Luis Ernesto Gómez, viceministro del Interior y autor del libro ‘Googlecracia. Gobierno, campañas y ciudadanos digitales’. Foto: Cortesía del autor

El libro Googlecracia. Gobierno, campañas y ciudadanos digitales será lanzado el próximo jueves 23 de noviembre a las 9:30 de la mañana en el Auditorio Benjamín Herrera de la Universidad Libre (sede Candelaria). Su autor, Luis Ernesto Gómez, que hoy se desempeña como viceministro del Interior, entrevistó a 65 personas y tardó ocho meses en para escribir las 150 páginas que lo componen.

Según Gómez, el libro es una herramienta para entender al activismo del siglo XXI y su estrecho vínculo con la tecnología. También permite comprender cómo la nueva generación de colombianos, los denominados ‘millennials’, conciben la defensa pública de causas: ya no desde el punto de vista tradicional, sino más bien como la transformación impulsada por los nuevos medios tecnológicos y la información disponible en internet.

A continuación, ¡Pacifista! publica la introducción del libro.

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Por Luis Ernesto Gómez

En los días previos al plebiscito estuve haciendo campaña a favor de la refrendación de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc, y tenía a mi alrededor personas que pensaban como yo, pero también amigos del ‘No’. Aunque ellos no lo decían abiertamente, por el temor a ser matoneados, pues era mal visto votar ‘No a la paz’. Para esa época, las encuestas registraban que el ‘Sí’ ganaría hasta con diez puntos de ventaja. La encuesta más pesimista daba una ventaja de cinco puntos al ‘Sí’. Para mí, el triunfo no estaba tan claro y pensaba que si ganábamos sería con una ventaja mínima.

Siendo inquieto y amigo de la tecnología, entré a Google Trends un día antes de la votación. A quienes por primera vez escuchan este término, les cuento que es una herramienta gratuita de Google que permite conocer las tendencias en materia de lo que los ciudadanos buscan en la internet. Sin filtros de ninguna clase, pues al contrario de lo que pasa con las encuestas donde hay una gran posibilidad de mentir para ‘quedar bien’, a Google las personas le cuentan sus intereses sin tapujos. Si alguien está buscando una película triple X, se lo dice directamente. No hay espacio para sentirse censurado. Aquí nadie juzga.

Me di cuenta de que los resultados no eran positivos para quienes estábamos trabajando para que la refrendación popular se diera. Ustedes mismos pueden hacer el ejercicio ahora mismo, solo tienen que entrar a Google Trends, escribir los términos que quieren analizar, el período de tiempo y el territorio. Se puede medir una tendencia a nivel mundial, segmentarla en Colombia, y también por departamentos.

Como pueden ver en los pantallazos que les comparto, no se necesitaba una empresa encuestadora para conocer esos resultados y anticipar lo que pasaría con el plebiscito. Con una herramienta completamente gratuita y accesible a cualquier persona, Google ofrecía no una encuesta sino un estudio de amplia cobertura, en tiempo real, sobre lo que estaba pasando: ganaría el ‘No’ en el plebiscito. Y una vez más la tecnología nos estaba advirtiendo que, además de cambiarnos la vida, nos conoce tanto que sabe lo que pensamos y puede anticipar resultados electorales, y además puede ser gratis.

Pero no escribí este libro para hablar sobre las frustraciones con la campaña por el ‘Sí’. Te cuento esto porque desde que nació la idea de Googlecracia me movió el deseo de advertir al mundo el momento histórico que estamos viviendo: una gran tormenta de cambios en la manera de comunicarnos, de participar, de expresar lo que sentimos, lo que nos gusta y lo que no. Los ciudadanos estamos acudiendo a otros canales para hacer activismo y cada vez más nos alejamos de la política tradicional para acercamos con entusiasmo a la defensa de causas puntuales.

Todo esto con un común denominador: el aterrizaje de la tecnología en el activismo político y en lo público, y con ello la transición que la sociedad está haciendo sin pedirle permiso a nadie, hacia un modelo de democracia directa, donde los ciudadanos tienen una participación más activa y determinante en las decisiones de sus gobernantes, a través de su teléfono celular. Eso es lo que llamo una Googlecracia y quiero documentarlo ahora, mientras está pasando, para entender la dimensión del fenómeno y afrontarlo de mejor manera.

Los ciudadanos acudimos a otros canales para hacer activismo y cada vez más nos alejamos de la política tradicional para acercamos a la defensa de causas

Hay varios hechos que están pasando y que me llevaron a escribir este libro, para entender si tienen relación o son aislados. La gente está cada vez más desconectada de la clase política en Colombia y en el mundo; hay más ciudadanos activos en Facebook que en las urnas; contamos con 28,4 millones de conexiones de banda ancha y trece millones de conexiones móviles a internet en Colombia, cifra que crece cada día. Las empresas más grandes del mundo son de tecnología y diariamente se registran más de tres mil millones de búsquedas en Google. Eso se convierte en el mejor indicador para conocer lo que está pasando por la mente de los ciudadanos.

