Still vía YouTube.

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Este artículo fue orginalmente publicado en Vice Colombia.

Por: Andrés Páramo Izquierdo

Aquí tienen ustedes al senador del Centro Democrático, José Obdulio Gaviria, haciendo gala de su renombrado intelecto en el programa “Yo José Obdulio”, del canal El Ventilador en YouTube. En él, Gaviria quiere que los colombianos recordemos un hecho innegable: que si hay un pensador eminente y culto en el amplio grupo que defiende a Álvaro Uribe, es él.

En El Tiempo nos lo recordaba hace unos años, por ejemplo, cuando en sus columnas desplegaba varias citas. O elaboraba frases casi ilegibles. O mencionaba sus años de profesor. O enumeraba los libros que traía en su maleta de viajes. O se daba licencias para inventar historias de ficción. Eso es él. Y eso, sin duda, queda retratado desde el inicio de este nuevo video, su era de youtuber: vean no más la apertura (la foto de esta columna): observen a José Obdulio mordiendo con suavidad una de las patas de sus gafas, de marco negro y rojo, con los ojos puestos en un punto fijo. Oigan la musiquilla de introducción, una melodía entre marcha de noticiero informativo y coro de iglesia católica, que antecede ese título extraño y mal escrito de “Yo José Obdulio”.

“Buenos días, buenas tardes, buenas noches; feliz madrugada, feliz amanecida a todos los youtuvidentes”, dice. Y sigue, a veces haciendo pausas, a veces mirando la cámara que no es. No lo editan. Uno ve el escenario y no alcanza a imaginar qué pasa por la cabeza del senador cuando lo planeó así, cuando le dijo a algún creativo que así lo dispusiera: unas hojas ordenadas de a montones encima de su escritorio; las gafas bien dispuestas en una esquina, inútiles; dos (¡dos!, pobre país) imágenes de fondo de él, ahí sí con las gafas puestas, la mano cerrada en el mentón, pensando.

Y luego vienen las mentiras, ni más faltaba. Como ese confuso “Conductor” que le aparece por debajo (queriendo decir “presentador del programa”). Quiero decir: que le aparece a él, a un senador de la República que monta la pantomima de que nos va a informar y no a esgrimir como lo hace sus engañosas opiniones. Después procede nuestro intelectual a referirse al caso del demócrata Álvaro Uribe Vélez (así lo califica) contra el fantoche Daniel Samper Ospina (así lo califica).

Vea también: Por si no sabía, los ‘paras’ también son ‘youtubers’

Y sin ningún sentido de la vergüenza propia, nos explica esta confrontación a la luz de la historia, recordándonos que la pelea es vieja y viene de dos concepciones de Estado: la de Uribe, el demócrata, y la de Ernesto Samper Pizano, el tío de Daniel, o “su antecesor”. La disputa es entre Uribe y Samper Pizano. Porque, nos dice, el primero combatió al terrorismo y el otro no. Porque, nos dice, el primero puso en cintura a los criminales y el otro les dejó dar golpes como el de Mitú, perpetrado en noviembre de 1998, cuando el presidente era en realidad Andrés Pastrana.

En su habitual charlatanería, olvidó José Obdulio (quiso olvidar, más bien) que el antecesor de Uribe es Pastrana, y no Samper Pizano, o que Uribe nombró a este como embajador de Francia en 2006, durante su gobierno.

Estos son, pues, los protagonistas históricos. Por eso pelean Álvaro Uribe y Samper Ospina.

¿Y qué pasó con la expresión “violador de niños” que el demócrata le endilgó al truhán a través de un tuit (o “un Twitter”, como dice José Obdulio)? Pues nada, que la palabra “violador”, desde el sentido lexicográfico, nos explica, no tiene nada que ver con el ámbito sexual. Y para ello (aunque no tanto) cita al gran lexicógrafo español, maestro de las etimologías, Arnal (que no encuentro en Google), para decir que violador es “el violador de tumbas, del sigilo profesional”.

Yo pensaba que esta faceta de Gaviria iba a ser flor de un día. Pero no, me equivoqué.

Después de muchas vueltas y repiques, fintas y otras definiciones raras, dice el maestro que la violación es una intromisión. Mejor dicho: Daniel Samper Ospina fue alguien que hizo una intromisión en los niños. ¿Qué clase de defensa es esta? Y la hace grandilocuente y soberbio o, como dijo Cecilia Orozco sobre el mismo tema en una columna de hace una semana, “sin mesura sobre su pequeña dimensión”.

Seguir describiendo esto sería un gasto inútil. No entiendo cómo piensan los alfiles del uribismo. No sé por qué José Obdulio sale a referirse al lexicógrafo Arnal cuando Uribe, dos semanas antes en su propio video (titulado extrañamente “Mi difamación a Daniel Samper Ospina”), ya había ahondado, desde un sentido jurídico, el alcance de sus palabras, referidas ellas a la revistaSoho, a las menores de edad, en fin.

Todas las formas de lucha, por más alucinadas que sean.

Yo pensaba que esta faceta de Gaviria iba a ser flor de un día. Pero no, me equivoqué. Acá tienen el segundo en el que, más corto, eso sí, usa terriblemente mal, y hasta de manera chistosa, una vieja fórmula de los grandes de este formato: pone de apoyo, para burlarse de él, un discurso en video de Juan Manuel Santos. Pero cuando el video llega, en vez de dejarlo correr y luego pronunciarse sobre él, lo enmudece, reemplazando él mismo la voz de Juan Manuel Santos.

Yo insisto: ¿qué tienen en la cabeza los alfiles del uribismo?

Me quedo con mi frase favorita del primer video: “Uribe es la altura. Uribe es la retórica adecuada a un estadista. Uribe es la ciencia política en acción. Uribe es el conocimiento de los temas nacionales, particularmente la economía, particularmente la orografía, particularmente en el tema de las comunicaciones, particularmente en el tema de la seguridad…”.

El programa, nos advierte, no es de publicidad.

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