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Luz Marina Bernal. Foto: Santiago Mesa

Por Harold García*

Dice Luz Marina Bernal, líder del Colectivo Madres de Soacha, madre de Fair Leonardo Porras de 26 años (desaparecido, asesinado en 2008 y presentado por el Ejército como guerrillero caído en combate), que los hechos ocurrieron cuando el presidente Juan Manuel Santos era ministro de Defensa. Su caso, como el de las miles de ejecuciones extrajudiciales conocidas en como ‘falsos positivos’, es reconocido como crimen de lesa humanidad. Hoy los dos (Luz Marina y Juan Manuel Santos) hacen parte del grupo de siete personas que el parlamentario noruego Heikki Holmas postuló al premio Nobel de Paz. 

Vea también: Estos son los siete colombianos nominados al Nobel de Paz

Hablamos con ella sobre esta aspiración -que comparte con el líder de las Farc, alias ‘Timochenko’, cuatro víctimas del conflicto (Leyner Palacios, Constanza Turbay, Jineth Bedoya y José Antequera) y el mismo Santos-, sobre sus expectativas y el camino que ha recorrido por su hijo. 

¿El presidente Santos se ha comunicado con usted para hablar sobre esta postulación?

No y por el momento no quiero tener ningún encuentro con Juan Manuel Santos porque para nadie es un secreto que cuando sucedieron los casos de las ejecuciones extrajudiciales él era ministro de Defensa y en ningún momento se pronunció para hacer una investigación directa de lo que estaba pasando. Si no hubiera sido por los casos de Soacha, en los que las madres damos la pelea y mostramos realmente que los jóvenes no eran insurgentes, esto se hubiera quedado en la completa impunidad, hubieran seguido masacrando y asesinando a jóvenes en diferentes regiones. Aunque hay una continuidad, pero no con la misma masividad que se dio en esa época.

Me duele que cuando nosotras  le enviamos una carta a Álvaro Uribe Vélez, a Juan Manuel Santos, a la Fiscalía, a la Procuraduría y a la Defensoría del Pueblo, para que nos explicaran qué había pasado con nuestros hijos, la respuesta fue que por sus múltiples ocupaciones no tenían tiempo para nosotras. Como ministro de Defensa no quiso hablarnos, mucho menos ahora.

Nunca me imaginé que yo fuera nominada ni que tendría que estar hombro a hombro con él en la nominación. Espero que como Presidente sea consiente y demuestre el deseo de que aquí haya una paz larga y duradera, y con gran justicia social, porque veo que hace énfasis en que el proceso de paz es para beneficiar a los uniformados, para que no paguen una condena larga que se supone que tendrían que haber pagado por tantos crímenes a lo largo y ancho del país.          

¿Cómo se entera que hace parte del grupo postulado por Heikki Holmas, al premio Nobel de Paz?

Estaba en un evento de víctimas y todos comenzaron a decirme: ‘bueno Luz Marina, tenemos el Nobel de la Paz’. En un comienzo pensé que me estaban jugando una broma, como tomándome del pelo, pero ya cuando me empezaron a enviar los enlaces de las noticias a mis correos, entonces confirmé que lo que ellos decían era verdad. Espero que juguemos un papel muy grande por ese proceso de paz que bien merecido se lo tiene Colombia. Lo único que pedimos es que no se sumen más familias a este dolor.     

¿Cuál es la expectativa por la nominación al premio Nobel de Paz?

Primero que todo le agradezco al señor que nos postuló, Heikki Holmas. Para todos los que fuimos elegidos es un momento coyuntural  porque se está trabajando en un proceso de paz que el país necesita hace más de 50 años. Las víctimas hemos aportado una cuota muy alta para que eso se dé.

Sabemos que son muchos los postulados al premio y esperamos que, si llegamos a conseguirlo, se refuerce todo el trabajo que se ha venido haciendo para que el Estado colombiano y sobre todo las cúpulas militares, que son las generadoras de las mayores violaciones a los derechos humanos, se den cuenta que las víctimas aportamos a la paz a pesar del daño causado.

¿Qué le han expresado, sobre esta postulación, los otros representantes de víctimas en La Habana?

