Jeffer Toscano, guía certificado del Bogotá Graffiti Tour, Carlos Vargas guía certificado del Bogotá Graffiti Tour y Yuly Vargas, la guía oficial de la misma empresa. Foto: Lucía Romero

Los certificados por el Círculo de Guías acusan ilegalidad en los informales. Los informales, por su parte, argumentan que para ofrecer toures a extranjeros es necesario conocer de idiomas. 

“¡Los van a deportar por estar haciendo un tour ilegal!”, les gritaba un hombre desesperado a los asistentes –la gran mayoría extranjeros– al Bogotá Graffiti Tour, un recorrido por los murales más emblemáticos de La Candelaria. Mientras tanto, Carlos Vargas, el guía que orientaba al grupo, no entendía muy bien lo que estaba pasando e intentaba mantener la calma de los turistas actuando con normalidad. Minutos después, se dio cuenta de que quien vociferaba era un miembro del Consejo Profesional de Guías de Turismo y que esa era la última manifestación de una ‘pelea’ que se había agravado en los últimos meses. 

Carlos Vargas conoce el recorrido del graffiti como la palma de su mano. Sin embargo, a pesar de que ejerce de guía desde hace tres años, no ha hecho el curso tecnólogo de ‘guía turístico’ con el Sena, lo que lo certificaría oficialmente para hacer su trabajo. Así pues, Carlos podría ser considerado un ‘guía pirata’.

Las empresas que hacen toures en La Candelaria han manifestado su incomodidad frente a esta exigencia, que en el último año empezó a ser más visible por cuenta de la disputa. Incluso, han llegado a sugerir que hacer su trabajo se ha vuelto un asunto peligroso por la tensión que existe con el Círculo. En el caso particular del Graffiti Tour –fundada hace siete años por australiano Christian Peterson– la compañía tiene como guías a antropólogos, politólogos y diseñadores que se han preparado para llevar el recorrido y que cuentan entre sus saberes con uno fundamental para atender a los turistas: hablan inglés u otros idiomas. No obstante, ante las exigencias legales las empresas ha optado por llevar a un guía certificado por el Sena en las salidas, así su trabajo sea solo acompañar en silencio y mostrar la tarjeta profesional en caso de algún control de la policía.  

En varias ocasiones, los gerentes del tour del graffiti han hablado con la policía de turismo de La Candelaria para que eventos incómodos como el que enfrentó Carlos Vargas hace unos seis meses, no se repitan. Sin embargo, las quejas empeoraron la situación, pues el Círculo Nacional de Guías los acusó de corrupción al establecer contactos con la alcaldía local. De hecho, a Vargas le abrieron una investigación por hacer “turismo sin tener tarjeta profesional. La multa mínima es de cuatro salarios mínimos”, le contó el implicado a ¡Pacifista!.

Bienvenidos al ‘boom’

En 2017, apenas un año después de la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno y las Farc, el Ministerio de Comercio y Turismo anunció un boom turístico nunca antes visto. Más de 6 millones de personas visitaron Colombia y con su paso, dejaron más de 4.000 millones de dólares.

Por esto, empresarios –tanto extranjeros, como nacionales– han aprovechado este incremento en el turismo para montar sus empresas de tours, especialmente por la zona de La Candelaria. Actualmente, la cantidad de ofertas que hay en la capital varían desde los tours de la historia de Bogotá, hasta tours con recorrido de cerveza, tejo y chicha. Basta con llegar a la recepción de cualquier hostal en la zona para ver la cantidad de actividades que se ofrecen en la capital y sus alrededores. El modelo de estos tours es llamado “free tour”, esto significa que el tour es gratuito y los asistentes aportan al final lo que consideren que vale. Este modelo de negocio se utiliza en Europa principalmente.

El problema es que según la Ley 300 de 1996 –una ley con más de 20 años de antigüedad–, se requiere una tarjeta profesional para ser guía de turismo y la única entidad que se encarga de dar el curso para emitir esta tarjeta es el Sena. Para lograrlo, los aspirantes deben cursar dos años de estudios para convertirse en tecnólogos. Existe otra opción, estipulada la Ley 1558 de 2012, que consiste en homologar la carrera profesional a través de un curso de seis meses que otorgue los conocimientos específicos para ser guía (A esta alternativa ya estás acudiendo algunos guías ‘informales’).  

Entonces, en esta controversia aparecen dos grandes obstáculos. El primero es que la gran mayoría de guías que salen del Sena, no hablan otro idioma aparte del español, lo cual cierra el espectro para los turistas y de igual manera, para ellos. En Bogotá hay apenas 43 guías turísticos oficiales que hablan inglés. El segundo obstáculo es que el Sena solo expide ciertas licencias anuales. Para el 2017, expidieron apenas 60 licencias, para un programa en el que se presentan alrededor de 600 personas.

“Si hoy retiraran a todos los guías que no tienen la certificación oficial, el turismo de este país, y en especial de la capital, se caería. Hay realmente muy pocos guías oficiales”, opina Jeffer Toscano, guía de Graffiti Tour.

Según Ricardo Suárez, de la empresa Beyond Colombia (otra de las que ofrece toures en La Candelaria), el hecho de que haya esta dificultad legal hace que se pierda “la oportunidad de tener gente que hable varios idiomas y que además haya viajado por el mundo”. Hace cuatro años, cuenta Suárez, “no existía turismo en Bogotá, ni propuestas de valor o novedosas. Al ver que empresas pequeñas estaban proponiendo algo interesante a los turistas, el Círculo Nacional de Guías decidió investigar y se dieron cuenta de que los guías no tenían tarjeta profesional. Entonces decidieron atacarnos”.

