Iván Duque, presidente electo de Colombia. Foto: Cristian Garavito – El Espectador

Desde este domingo usted comenzó a escribir su historia como mandatario de Colombia, de verdad deseamos que el ego presidencial lo lleve a seguir únicamente sus convicciones.

Señor Iván Duque,

No queda más que aceptar su victoria y felicitarlo por ese esfuerzo sostenido de semanas de campaña. Eso ya queda atrás, el 7 de agosto usted llegará al Palacio de Nariño como presidente y, quizá al cabo de algunos días, todas las tensiones de las rondas electorales queden atrás y usted estará concentrado totalmente en el reto que se le viene encima.

En ¡Pacifista! nunca nos atrevimos a decirles a nuestros lectores por quién votar, como hicieron otros medios de comunicación. Ni por usted, ni por Gustavo Petro, ni por el voto en blanco, que hasta el último día tuvo férreos defensores que esquivaron los reclamos y los cortejos de las dos orillas ideológicas que se disputaban el poder. No, no nos sentimos con ese derecho.  Estamos convencidos de que cada ciudadano es libre de tomar una decisión sin más influjo que su propia conciencia e intereses, así usted o sus opositores piensen que hay manipulaciones efectivas que logran conquistar corazones.

Esa fue nuestra máxima a la hora de entregar nuestra información. Sin embargo, no le vamos a mentir. Para los temas que nos ocupan, que tienen buena parte de su sustento en el Acuerdo de Paz con las Farc, su postura pública levantaba una gran incógnita, una duda mayor que la que marcaba su contrincante. Eso que a lo largo de su campaña usted llamó “modificaciones sustanciales” –retirar el narcotráfico como delito conexo al político, por ejemplo– podrían herir de muerte el cese de la violencia con la que era la guerrilla más antigua de América Latina.

Queremos recordarle que desde que comenzó el proceso de paz, las muertes por causa del conflicto se redujeron en un 80 % según Medicina Legal, lo que se traduce en casi 1.000 muertos menos por año. Eso sin nombrar la reducción de 97 % de heridos en combate que registró el Hospital Militar;, infinitos dolores menos para las familias y las tropas que usted y su partido no se cansan de elogiar.

Podríamos darle muchas más sobre por qué es importante darle una oportunidad al Acuerdo de Paz,  pero escogimos solo estas dos porque son quizá las más dicientes y porque no queremos extendernos demasiado. Ciegos seríamos, claro, si no somos capaces de reconocer que la implementación de dicho tratado no ha tenido problemas, retrasos y controversias. Eso es una realidad, pero cuando el humo negro a veces nubla el panorama, intentamos recordar esos miles de sufrimientos que se evitaron. Y eso nos basta para seguir creyendo (ojalá a usted también).

Le reconocemos que usted se ha mostrado como un hombre sensato en toda esta campaña. Sus llamados a la unidad han sido insistentes y su tono sopesado –igual que algunos trinos y declaraciones que entregó en el pasado– hacen pensar que usted permanece alejado del radicalismo de mucha gente que lo rodea. Su insistencia en acabar con la dosis personal, su falta de compromiso al hablar abiertamente del matrimonio por parte de parejas del mismo sexo –cuando eso se reglamentó en Estados Unidos, usted aplaudió públicamente a Barack Obama­– parecen ahora muestras de que bajo su liderazgo, el Estado se sentirá con el ‘deber’ de entrometerse en las libertades individuales de los ciudadanos. No obstante, por momentos nos gusta pensar que incluso usted, aunque no lo diga, sabe que eso conlleva a riesgos enormes.

Conserve esa sensatez que parece irradiar, porque hay personas que lo rodean muy de cerca y otras que son muy influyentes en su partido –Álvaro Uribe, Alejandro Ordóñez, María Fernanda Cabal, entre otros– que han dado ya suficientes muestras de que no es la razón la que impera en su actuar político, sino el odio, el resentimiento y los dogmas.

Desde este domingo usted comenzó a escribir su historia como mandatario de Colombia, de verdad deseamos que el ego presidencial lo lleve a seguir únicamente sus convicciones. Así como usted actúe, así lo recordaremos.

De nuestra parte le prometemos que vamos a hacer buen periodismo durante los cuatro años que usted permanecerá en el poder. Estaremos pendientes de sus decisiones, reconoceremos sus aciertos y evidenciaremos sus errores cuando sea necesario. No podemos decir que alguna vez usted haya atacado a la prensa y ojalá nunca exista ese ‘episodio debut’, pero una vez más le decimos que no es usted sino su partido el  que nos preocupa, con sus acusaciones de ‘periodistas extraditables’ o de ‘violadores de niños’.

La mayoría de los votantes de Colombia quisieron que usted fuera el Presidente. Una vez más, felicitaciones. Lo último que queremos decirle es que hay más de 8’000.000 de personas que no están de acuerdo con sus posturas y que por lo visto en la campaña, su gobierno tendrá una oposición resuelta y aguda. Que todas las disputas se queden en lo político y en la posibilidad de llegar a un consenso y no en los ataques personales. Tendrá usted la tentación de pactar con vetustas y cuestionadas maquinarias políticas en las regiones y de lograr una sólida mayoría en el Congreso. Por favor, no vaya a caer en la tentación de utilizar su poder para unificar las tres ramas del poder bajo su mandato. De nuevo sabemos que usted tiene plena conciencia de los peligros que esto implicaría.

Le encargamos especialmente la situación de los líderes sociales en Colombia, un tema que aunque grave, no figuró a lo largo de los debates. El gobierno saliente, con todo y que ha promovido el Acuerdo de Paz, no ha logrado detener los asesinatos, y por el contrario, ha intentado restarle importancia al tema. Desde el 1 de diciembre de 2016 han sido 92 líderes a quienes les han quitado la vida.

De nuestra parte es todo. Ya se acabaron las ventiunas con balón de fútbol y los ‘test’ de rock. Aquí comienza su historia. Buena suerte.

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