Bastian Obermayer, periodista del diario alemán Süddeutsche Zeitung que recibió los Panama Papers.

Bastian Obermayer, periodista del diario alemán Süddeutsche Zeitung que recibió los Panama Papers. Foto: Cortesía Bastian Obermayer | SZ-Jakob Michael Berr

Algunos podrían creer que Bastian Obermayer es un hombre con suerte. En 2014, este periodista del diario alemán Süddeutsche Zeitung recibió un correo electrónico encriptado de una fuente anónima. Ahí, junto a su colega Frederik Obermaier, encontró un tesoro para cualquier periodista: miles de documentos internos del bufé de abogados panameño Mossack Fonseca.

Se trataba de más de 11 millones de archivos que ponían en evidencia cómo políticos, abogados y empresarios del mundo entero evadían impuestos a través de empresas fachada ubicadas en Panamá y otros lugares del mundo. De inmediato, Obermayer tomó una decisión clave para procesar la información: avisó al Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos (ICIJ) y logró así trabajar en secreto junto a 400 periodistas de todo el mundo. El resultado fue una de las denuncias más contundentes de las últimas décadas sobre fraude fiscal a nivel global: los hoy famosos Panama Papers, publicados a partir de abril de 2016.

La labor fue titánica. El equipo de repoteros tuvo que tomar medidas de seguridad extremas para proteger la información de filtración y para evitar que se conociera lo que hacían con el fin de que los responsables pudieran ocultarse. Debieron adecuar una oficina entera del periódico donde trabajan, además de asegurar los computadores con cadenas, guardar en cajas fuertes las memorias USB donde reposaban los documentos e, incluso, destruir algunos dispositivos electrónicos. El resultado fue una serie de artículos publicados en medios en docenas de países alrededor del mundo, que llevaron a la renuncia de figuras políticas, a la revelación de secretos incómodos de estrellas internacionales y al final de Mossack Fonseca.

El pasado lunes 10 de abril, Obermayer y sus colegas se enteraron de una gran noticia: habían ganado el Premio Pulitzer a mejor investigación colectiva. El Pulitzer es quizás el reconocimiento más importante del mundo del periodismo. Tras el anuncio, ¡Pacifista! habló con él sobre la investigación que encabezó, las presiones a las que se enfrentó y sus visiones sobre el periodismo en América Latina.

¿Por qué decidió una fuente anónima entregarte justamente a ti la información?

Llevábamos algún tiempo haciendo investgaciones sobre evasión fiscal. Además, ya habíamos publicado algunas cosas sobre Mossack Fonseca. Yo creo que pudo haber sido por esos antecedentes.

¿Cómo supieron que podían confiar en el informante?

No lo supimos al principio. Nosotros desconfiamos porque el material parecía muy bueno para ser cierto, pero luego empezamos la fase de verificación. Hablamos con empresas y otras fuentes. Algunas no querían hablar con nosotros, otras sí y pudieron corroborarnos una parte de lo que ya teníamos. Por eso empezamos a creer en la fuente. Después de eso, comenzamos a buscar indicios en nuestras propias bases de datos y a confirmar con otros colegas en países de América del Sur.

“Si me mataban a mí, tendrían que hacerlo con otros cientos periodistas”

Habrías podido llevarte tú mismo todo el crédito por la investigación, pero decidiste compartirla con cientos de periodistas. ¿Por qué?

Porque queríamos ganar el Pulitzer… (Risas) Bueno, cuando empezamos a revisar todos los documentos, nos dimos cuenta de que la historia iba más allá de Alemania, que no era algo que pudiéramos trabajar solos. Por otro lado, lo hicimos por seguridad: si me mataban a mí, tendrían que hacerlo también con otros cientos de periodistas.

La tecnología jugó un papel muy importante dentro de la investigación. ¿Qué crees que hubiera pasado si la información les hubiera llegado en otra época?

Simplemente no hubiéramos podido hacer nada de lo que hicimos. Los tiempos actuales son grandiosos para hacer periodismo debido a las herramientas que tenemos para protegernos y para proteger a nuestras fuentes. Nosotros tuvimos que encriptar todas las comunicaciones, todo tenía que ir cifrado. En otros tiempos hubiese sido más sencillo que se filtrara la información.

Bastian Obermayer y Frederik Obermaier presentan el libro ‘Los Papeles de Panamá’, donde explican, entre otras cosas, el proceso investigativo. Foto: Archivo Bastian Obermayer

¿Sentiste miedo en algún momento?

Mentiría si te dijera que no tuvimos miedo, pero en el periódico nos cuidamos mucho de que los artículos no salieran con nuestras firmas. Si alguien quisiera castigar nuestra investigación o nuestras acciones, lo haría con el medio, no con el periodista responsable. Aunque sí tuvimos temor por nuestra fuente. Por eso tomamos todas las medidas de seguridad de las que ya hablé. Esas precauciones vinieron después de ver lo que le sucedía a Edward Snowden (el consultor de la NSA que en 2013 filtró información confidencial sobre espionaje masivo a nivel global). Ahora que lo pienso, suena un poco paranoico (Risas), pero destruí por completo mi celular y mi computador. Como periodista, tú tienes el deber de garantizarles la seguridad a quienes te han dado información.