Suárez además opina que el Sena como entidad “está atrasada y anticuada en innovación, lo cual no deja que el turismo tenga verdaderamente propuestas de calidad. La realidad es que no lograron evolucionar y son siempre los mismos dinosaurios haciendo tours, cuando los perfiles que llegan al país actualmente son jóvenes especialmente estadounidenses y europeos”.

¿Y los guías certificados qué dicen?

En la otra orilla, los guías certificados también alzan su voz y explican que estudiaron dos años para poder obtener el título que los avala. Por ejemplo, Galdys Solano ingresó a una convocatoria con más de 500 personas, en donde solo 86 fueron electas para hacer el tecnólogo en el Sena. Ella pasó y lo aprobó. Aunque sabe que al turismo en Colombia “le hace falta infraestructura”, ella ama “lo que hace y me ha abierto muchas oportunidades”. Cuando le preguntamos sobre el punto de discordia que establece el conocimiento de idiomas, ella respondió: “he intentado hacer un curso para aprender inglés, pero son muy costosos y tengo gastos por pagar. Eso me limita mucho”.


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Igualmente, Nelson Pachón decidió ser guía hace 12 años y se certificó cuando el Sena abrió la posibilidad de tener un técnico. Para él, las academias de inglés “son un estafadero, no tengo dinero y soy muy corchado para aprender inglés, me cuesta mucho trabajo”. A pesar de que entiende que la demanda de la cantidad de extranjeros que llegan a Colombia debe suplirse, dice que hay “pocas oportunidades para los guías certificados, además las empresas de turismo pagan realmente poco”. Nelson no está de acuerdo con los llamados ‘guías piratas’, ya que “no se les ponen sanciones, no tienen tarjetas profesionales y tampoco las pólizas necesarias para hacer turismo”. En este punto parece casi inevitable pensar que la situación de los guías en La Candelaria se parece en buena medida a la disputa que en los últimos años han sostenido Uber y los taxistas en Colombia.

Así pues, llegamos hasta el presidente del Círculo Nacional de Guías, Carlos Bernardo Gómez. Todos los guías certificados del país hacen parte de este gremio, pues esta es la entidad que expide las licencias oficiales. Según él, desde la entrada en vigencia de la Ley 300, se han expedido 2.500 licencias en el país.

“El bilingüismo es solo una herramienta, la sabiduría del guía viene de otra parte”, asegura el presidente del gremio. “¿Cuántos guías hablan inglés?”, le preguntamos, “hay muchos que hablan inglés, cada quien mira lo que quiera ver”, respondió. Sin embargo, según el Ministerio de Turismo y Comercio, apenas el 8 % de los guías habla inglés en el país y en Bogotá esta cifra no supera el 2 %. Para Gómez, “el Registro Nacional del Ministerio es una base de datos para nada confiable”.

Cuando le preguntamos por qué el Sena era la única entidad que daba los cursos, Gómez explicó que “no hay otras entidades interesadas. Es un tema netamente económico porque esta carrera no da mucho dinero, así que comercialmente no les interesa”. 

A Gómez le preguntamos si estaba al tanto del modelo de los free tours: “Porque no estén cobrando no significa que no estén delinquiendo” y añadió: “No respetan la ley colombiana y lo peor, sus representantes legales son extranjeros”. Gómez cree que los extranjeros “no cumplen normas porque vienen de otros países”. Además, explica que este tipo de modelo de negocio “no paga impuestos y no le aporta nada al país” y resume su inconformidad con otra frase: “no es justo que mientras hay muchachitos del Sena luchando por sacar su carrera, llegue a quitarle trabajo un niño bonito de una universidad”.

¿Y el Sena?

Desde ¡Pacifista! contactamos al Sena para conocer su posición frente a este debate, pero sus respuestas a nuestras preguntas fueron muy discretas.

El Sena explicó que la única manera de hacer que más personas entrarán a hacer el tecnólogo es “generando procesos de divulgación para que se conozca la oferta del Sena”. También, nos hicieron saber que la entidad ha hecho esfuerzos para que los cursos de guianza se puedan hacer a distancia (virtuales) o presenciales. Actualmente, hay 3.147 personas activas en el programa”.

Le preguntamos a la institución si tenía contemplado algún plan para dirimir las disputas con los free tours.  Ellos se abstuvieron de dar sugerencias y nos remitieron a la Ley 1558 de 2012, que explica que es necesario hacer un curso técnico para recibir la tarjeta profesional o hacer la homologación de carrera profesional con el Ministerio de Turismo y Comercio.

Así que por ahora la disputa sigue abierta entre las partes: unos argumentan su derecho a prestar un servicio y otros a hacer lo mismo, cumpliendo con los trámites legales pero limitados en su oferta para extranjeros.

Sin una política que desde el gobierno no promueva una articulación entre los guías y una formación para ellos acorde con el auge del turismo, correremos el riesgo de que esta actividad se convierta en una cara más de las brechas sociales y educativas que existen en el país. Sin dicha política, es probable que en La Candelaria cada uno siga defendiendo lo que considera suyo.

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