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Foto Andrei Gómez Suárez

Foto Andrei Gómez Suárez

Por: Andrei Gómez Suárez*

General Mora, no nos conocemos. Sin embargo, desde que iniciaron los diálogos de paz en La Habana he estado siguiendo su participación en la construcción de un país distinto.

Durante el último año de la negociación Gobierno-Farc, con los miembros de Rodeemos el Diálogo, hicimos pedagogía del proceso de paz en 15 departamentos y más de 50 municipios de Colombia. En nuestros espacios siempre resaltamos la importancia de su presencia y la del General Naranjo en el equipo negociador del Gobierno. Recuerdo que en nuestras presentaciones citábamos una frase suya para mostrarle a los participantes su convicción por la salida negociada: “ningún conflicto es eterno.”

A lo largo de nuestra apuesta por apoyar la salida negociada al conflicto armado he tenido la fortuna de conocer a hombres y mujeres de la Fuerza Pública que gracias a su liderazgo han reconocido la necesidad de pasar la página del odio y de la desconfianza por el otro. En mi último artículo, precisamente resaltaba la importancia de la gran transformación que han emprendido las Fuerzas Militares para estar a la altura de una sociedad que apuesta por la resolución pacífica de conflictos.

Su aporte ha sido reconocido por los que antes eran sus adversarios, lo cual constituye en sí mismo un ejemplo de reconciliación para una sociedad dividida por la guerra. En múltiples encuentros con miembros pertenecientes a las Farc he constatado la importancia que ellos otorgan a la presencia de miembros de las Fuerzas Militares en la mesa de negociación y las subcomisiones técnicas. Varias veces he escuchado decir: “esta negociación fue posible gracias a los militares.”

Por todo lo anterior, me tomó por sorpresa ver su nombre en la carta que 28 generales retirados de las Fuerzas Militares le enviaron al presidente Santos. La misiva es desafortunada por varias razones que expondré a continuación, pero entendible viniendo de un sector de militares que desde hace 5 años se han opuesto al proceso de paz. Lo que es injustificado y preocupante es ver su firma al pie de la carta. Entiendo las múltiples presiones que existen, y admiro como durante tanto tiempo fue capaz de sobreponerse a ellas, por eso me atrevo a escribirle. Ojalá que en el espinoso camino de la implementación de los acuerdos su liderazgo sea consecuente con la negociación que lideró.

Permítame entonces señalar cuatro problemas de dicha carta:

Primero, la idea de que “las Zonas Veredales de Transición y Normalización (ZVTN) se pueden transformar en repúblicas independientes”, recupera un dispositivo retórico acuñado durante los años sesenta para estigmatizar a las Farc, lo cual es un grave error. Las ZVTN acordadas en La Habana, como usted bien sabe, son parte de un complejo mecanismo para lograr la reincorporación de los guerrilleros a la vida civil. Su objetivo no es aislarlos de las comunidades, sino permitir la reconstrucción del tejido social, que es vital para la democracia y por ende para recuperar el monopolio legitimo del uso de la fuerza en manos del Estado.

Segundo, la crítica “a la responsabilidad de mando contenida en el artículo 28 de la Corte Penal Internacional y su inclusión en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)” revela el mal precedente que pesa sobre antiguos altos mandos de las Fuerzas Militares. Esto contrasta, con la altura con que, según una reciente entrevista del Alto Comisionado para la Paz Sergio Jaramillo, los nuevos oficiales de las Fuerzas Militares han asumido la seguridad de las ZVTN; paso fundamental para reconstruir la confianza entre comunidades, ex insurgentes y Estado. Mientras los nuevos oficiales están construyendo un mejor futuro, la posición de los firmantes, exgenerales, hace inferir la intensión de ocultar la responsabilidad de algunos antiguos altos mandos en crímenes internacionales ocurridos en el contexto del conflicto armado. General, usted lo sabe bien, el futuro de la institución debe estar por encima de los errores del pasado.

Tercero, la preocupación que expresan porque “las Fuerzas Militares no supervisen estrictamente la participación de excombatientes en la Unidad Nacional de Protección (UNP)” muestra la desconfianza de los exgenerales frente a la voluntad de paz de las Farc. No obstante, la carta confunde a la opinión pública: la responsabilidad de supervisar a los exguerrilleros y todos los miembros de la UNP, que son funcionarios del Estado, es de la Procuraduría General de la Nación, no de las Fuerzas Militares. Lo anterior, tristemente sugiere, que en la carta subyace la intensión política de indignar a los colombianos aprovechando el desconocimiento de una división de funciones naturales dentro de las instituciones del país; construyendo sobre el antecedente infame de desinformación de la campaña del ‘No’, reconocida por el Consejo de Estado y que explico en mi libro El Triunfo del No.

Cuarto, “el señalamiento a miembros del Comité de Selección de los Magistrados de la JEP y los comisionados de la Comisión del Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición como personas opuestas al tradicional pensamiento demócrata institucional” no sólo es irrespetuosa de la trayectoria de personalidades internacionalmente reconocidas por su defensa irrestricta a los derechos humanos, sino que atenta contra la autonomía de las organizaciones escogidas por la mesa de negociaciones en La Habana para darle legitimidad e independencia al proceso de selección de estos altos dignatarios. Es cuestionable que exgenerales ajenos a la negociación cometan este exabrupto, pero permitido en una democracia. Sin embargo, es insólito, por decir lo menos, que usted, quien fue negociador del gobierno, participó en la renegociación y respaldó el nuevo acuerdo, haya firmado esa carta.

General, usted y yo tenemos una gran responsabilidad con el país. Usted ha liderado este esfuerzo de poner fin a la división entre hermanos, que venimos heredando desde la Patria Boba. Yo he tratado de explicarle a miles de colombianos ajenos a la negociación la importancia de poner fin al conflicto armado, a pesar de las dificultades que enfrentaremos en la transición. Lo invito a seguir trabajando del mismo lado y a servir de ejemplo para que los antiguos y nuevos altos mandos de las Fuerzas Militares sean protagonistas en la construcción de una patria en paz.

*Profesor y Consultor en Justicia Transicional y miembro de Rodeemos el Diálogo @AndGomezSuarez

*Esta columna de opinión representa la voz del autor y no compromete la posición editorial de ¡Pacifista!

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