Foto: Cortesía Franco Nicolau

El acercamiento de Franco Nicolau a la música empezó, como tantas cosas en la vida, por causalidad.

Las canciones y relatos de un amigo de la familia llevaron a Franco con apenas doce años a tocar una guitarra por primera vez. Luego entró a estudiar música sinfónica, pero pronto se cansó y decidió más bien empezar a componer.

Desde hace tres años y medio, Nicolau, autor de canciones como ‘Iridiscente’, se dedica a hacer y producir música. Y hace unos cuantos días, el pasado 12 de noviembre, terminó su gira por ocho países que visitó con un solo objetivo: cantar por la paz de Colombia.

¡Pacifista! habló con él sobre su gira ‘El último día de la guerra’, que, con el apoyo de Centro Nacional de Memoria Histórica, se convirtió en una puesta en escena que no solo incluyó música, sino también fotografías y documentales proyectados durante los conciertos.

¡Pacifista!: ¿Cómo inició la idea de cantar por la paz de Colombia?

Franco Nicolau: El tema por la paz surge más como un compromiso. Queríamos enfocarnos y respaldar, desde nuestra creación y nuestro público, el tema de la resolución del conflicto armado. Cuando el proceso de paz se hizo público, dijimos: ‘Nos vamos a comprometer un año a respaldarlo desde el arte y a dedicarle todos los espacios que tenemos a nuestra disposición para sentar una voz’.

 

¿Por qué llamar a la gira ‘El último día de la guerra’?

Hace un año empezamos un trending topic en muchos sectores de la sociedad, ‘el último día de la guerra’, que tenía que ver justamente con la firma de los acuerdos; entonces, un día hice la canción con el mismo nombre y con la que cerrábamos los conciertos. La canción le cuenta un poco al público cómo queremos que sea el último día de la guerra.

 

¿Cuánto duró la gira?

Los datos claves son: tres meses, ocho países y treinta conciertos.

 

¿Cómo escogieron los países que visitarían?

Eso tuvo mucho que ver con la producción de la gira, no podíamos hacer saltos muy grandes de país en país entonces decidimos hacer la ruta andina y austral. Fuimos a Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Colombia y México.

Países como Perú, Chile y Argentina fueron claves para nuestra gira porque se tenían escenarios y lugares de intervención que tenían que ver con sus respectivas dictaduras. Quisimos visitarlos por su avance social sobre memoria histórica.

 

Un año después del acuerdo, luego de un plebiscito en el que ganó el ‘No’ ¿cómo ve el camino de la paz en Colombia? ¿Es posible?

¿Que cómo la veo? Yo la veo muy jodida en este momento. Sobre todo porque se cruza con el momento histórico de las presidenciales, la paz se va a contaminar bastante de un discurso político de oposición o de aprobación al acuerdo. Este año que viene, la paz va a ser el tema de bandera para los partidos políticos, pero no va a ser un foco de desarrollo, de implementación y acompañamiento para darle evolución a la paz.

Lo importante es que ya sentamos una posición, y que el mismo pueblo colombiano y la gente que está afuera, que es algo que pudimos comprobar en la gira, ya son conscientes de que un amplio sector del país está a favor de terminar un conflicto armado, aunque dentro de eso estén una cantidad de artilugios que hay que solucionar judicial, política y socialmente.

 

¿Cuál es la visión de las personas de otros países frente al proceso de paz?

Por fuera, el proceso de paz se conoce por circunstancias ajenas incluso al mismo proceso. Mucha gente lo conoce, por ejemplo, gracias al Nobel de Juan Manuel Santos. Entonces no hay todavía un entendimiento completo, no hay una difusión suficiente para que la gente entre a investigar sobre eso. Hablo de la mayoría del público que tuvimos.

Algunos lo aceptan sin conocer a fondo sus componentes, porque les parece algo muy bonito. Esa es una de las grandes falencias que ha tenido este proceso, no explicarnos a fondo y detalladamente de qué se trata y cuáles son sus componentes.

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