Por: Natalia Otero Herrera
Ilustración: Liév

 

Un glosario sencillo para comenzarnos a familiarizar con el lenguaje de la paz. En esta entrega un concepto que toca el tema de la tierra y seis décadas de lucha por ella: Zonas de Reserva Campesina.

 

Ilustración por Liév

 

“El campo es lo más lindo, ¿sabe? Cuando uno nace sentado en una yuca o en un plátano, entiende que el campo es lo más agradable. Aquí, en este momento, estoy sentado al pie de unos potreros, mirando las nubes que están corriendo bajiticas, los árboles, el caño lindo y limpiecito, usted sabe…en el pulmón del ambiente…tranquilo.

He venido de Yondó, Antioquia, de una parte llamada El Don Juan. Ahí nací y me crié con mis padres. Ahí pesqué y cultivé yuca, plátano y arroz. Pero usted sabe cómo es la competencia y todo eso dejó de dar. A finales de los 80 fue eso. Entonces, arranqué para Remedios. Y el trabajo llegó: que en las minas, que en la agricultura… sacábamos yuca, maíz, arroz, madera, y oro… mucho oro. Y de ahí se vino el conflicto. Al lado, en Puerto Berrío, lo que había eran minas y ese era el centro de acopio del Bloque Central Bolívar, de las AUC, comandando por alias ‘Macaco’. Por ahí en el 95 entraron a Remedios, al caserío pequeño de nosotros que se llamaba Puerto Nuevo y quemaron todo. No quedaron sino una, dos o tres casitas, no más.

Ya del miedo, del temor, me abrí. Me bajé buscando la vía a Bolívar. Hice otro rancho y nuevamente empecé a sembrar maicitos y a pescar. Pero nada de eso dio. Vea, de aquí no hay salida, las vías son muy malas. Aquí no tenemos luz, no tenemos nada. Aquí son puros cultivos ilícitos porque no hay más para hacer.

Quedamos en mitad del conflicto: el oro y la coca. Los paracos entraban a la zona y se enfrentaban con la guerrilla, y en seguida el Estado empezaba a meter helicópteros. Nosotros no teníamos nada que ver y quedábamos ahí metidos. Queríamos sacar a las mineras multinacionales, como la sudafricana Anglogold Ashanti y la canadiense Ura Goldcorp, por decirle algo porque no me sé el nombre de todas. Pero el campesino ya no quería –o no quiere pues–, que se sigan metiendo retroexcavadoras a la zona.

En el gobierno Pastrana, en el 98, los líderes de las juntas de acción comunal del sur de Bolívar, con Remedios, Yondó y la zona del Valle del Río Cimitarra, nos unimos para presentar un Plan de Desarrollo Regional en el que pedíamos que se reconocieran nuestros derechos sobre nuestras tierras. Pedíamos construir una Zona de Reserva Campesina para tener control autónomo de nuestros territorios. Y esos diálogos se fueron a pique. Entonces, eso ya usted sabe que desde que no haiga diálogos, desde que no haiga paz, no hay tampoco soluciones.

Ya en 2002, cuando llegó Uribe, se destruyó todo lo que habíamos consolidado y ser líder de esas juntas de acción comunal significó tener la pistola en la cabeza. Miembros de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (ACVC) fueron encarcelados y a muchos compañeros los mataron. Eso fue muy duro, solo por hablar de las zonas de reserva. A mí me tocó correr, esconderme, pasar meses sin salir al pueblo porque el miedo era terrible. Eran carreras: si alguno del pueblo se subía al monte se le tildaba de paramilitar; si uno del monte se bajaba al pueblo, entonces era guerrillero. Y cruzar de territorio era llegar y enseguida morir.

Y, cuando denunciábamos a los tenientes, capitanes o sargentos al mando: ‘Mire que anoche mataron a dos o tres campesinos que eran líderes de juntas’, esos iban al paraco y: ‘Vea, ese fue el que sapeó’, y al otro día, el que ponía la denuncia tenía que escapar o moría. Prácticamente el mayor enemigo del campesino era el Estado, porque protegía a esas fuerzas y era el culpable de todas estas masacres.

