Foto: Tomada de Facebook

El “notetaker” que ahora será el director de la Agencia Presidencial de Cooperación. Foto: Tomada de Facebook

“Vamos por buen camino”, dijo Alejandro Gamboa, entonces director de la Agencia Presidencial de Cooperación en una columna de opinión publicada por El Tiempo el pasado 11 de febrero. La razón de su entusiasmo es que durante el último año al frente de la agencia, ha logrado conseguir “un poco más de 1.700 millones de dólares comprometidos para el posconflicto, contabilizados a partir del 2016” Las metas de la organización son recaudar 3.300 millones de dólares de 2016 a 2020, de acuerdo con ese mismo texto.

Sin embargo, a Gamboa le va a tocar irse. El martes pasado presidencia informó sobre un cambio en la cabeza de la APC. Gamboa dejaría su cargo el 15 de febrero. En su lugar llegará Sergio Londoño Zurek, de apenas 32 años, que durante los últimos dos años tuvo la tarea de acompañar al presidente Santos en sus encuentros más importantes y tomar nota.

El Estado colombiano sabe que implementar los acuerdos de paz sin plata es casi imposible. En 2014, la comisión de Paz del Senado dijo que el posconflicto le podría costar al país algo más de 50 billones de pesos: “más caro que construir las carreteras 4G”, dijo en ese entonces la senadora Claudia López. El investigador Julian Hottinger, experto en resolución de conflictos y miembro asesor durante cuatro años de la mesa de La Habana, afirmó en septiembre de 2016 que implementar la paz le costará al país 31 mil millones de dólares por década. Algo así como 93 billones de pesos.

Gran parte de ese presupuesto lo pondremos los colombianos, pero otra parte saldrá del dinero que entregue la cooperación internacional. Por eso, el Gobierno creó hace algo más de 5 años la Agencia Presidencial de Cooperación (APC), un organismo encargado de liderar una estrategia institucional de consecución de fondos. La APC, según su página en internet, ha puesto en marcha 4 fondos internacionales para “recibir y ejecutar recursos de cooperación no-reembolsable”.

 

Las dudas

 Sergio Londoño es un politólogo cartagenero, graduado de la Javeriana de Bogotá con una especialización en Gobierno y Gerencia Pública de la Escuela de Administración de Negocios –EAN. En sus redes sociales, Londoño dice que cuenta con “estudios superiores de la Universidad de Columbia en Nueva York”, como escribió en su página de Facebook.

 

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En una nota de junio de 2014, le dijo al periódico El Heraldo que tiene un posgrado en Gobierno Local y Democracia en esa misma universidad. Sin embargo, en la hoja de vida oficial, que aparece en la página web de Presidencia, no aparecen sus estudios en dicha institución educativa.

Más allá de su formación académica, la duda principal que surge al ver la experiencia de Londoño Zurek es que nunca ha trabajado en cooperación internacional. La mayoría de experiencia la ha adquirido en la empresa de su abuela Teresita Román de Zurek, dueña de la fábrica que produce la gaseosa Kola Román. Por allí ha pasado varias veces, intercalando ese empleo con otros en el sector público.

Quizás su única experiencia en temas relacionados a su nuevo cargo la tuvo entre abril y diciembre de 2011, o de enero a julio de 2013, cuando trabajó como oficial de protocolo en el ministerio de Relaciones Exteriores; o ahora que le toma notas al presidente Santos. El resto de puestos poco o nada tienen que ver con cooperación internacional. Londoño hasta intentó lanzarse a la Cámara de Representantes, por el partido de la U en 2014, pero no alcanzó los votos suficientes.

La Silla Vacía escribió en un artículo que Londoño, según fuentes cercanas a Palacio, lo ha hecho muy bien en la secretaría privada de Presidencia y que es una persona “brillante”. “Su gran cercanía a Santos, fuera de ser el que le toma notas y el que le maneja su agenda internacional, es que según una fuente de Palacio fue “el enlace del Gobierno con el Palacio de Buckingham para la visita de Estado a Inglaterra y el que coordinó todas las avanzadas y la logística para el viaje a Oslo”, donde Santos recibió el Nobel”, dijo La Silla la semana pasada.

Lo cierto es que, según pudo establecer ¡Pacifista!, la noticia no cayó bien al interior de la Agencia. Fuentes cercanas a la APC dicen que hay mucha sorpresa por el cambio en la dirección, pues la organización funcionaba “muy bien” con Alejandro Gamboa a la cabeza.

 

APC y la política

La relación entre Alejandro Gamboa y la Cancillería no era buena. El director de APC se convirtió, según fuentes cercanas al Gobierno, en una especie de obstáculo para el ministerio de Relaciones Exteriores porque de un tiempo para acá estableció mecanismos de control más estrictos en los recursos que le otorgaba a esa cartera. Eso, según las fuentes, no le gustó nada a María Ángela Holguín.

Gamboa, un economista bogotano que ha sido el de Alto Consejero del Director Ejecutivo por Colombia en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Banco Mundial, y en 2001 “recibió la Beca de la Organización de los Estados Americanos (OEA) por sus logros en el campo de finanzas internacionales”, según el perfil que aparece en la página de APC, estableció criterios de evaluación para ordenar el gasto que no habrían caído bien en la Cancillería.

Además, según se habla en los pasillos de APC, el saliente director “se le paró” al presidente cuando él le sugirió – dicen las fuentes consultadas por ¡Pacifista! – que contratara directores de su cuerda. “Yo trabajo con mi gente”, habría respondido Gamboa. Esto, por supuesto, tampoco cayó bien.

Con ese contexto, según dice la Silla Vacía, la propia canciller habría propuesto el nombre de Londoño Zurek. Dentro del Gobierno ya se dice que la llegada del millenial cartagenero a la dirección de una de las entidades más importantes para que salga bien el posconflicto en Colombia es “para que haga caso” y para que no se meta en los asuntos de la Cancillería.

Por ahora, el “notetaker” de Santos, exasesor de la empresa de su abuela y oficial de protocolo del ministerio de Relaciones Exteriores, tomará las riendas de APC. Sobre sus hombros estará, ahora, que los “países amigos” le den suficiente plata a Colombia para implementar el posconflicto.

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