Ilustración: Juan Ruiz.

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#ProyectoCOCA | Aunque la idea de un debate presidencial de cara a la segunda vuelta no se concretara, en Proyecto Coca estuvimos pendientes de lo que los candidatos dijeron a lo largo de la campaña sobre política de drogas.

Estas son tres frases reveladoras sobre sus posturas en temas de drogas y lo que implican en términos de lo que harían si salieran elegidos. 

Duque: Frase # 1

 ¿Qué dijo?

No puede ser voluntaria la erradicación ni la sustitución”

¿Qué implica?

La principal propuesta de Duque en materia de la producción de drogas es volver ‘obligatoria’ la erradicación y sustitución de los cultivos coca, en vez de ‘voluntaria’. Ese argumento esconde una falacia: en ningún momento la sustitución de coca ha sido opcional para los campesinos que la tienen sembrada. El Acuerdo de paz privilegia la sustitución concertada con las comunidades (por eso se llama ‘voluntaria’), tomando en cuenta la lección histórica en Colombia de que las opciones represivas –como la fumigación aérea o la erradicación forzosa a mano– no generan cambios reales en los territorios y la gente vuelve a sembrar.

Un ejemplo de esto es Luz Dary Díaz, una excocalera en Putumayo –cuya historia contó Proyecto Coca– quien resembró las tres veces que la fumigaron y una que la erradicaron. En los casos en que no quieran firmar el acuerdo voluntario de sustitución, el Acuerdo de paz es claro en señalar que aplica la forzosa. Literalmente dice, en su página 107, que:

 

Petro: Frase # 1

¿Qué dijo?

A los  campesinos que persistan en la coca, les planteamos que la vendan, pero para usos medicinales

¿Qué implica?

Petro ha planteado continuar con los procesos de sustitución de coca concertados con las comunidades, como determina el Acuerdo de paz. Sin embargo, va mucho más allá al proponer crear un mercado para usos medicinales de la coca, que ha sido marginal hasta ahora en Colombia.

La idea se ha discutido. Con el senador liberal Juan Manuel Galán (quien lideró la reglamentación de la marihuana medicinal) en 2016 se habló de un proyecto de ley que le abriera la puerta a la coca medicinal. No obstante, esa idea tiene varios escollos importantes en la práctica: la mayoría de cocaleros usa abonos químicos muy fuertes en sus cultivos que los convierten en no aptos para usos medicinales, los convenios internacionales sobre drogas son más restrictivos con la hoja de coca que la marihuana y el mercado de marihuana medicinal es mucho más promisorio que el de coca (que, por el momento, sería más experimental).

 Duque: Frase # 2

 ¿Qué dijo?

Voy a ser el presidente que elimine la dosis personal 

¿Qué implica?

Duque quiere penalizar la dosis mínima, como intentó el expresidente y su mentor, Álvaro Uribe, en varias ocasiones. Su propuesta es que la Policía confisque toda la droga y multe al portador sin judicializarlo, estrategia con la que busca esquivar una de las principales críticas que le hacen a una determinación de este tipo: que las cárceles se llenarían de consumidores que no son parte de las redes criminales de droga y que se inflarían los indicadores de capturas con personas vulnerables que no se están lucrando con el negocio.

El argumento de Duque es que los microtraficantes se están escudando en la dosis mínima para vender la droga (un dato para el cual no encontramos evidencia que lo corrobore o desmienta) y que la dosis mínima generó un “libertinaje” que hizo crecer el consumo. En la práctica, su propuesta sí significaría que la Policía tendrá que invertir más recursos, tanto humanos como financieros, en las sanciones administrativas que el candidato del Centro Democrático quiere reforzar.

Petro: Frase # 2

 ¿Qué dijo?

Relacionar al joven consumidor con los centros rehabilitadores, no con la Policía

 ¿Qué implica?

Petro está enfocando el problema del consumo desde la óptica de salud pública, en línea con lo que ha venido recomendando la Comisión Global de Política de Drogas, que reúne a una veintena de expresidentes y primer ministros de todo el mundo. Su visión gira en torno a atención médica para quienes tienen consumo problemático (volviendo nacional la estrategia que intentó impulsar en la Alcaldía de Bogotá con los centros de atención a consumidores llamados CAMAD y volviéndolos móviles), herramientas para reducir el daño en estos consumos y prevención. En la práctica, también significa que no tocaría la dosis mínima.

Duque: Frase # 3

¿Qué dijo?

El mayor destructor de la selva tropical húmeda en Colombia es la coca

¿Qué implica?

La lucha contra la deforestación –que se ha venido acelerando– es el reto número uno de Colombia en el marco del esfuerzo mundial para reducir el cambio climático. Históricamente los cultivos de coca han sido un fuerte motor de deforestación y aún lo son en algunas regiones, pero no hay evidencia no respalde la tesis de Duque de que son el factor número uno.

Al cotejar el mapa de variación en los cultivos de coca (que mide el cambio de 2015 a 2016) y el último boletín de deforestación del IDEAM (que mide 2017), se puede ver que en Catatumbo y el Pacífico nariñense sí es un causal importante. Pero en los otros siete puntos críticos de pérdida de bosque (el río Caquetá, el Caguán-Yarí, el Parque Tinigua, el sur del Meta y la Marginal de la Selva), los factores son la ganadería extensiva, los proyectos de infraestructura y la tala ilegal. En cambio, el mayor incremento de coca se dio en Putumayo, Cauca, el sur de Bolívar, el Bajo Cauca y Tumaco, muchos de los cuales vieron deforestación pero no al nivel que describe Duque.

 

De hecho, una investigación publicada en la revista científica BioScience por la bióloga colombiana Liliana Dávalos –que enseña en la Universidad de Stony Brook en Estados Unidos– demostró que esa ampliación sin control de la frontera agropecuaria ha sido uno de los mayores factores de pérdida de bosques en la Amazonía, aún más que la coca. “La deforestación y la coca se juntan en la frontera del Amazonas, pero el problema proviene de los esfuerzos para desarrollar la zona occidental del Amazonas”, dice.

Petro: Frase # 3

 ¿Qué dijo?

La sustitución de cultivos no es suficiente porque el campesino tiene que recibir, por lo menos, lo mismo que recibe procesando la coca. Si no, no funciona

 ¿Qué implica?

Para nadie es un secreto que la coca generaba un flujo de caja para los campesinos que la cultivaban, que –sin realmente elevar sus condiciones de vida estructuralmente– tenían una capacidad adquisitiva que raras veces han tenido sin ella. Pero plantear que la sustitución de la coca debe generar los mismos ingresos no solo es idealista, sino muy improbable: como ha contado Proyecto Coca en reportajes en todo el país, estos son procesos lentos y graduales. En la mayoría, los campesinos contraponen los menores ingresos a la mayor tranquilidad, prefiriendo generalmente esta última. A largo plazo, por supuesto, la idea –por ejemplo del Acuerdo de paz– es que los niveles de bienestar y las oportunidades en esas zonas aumenten significativamente (aunque el ingreso no sería la manera más idóneo para medirlo).

La propuesta de asegurar un ingreso equivalente ha surgido muchas veces. Muchas organizaciones han planteado en el pasado la necesidad de que el Estado reemplace el ingreso que representaba la coca, una figura que han llamado “sustitución del ingreso”. El Gobierno siempre se ha negado, argumentando que sembrar coca no es un derecho sino un problema legal y que lo fundamental es generar una economía legal sostenible, sin que el ingreso sea el condicionante.

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