Todas las fotos por Mateo Rueda | ¡PACIFISTA!

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El domingo pasado, Julio C. Londoño y Mateo Rueda, periodistas de ¡PACIFISTA!, vivieron minuto a minuto el ataque que la Fuerza Pública lanzó a una misión de verificación que viajó a la vereda El Tandil, Tumaco, para investigar la muerte de al menos seis campesinos el pasado 5 de octubre, en hechos confusos durante una manifestación contra de la erradicación de cultivos de coca. 

Ese mismo día, en un comunicado oficial, la Policía Nacional ofreció excusas y aseguró que lo ocurrido se dio a razón de que un “grupo indeterminado de personas  intentó ingresar a la fuerza por la parte posterior de la base, circunstancia que conllevó a que los uniformados activaran dos granadas de aturdimiento, que no dejaron heridos”.

El ataque fue rechazado por el vicepresidente Óscar Naranjo, por la Fundación para la Libertad de Prensa y, más recientemente, por la ONU que, en un comunicado publicado ayer 9 de octubre, asegura que en ningún momento la misión de verificación dejó de comunicarse con la Fuerza Pública, quienes estaban al tanto de su visita y del propósito de la misma.

En imágenes, le contamos lo que vivió la misión de verificación y los periodistas que ese día acompañaban su labor.

10:01 a.m. El punto de encuentro era El Playón, un puerto de lanchas ubicado a dos horas por carretera de Tumaco.  Allí, un grupo aproximadamente de 30 personas —entre miembros de la OEA, la ONU, Dipaz, la Gobernación de Nariño, la Guardia Indígena y varios periodistas— tomamos una lancha por el río Mira rumbo a la vereda El Tandil, donde ocurrió la masacre del pasado 5 de octubre.

 

12:30 p.m. Cerca de 40 campesinos nos reciben en el punto exacto en que al menos seis personas fueron asesinadas presuntamente por miembros armados de la Policía Nacional. Entre evasivas que parecían, sobre todo, dar cuenta del miedo de hablar a nombre propio, varios nos cuentan lo sucedido el jueves pasado. La vegetación del lugar ha sido arrancada y cortada por la Policía Nacional. El 5 de octubre el paisaje era otro: tupido, lleno de árboles. La explicación oficial es que el terreno está en proceso de volverse un helipuerto. La versión de los campesinos es que seguramente fue una intervención para borrar las evidencias de los disparos.

12:32 p.m. El Capitán Carpio y otros seis miembros del Ejército Nacional hacen presencia en el lugar. La comunidad no tiene ningún reparo, al contrario, son bien recibidos y los saludos son emotivos entre el Ejército y los miembros de la Guardia Indígena. Según los locales, la acción del Ejército en la zona desde el pasado jueves ha sido constante: además de estar atentos a sus necesidades, fueron ellos quienes dispusieron los helicópteros que realizaron la extracción de cuerpos.

1:10 p.m. Junto a la comitiva de líderes, organizaciones y periodistas nos adentramos por la única vía de tránsito con la que cuenta la zona: un camino por el que apenas cabe una moto y que termina en Ecuador. La versión de los locales es que a lo largo de este mismo camino se encontraron cuerpos sin vida después de los hechos del jueves.

 

1:29 p.m. Nos separamos del grupo para ir a la casa de José, un campesino, ahora terrateniente, que inició como raspachín hace cuatro años. En su casa vemos los rastros de un proyectil que atravesó las tres paredes de la casa el día de los hechos. José, como muchos otros en la zona, vive de la siembra de coca: al frente de su casa tiene una hectárea cultivada.

1:58 p.m. Llegamos a un punto del camino en el que los campesinos nos sugieren no avanzar y nos señalan el lugar en el que, según ellos, un policía se asentó con una ametralladora, el pasado jueves, a disparar contra los campesinos que participaban en la movilización. A pocos metros del sitio que nos señalan, se alcanzan a ver varios uniformados de la Policía Antinarcóticos.

2:00 p.m. A unos 100 metros de los miembros de la Policía, vemos un cambuche en el que varios hombres con trajes del Esmad vigilan los pasos de la comitiva. Los fotografiamos. Uno de ellos no nos quita la mirada de encima y se pone de pie frente al cambuche en lo que parece un intento de bloquear nuestra visión.

2:08 p.m. La Guardia Indígena se entera de la posible presencia de un cuerpo sin vida monte adentro. Algunos periodistas los acompañan mientras los demás esperamos sobre el camino. Suena la primera explosión. Los campesinos que nos acompañan dicen que pueden ser minas plantadas por la Policía que están siendo autodetonadas.

Entre las 2:08 y 2:45 p.m. Suena la segunda explosión. Los campesinos nos dicen que esperemos a que vuelva los que se habían adentrado. Suena la tercera explosión a nuestros pies. Salimos de la zona rápidamente a pesar de la tranquilidad de los campesinos, una tranquilidad que revela sobre todo costumbre: a las explosiones, a los ataques.


2:48 p.m. Ya han sonado tres explosiones. Por radioteléfono un miembro de la Guardia Indígena da el reporte oficial del ataque: habla de las tres explosiones y de una ráfaga de disparos. No habla de los que disparan. Luego el Ejército nos diría que los únicos presentes en el territorio son ellos, el Ejército, y la Policía Nacional.

3:05 p.m. Reagrupados de nuevo en el punto de partida donde ocurrió la masacre hacemos un balance de lo que ocurrió y revisamos que todos estemos presentes. De los intentos por evadir las balas y las explosiones quedan raspones, morados y leves heridas.

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