Cuando empezaron los diálogos de paz conformamos la Mesa Comunal por la Vida Digna y volvimos a arrancar a hablar con el Estado de Zonas de Reserva Campesina. Después de 15 años bregando, hasta ahora no hemos visto ninguna clase de ayuda. Nosotros nos llamamos Zona de Reserva Campesina, pero hasta que no se legalice a la guerrilla o se saque de aquí, no nos sirve porque en medio de conflicto no podemos trabajar.

Necesitamos que haiga un cese bilateral al fuego entre las fuerzas armadas y todos los grupos al margen de la ley. Y el Estado también tiene que darnos autonomía en nuestras tierras, porque nosotros podemos conocer mucho pero llegan y fumigan o erradican y nos dañan todo; o llega una multinacional con la semilla transgénica y no, nosotros queremos tener nuestras semillas que son nativas de la tierra. No queremos más que venga otro a decirnos: ‘Siémbrese esto, con esto’, ‘Sálgase o lo mato’. El futuro, nuestro futuro, está en el cambio: en una reforma agraria. Necesitamos que lleguen aquí y digan: ‘Bueno, aquí vamos a montar ganadería, aquí cacaoteras’, acabando con la coca de esa forma, a partir de intercambio de cultivos ilícitos por otros lícitos. Una reforma agraria que nos garantice una vivienda digna en nuestro territorio, con vías de acceso, salud, autonomía y tranquilidad.

El campo es lo más lindo. ¿Sabe?, cuando uno nace sentado en una yuca o en un plátano es lo más agradable.

Yo, a pesar de la guerra, me quedo en el campo porque es mejor afrontar diez culebras aquí que una en la ciudad. Aquí se siente la felicidad”.

*Jose Arnulfo Triana, líder de la ZRC del sur de Bolívar. Miembro de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra (ACVC).

Zonas de Reserva Campesina: la Ley 160 de 1994 define que son las áreas geográficas, seleccionadas por la Junta Directiva del INCORA, que tienen características agroecológicas y socioeconómicas regionales específicas para que sean consideradas reservas. Esto implica que en ellas, el Estado debe tener en cuenta las reglas y criterios sobre el ordenamiento ambiental territorial propias, la efectividad de los derechos sociales, económicos y culturales de los campesinos, su participación en las instancias de planificación y decisión regionales y las características de las modalidades de producción.

El Decreto 1777, de 1996, que se establece después de las movilizaciones campesinas que reclamaban el cumplimiento de la ley, puntualiza el objeto de estas zonas, definiendo que se proponen fomentar y estabilizar la economía campesina (permitiendo que sean autónomas en el trabajo de la tierra), superar las causas de los conflictos sociales que las afecten y, en general, crear las condiciones para el logro de la paz y la justicia social en las áreas respectivas.

Las cifras:

  • Hoy existen en Colombia seis ZRC constituidas: en Calamar (Guaviare), Cabrera (Cundinamarca), El Pato (límites entre Caquetá y Huila), el sur de Bolívar, el valle del río Cimitarra (entre Antioquia y Bolívar), Alto Cuembí, o Perla Amazónica y Comandante (en el bajo Putumayo).
  • 831.111 hectáreas corresponden a esas seis zonas de reserva activas.
  • Siete trámites se encuentran en etapa avanzada: Losada Perdido, municipios de Macarena y Uribe en Meta; San Vicente del Caguán, en Caquetá; Sumapaz en Cundinamarca; municipios de Chimichagua, Curumaní, Pailitas y Chiriguaná en Cesar; Montes de María en el sur de Bolívar; Catatumbo y Ariari Güejar en Meta.
  • Actualmente existen en el país 50 procesos de lucha por reservas campesinas, aglutinados en ANZORC. Pero muchos de ellos están en etapa preliminar de conformación o a la espera de su declaratoria por parte de las autoridades.

 

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