El presidente de Francia apenas tiene treinta y nueve años y no pertenece a los partidos tradicionales, pero además se quedó con la mayoría del Parlamento; el Brexit se dio porque los jóvenes no votaron en el 2016 y cuando se dieron cuenta de su ‘metida de pata’ salieron a votar en masa en las parlamentarias del 2017, y se hicieron sentir. En Colombia los ciudadanos impulsaron una consulta popular anticorrupción en redes sociales y reunieron más de cuatro millones de firmas.


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Entre tanto, en el mundo están surgiendo cada vez más movimientos de base tecnológica, que empoderan a los ciudadanos y les permiten participar de manera activa en sus decisiones. Desde la definición de los estatutos hasta las posiciones que deben adoptar sus representantes en el Legislativo y en el Gobierno. Al tiempo que surgen iniciativas de ciudadanos del común, que tienen gran acogida en las redes sociales, en contra de gobiernos corruptos; y registran un poder de convocatoria increíble que los ha llevado, incluso, a tumbar presidentes. Cuando hice la investigación para este libro descubrí que no son hechos aislados, y que todo lo que mencioné antes está relacionado con el arribo de la tecnología a la política y a la democracia.

No quiero llegar a conclusiones determinantes. No lo podría hacer porque estoy tratando de documentar algo que está pasando ahora, mientras lees este libro. Por mis estudios de historia en Alemania, sé que resulta más ortodoxo pararse con un espejo retrovisor, unir los puntos hacia atrás y encontrar explicaciones a los fenómenos que ocurrieron hace años. Pero no voy a esperar a que ‘la tecnología nos atropelle’. Con este libro busco despertar conciencia del gran reto al que nos estamos enfrentando hoy: un nuevo panorama, en el que solo sobrevivirán quienes estén dispuestos a transformarse y a empoderar a los ciudadanos en el ejercicio de la política por medio de la tecnología. Eso implica actuar de manera transparente y someterse a la vigilancia y control de los electores. La democracia representativa, donde salimos a votar cada cuatro años, es una ‘herramienta’ del siglo XIX, para una sociedad con las ambiciones y posibilidades tecnológicas del siglo XXI.

Hoy solo sobrevivirán quienes estén dispuestos a transformarse y empoderar a los ciudadanos en el ejercicio de la política por medio de la tecnología

Sé que muchos se resistirán a creer lo que planteo. Dirán que estamos ‘en Cundinamarca y no en Dinamarca’ y que la penetración de internet en nuestro país no alcanza para que migremos hacia la democracia digital. Es propio de los procesos de transformación. Sin embargo, la historia ha demostrado que cuando uno se niega al cambio termina siendo un ‘caído en combate’. En la medida en que los colombianos superemos las necesidades básicas insatisfechas, como lo estamos haciendo, empiecen a surgir nuevas inquietudes en las clases medias y altas, tengamos personas más educadas, conectadas a internet y alfabetizadas digitalmente, más nos acercaremos a la Googlecracia y más se le cerrarán las puertas a la política análoga tradicional.

Este libro está pensado para quienes, al igual que yo, sienten que las cosas con la política no van bien y que la confianza de los ciudadanos en el sistema de participación es insuficiente para tener una democracia que sirva. También, para quienes sienten que la tecnología les cambió la vida para bien. Para quienes reservan un servicio de transporte a través de internet, o una habitación de hotel, hacen transferencias bancarias por su teléfono y hasta pactan un encuentro furtivo por medio de una aplicación. Para quienes ven la tecnología como algo que mejora su vida y no le tienen miedo a los cambios.

Está pensado para los estudiantes de ciencias sociales y económicas, derecho y comunicación social; o mercadeo político, de gobierno y políticas públicas. Para quienes creen que a través de la tecnología se puede mejorar la experiencia ciudadana con la institucionalidad. Pero sobre todo para quienes estén interesados en la transformación social; esos ciudadanos que quieren salvar el mundo. Está claro que los ‘políticos profesionales y tradicionales’ son quienes menos saben de lo que aquí planteo. Por el contrario, los activistas de a pie lo hacen mejor. Y si no, ¿por qué crees que el youtuber colombiano con más seguidores tiene más audiencia que el presidente de la República? Mientras Juan Manuel Santos registra cinco millones de seguidores en Twitter, a Sebastián Villalobos lo siguen 5,5 millones de personas en su canal de YouTube y sus publicaciones tienen entre cinco y veinte veces más alcance que las del presidente.

Con este libro espero que tengas la sensación de viajar en una máquina del tiempo y que puedas ver, a través de las experiencias internacionales en democracia digital, lo que pasará en Colombia. También espero que sientas que no todo está perdido y que el futuro es promisorio, aunque estemos pasando por un momento en el que reina la desconfianza. Que veas con optimismo esa nueva generación de ciudadanos más educada y empoderada digitalmente, que está cambiando las relaciones entre gobernantes y gobernados. Pero lo más importante, que defiende causas tan nobles como el medioambiente, la protección de la vida, la educación y la inclusión, para que vivamos en un mundo mejor. Todo esto, gracias al arribo de la tecnología a la política y la democracia.

¡Bienvenido a la era de la Googlecracia!

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