¿Recibiste presiones de algún tipo?

No recibimos amenazas, pero sí nos llegaron a demandar. Nosotros comparecimos ante la justicia, pero el mismo tribunal avaló la evidencia que teníamos, entonces no pasó a mayores.

En países latinoamericanos como México y Colombia, ejercer periodismo es difícil y representa un peligro para muchos profesionales. ¿Cómo superar los riesgos?

Ese es el poder del periodismo colaborativo. Por ejemplo, si tú tienes una historia y sientes temor a la hora de publicarla, puedes hacérmela llegar a mí y yo trataré de ayudar para que sea publicada. Entre todos tenemos que colaborar para que nuestras labores pasen fronteras, sin que seamos víctimas de ataques o amenazas. Eso es muy importante.

Los Panama Papers han dejado claro que se puede hacer periodismo colaborativo a gran escala. ¿Cómo lograron articular a 400 reporteros?

Esta forma de hacer periodismo es muy linda, pero dispendiosa. Tienes que lidiar con mucha gente, algunos son buenas personas que te inspiran confianza, y otras no. Pero lo bonito es, como te decía, que podamos salir de las simples noticias regionales y hacerlas mundiales. No todos los días saldrán historias como esas, pero es un ejercicio interesante en el que uno puede fracasar o tener éxito.

La serie de publicaciones arrancó en abril de 2016. Foto: Archivo Particular

En Colombia y otras partes del mundo, los implicados en la evasión fiscal no vivieron mayores consecuencias. ¿Esto cómo te hizo sentir?

A veces hacer periodismo es frustrante, pero a veces también resulta gratificante. En países como el tuyo no sucedió nada, pero en Islandia, por ejemplo, la gente se tomó las calles y se movilizó para que los involucrados respondieran ante la justicia. También algunos de los responsables de Mossack Fonseca están en la cárcel. En Rusia, en cambio, a la gente no le importó. El mismo Vladímir Putin dijo que no era su prioridad. Aunque tampoco debemos echarnos culpas. Los periodistas no somos activistas, nosotros nos encargamos de retratar la realidad lo mejor que podamos, pero no podemos hacernos responsables si la sociedad decide o no involucrarse.

“Lo que algunos no tienen en cuenta es que ellos, las personas de a pie, son las mayores víctimas”

 ¿Cómo explicas que en algunos países la gente sí se haya movilizado y en otros no?

En algunas partes del mundo es probable que mucha gente no se involucre debido a que tienen otros problemas inmediatos. Si no puedes comer hoy, si no puedes mandar a tus hijos al colegio o si estás enfermo y no puedes acceder al sistema de salud, pues esa es tu prioridad. Lo que algunos no tienen en cuenta es que ellos, las personas de a pie, son las mayores víctimas porque con el dinero que los ricos esconden sus problemáticas podrían solucionarse.

El pasado 3 de abril, la canciller de Panamá, Isabel Saint Malo, aseguró que ese país ya estaba “al día” en su lucha contra la evasión fiscal. ¿Le crees?

No creo que Panamá ya esté libre de lo que pasó. Lo que creo es que el gobierno tiene que decir eso para mejorar su imagen. Acabar con la evasión fiscal no es una tarea fácil. Sí, algunos funcionarios de Mossack Fonseca están en la cárcel. Pero ese es solo el primer paso.

“Sé que probablemente nunca me encuentre con otra historia así, pero eso no me preocupa, yo quiero seguir ejerciendo”

Más allá del reconocimiento financiero que implica ganar un Pulitzer, ¿cuál ha sido la mayor recompensa que has recibido tras la investigación?

Claro que el Pulitzer significa muchísimo para mí. Es decir, ¿qué periodista no quisiera uno? Pero mi recompensa más grande, aparte del honor, es poder ejercer mi carrera. Desde muy pequeño, siempre quise contar historias y hablar de la verdad. Poderlo hacerlo y contribuir al mundo es lo mejor que me llevo, aunque sé que el mérito no es sólo mío, también de todos los colegas del periódico, ellos fueron piezas muy importantes.

Obermayer y sus colegas recibieron la noticia del premio Pulitzer el pasado 10 de abril en las oficinas de la ICIJ en Washington. Foto: ICIJ

¿Qué viene después del Pulitzer?

Primero quiero pasar un tiempo con mi familia, pero en cuanto pueda me volveré a sentar en mi silla de siempre y buscaré más historias. No le tengo miedo a volver a ejercer. Antes del premio y la investigación, nadie me conocía, y eso era una ventaja porque podía trabajar la información de una forma un poco más reservada. Ahora no puedo hacerlo, pero amo ser periodista, no me imagino haciendo otra cosa. Sé que probablemente nunca me encuentre con otra historia así. Pero eso no me preocupa, yo quiero seguir ejerciendo.

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