En general, están muy contentos de que vayamos a representar a todas las víctimas del conflicto colombiano, que bien merecido lo tenemos. Estamos jugando un papel fundamental para que el Gobierno reconozca que no solo los grupos insurgentes en Colombia han violado los derechos humanos, sino también sus miembros armados, llámese Policía, Ejército, Esmad, Inpec, Fuerza Aérea, Marina, etc… Ellos también han cometido graves violaciones a los derechos humanos a lo largo y ancho del país, como la desaparición forzada, las violaciones sexuales, el genocidio, las masacres, el desplazamiento.

Así como las Farc en su momento van a aceptar que violaron los derechos humanos del ciudadano colombiano, el Estado y todos los actores armados deberán reconocer ampliamente que ellos también lo hicieron y lo siguen haciendo, porque continúan las ejecuciones extrajudiciales, continúan las desapariciones forzadas a los grandes líderes y lideresas de este país. Para nosotros es muy triste que en este momento tan coyuntural e histórico no paren las violaciones a los derechos humanos. 

¿Cuál es el mensaje para todas las organizaciones de víctimas de ejecuciones extrajudiciales?

El mensaje que le doy a todas las familias de ejecuciones extrajudiciales, mal llamados “falsos positivos”, es que en este proceso de paz va a salir a flote la responsabilidad de agentes del Estado, que para presentar sus grandes resultados se llevaron a muchos inocentes; jóvenes que fueron utilizados como carne de cañón para ellos recibir beneficios. Estamos hablando de más de 5.700 ejecuciones extrajudiciales que no deben ser pensadas como un hecho más de la guerra, sino como casos sistemáticos que dañaron a muchas familias.

Les pediría a los familiares que entiendan que los que fuimos elegidos para representar a las víctimas en La Habana no pretendemos quitarles la voz y ni sus reclamos como víctimas. Todo lo ocurrido nos une en un solo dolor, dolor que estamos viviendo de diferentes maneras. 

Recordando a su hijo, ¿qué significa esta nominación?

Me fortalece, es una viga mucho más grande en la que me puedo parar para seguir apoyando a todas las víctimas de mi país. Eso me da la posibilidad de continuar luchando por ellos, porque, mínimamente, yo ya logré una condena de 54 años de cárcel a los militares y que también se reconociera como crimen de lesa humanidad. Pero mi preocupación y mi trabajo es que ocurra lo mismo en todos los casos. 

La postulación al premio Nobel de Paz me da una base para seguir peleando por mi gente, que muchos están viviendo en regiones totalmente olvidadas por el Estado colombiano. Si yo tengo la posibilidad de pararme aquí y hablar por ellos lo hago con mucho amor y de todo corazón porque me interesa que esto no se vuelva a repetir.    

¿Todos los casos de ejecuciones extrajudiciales deberían ser considerados como crímenes de lesa humanidad?

Del 3% de ejecuciones extrajudiciales que llegaron a la justicia ordinaria, el caso de mi hijo es el primero de Colombia en reconocerse como crimen de lesa humanidad. Eso me da el aval y la certeza de que todos los casos en el país deban ser reconocidos como tal. Para mí las ejecuciones extrajudiciales no pueden entrar en estas negociaciones de La Habana, sino que deben ser pensadas como crímenes directos contra la humanidad.

¿Qué sigue para Luz Marina Bernal?       

Sigue una agenda mucho más fuerte de la que tenía, la lucha va ser constante. De pronto muchas familias creen que porque nos postularon al premio, o porque nos invitaron a la mesa de La Habana, nos estamos enriqueciendo. Pero no, simplemente estamos aportando nuestras exigencias a un país en guerra. Muchas víctimas no estarán de acuerdo con el trabajo que hago, pero si somos invitados a muchos eventos no es porque nos postulemos, sino porque creen en nuestro trabajo y que nuestra opinión es fundamental para apoyar a las más de siete millones de víctimas de este país.

Y finalmente, ¿cuál es el mensaje para los colombianos?

La representación que vamos hacer, si ganamos, la haremos de todo corazón. No solamente por nuestros casos, sino por un país entero. Les pediría que le apostemos a la paz. Los invito a todos, no importa que no sean víctimas, pero que aporten para que este proceso se dé, no por nosotros, por las nuevas generaciones, que no merecen seguir viviendo en un país en conflicto. Debemos dejarles un camino despejado para que ellos tengan derecho a vivir dignamente.    

*Periodista del Centro Nacional de Memoria Histórica

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