivos y el asesinato de líderes sociales. Mi padre decía que la vida no se asesinaba en primavera pues ahora yo digo lo mismo, no podemos asesinar a los líderes sociales. Eso no puede seguir pasando y por eso tenemos que sentarnos con todos los sectores a dialogar, incluso con sectores políticos que quieren que la guerra siga.

Algunos de los que integran esos sectores fueron víctimas de las Farc. Usted también fue víctima de la guerra. ¿Cómo se acercaría a ellos?

Mira, yo me he sentado a hablar con los familiares de las víctimas del Palacio de Justicia. Hemos trabajado muchos años con víctimas de las Farc. Ellos no están en una posición defensiva, ellos quieren la paz. Claro, el dolor nos acerca, tanto ellas como yo hemos sufrido un dolor inmenso, por eso creo que nos podemos sentar a conversar, a tender puentes. Si sigue esta división nunca vamos a poder coexistir ni a convivir. Sentarse con ellos es un paso muy grande porque es entender y demostrar que el debate democrático sí puede existir y que es necesario para que no asesinen a personas como mi padre.

Tampoco soy una “delfincita” típica; primero porque mi padre nunca estuvo en el poder y segundo porque las circunstancias de mi vida son totalmente diferentes

Así, cree, ¿se podría llegar a construir una protección integral para los líderes sociales?

Nosotros queremos tener un pie en las instituciones y un pie en el movimiento social. ¿A quiénes están asesinado? A los movimientos sociales. Y ojo, no solo están matando a líderes de movimientos sociales de izquierda, muchos irresponsablemente catalogan a todos los líderes como de izquierda. Si seguimos polarizados van a seguir asesinando a líderes porque aquí en Colombia asesinan a cualquier voz disonante. La mayoría de líderes asesinados tienen entre 28 y 40 años, es una generación entera a la que están asesinando. Muchos de ellos son ambientalistas, reclamantes de tierras, defensores derechos humanos, por eso es muy importante que la prohibición del paramilitarismo se materialice.

Yo no tengo miles de millones, yo soy mamá de dos niñas, soy soltera. Sí, tenía un trabajo pero no ganaba una suma exorbitante, no vivo en Rosales

¿Por qué se lanza a la Cámara por Bogotá?

La mayoría de mi trabajo ha estado en la regiones, por eso Bogotá es un reto. Aunque claro, la mayoría de regiones habitan aquí en Bogotá, desde la ciudad también se establece un diálogo con las regiones. Si nosotros logramos defender a Bogotá y su relación con el mundo rural tal vez podremos aportar algo no solamente a la capital sino a las ciudades que se están planteando modelos similares.

¿Hay alguna causa de la que sea abanderada? El río Bogotá, el metro…

Aquí no se trata de pelear por quién se lleva la bandera de la Reserva Thomas van der Hammen o por quién se toma la bandera de la Séptima o de Doña Juana. Bogotá no puede ser un territorio en disputa para los candidatos. Hay unos reclamos válidos que son liderados por organizaciones sociales y asambleas, nosotros tenemos que conectarnos con ellos y amplificar sus propuestas. Como habitante de Bogotá me preocupa lo que van a hacer con la Séptima, también creo que el metro elevado no es una propuesta adecuada, es la propuesta de un hombre que hace 20 años decidió que lo mejor para la ciudad era Transmilenio y nunca concertó con la ciudadanía. Acá tampoco hay una política ambiental clara, hay un montón de problemas de salud. Yo tengo una lógica participativa y por eso quiero hablar con la gente de los barrios, saber qué les preocupa, cómo se imaginan la ciudad.

¿Ya ha recorrido la ciudad? ¿Cómo está haciendo su campaña?

Hay un montón de lecturas obligadas que he estado haciendo y claro, conociendo esta ciudad, entiendo cómo la habitamos. He estado conversando con diversos sectores para definir lo que queremos proponer. Ahí me parezco un poco al M-19 porque yo sí creo que el diálogo es el camino, y las propuestas se tienen que materializar con la gente y con las vivencias de los que habitan la ciudad.

Hace casi tres años, Maria José Pizarro conversó con ¡Pacifista! junto a la tumba de su padre.

¿Qué diferencia su candidatura de la de otros candidatos? ¿Vamos a ver su cara eventualmente en vallas publicitarias?  

La diferencia principal es que acá no hay un peso (risas). Yo no tengo miles de millones, yo soy mamá de dos niñas, soy soltera. Sí, tenía un trabajo pero no ganaba una suma exorbitante, no vivo en Rosales, nada de eso es mi realidad. En esta lista me siento cómoda porque hay gente del común que está intentando llevar su voz a otro escenario. Lo de las vallas no creo, a menos que alguien poderoso y generoso, que también existen esas personas, quiera ayudarme con una. Por ahora estamos trabajando en la calle, con redes sociales también.

 

¿Qué dicen sus hijas?

Una tiene cinco y la otra tiene 17 años. Con ella dialogo más y me ayuda mucho a entender a esta nueva generación. Ese cuento de que la gente joven no es política no me lo creo. La política la leen de manera diferente, ven las cosas desde una visión global. Hubo un movimiento de jóvenes que mi hija se sabe de memoria en Hong Kong  y que logró movilizar a miles de adolescentes. En Colombia también tenemos ese potencial, solo que si a los jóvenes líderes los empiezan a matar cuando tienen 18 años es muy difícil.

Hace poco hubo una polémica porque no se fue con el Partido Verde…

Creo que no es necesario tener todo un currículum en Harvard para llegar al Congreso y por eso me identifiqué más con la lista decente de Gustavo. Creo que para llegar al Congreso se tiene que haber vivido, se tiene que haber interpelado, debatido. Ahora, en el Partido Verde hay personas muy valiosas como Inti Asprilla y Ángela María Robledo. Pero también, y especialmente en Bogotá, hay un sector muy ligado a Peñalosa y la verdad no estoy de acuerdo con la forma en la que él está llevando la ciudad; no dialoga con absolutamente nadie, quiere que sigamos embutidos en buses y metiendo un metro que patrimonialmente afectará a la ciudad.

¿Qué cree que pensaría su padre de que se lance al Congreso?

Espero que dijera que muy bien. La verdad me gustaría tenerlo acá para que me contara sus reflexiones y me viera crecer en la política. Yo espero que él se sienta orgulloso, no solo de mí, sino de todas las voces disonantes del país que él inspiró. Voces irreverentes, erráticas, irregulares como mi pelo (risas)… En fin, creo que se sentiría orgulloso porque, como él, sigo defendiendo una posibilidad de vida diferente en este país.

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