Comandante Uriel. Todas las fotos por: Kevin Arias

Por: María Camila Ardila 

El 9 de enero de 2018 estaba marcado en el calendario nacional como el día en que acababa el primer cese al fuego bilateral entre el gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). En la mañana del día siguiente, mientras en la cadena radial BluRadio alias Pablo Beltrán manifestaba el deseo de continuar los diálogos en un clima de silencio temporal de las armas, el Ministerio de Defensa hacía un recuento de las acciones del ELN en diferentes lugares de Colombia a lo largo de la madrugada: uno en Casanare, dos en Arauca y otro más en Boyacá, a estructuras petroleras y tres ataques a la fuerza pública, el asesinato de dos policías y un soldado.

Entonces surgieron varias preguntas: ¿A qué se deben estas contradicciones? ¿Qué busca el ELN en las negociaciones? ¿Es esto una demostración de fuerza para posicionarse en el panorama mediático como una contraparte fuerte?

En la necesidad encontrar razones que expliquen las últimas acciones del ELN, consultamos al sociólogo Eduardo Pizarro, quien en su libro Cambiar el futuro hace un repaso de los procesos de paz que ha vivido Colombia desde 1978 hasta hoy.  También hablamos con Uriel, comandante del Frente de Guerra Occidental Ómar Gómez, uno de los que incluso se ha perfilado como posible disidente en este proceso de paz, aunque señale estar totalmente alineado con el comando central.

Pizarro describe el modelo de negociación del ELN como unas conversaciones “al borde del abismo”, pues la guerrilla intentó poner al gobierno al borde del precipicio para que hiciera concesiones importantes. Según el sociólogo, ese “fue un cálculo también resultado de la necesidad de conservar la cohesión interna porque, había sectores radicales como el Frente Occidental y el Frente Oriental en la frontera con Venezuela”.

La versión de Uriel

Con Uriel sostuvimos dos entrevistas, las dos antes de que finalizara el cese. La primera se presentó junto con el equipo de comunicaciones del Frente. Ellos portaban cámara, trípode y un micrófono de solapa para Uriel, de este lado lo único necesario era una grabadora. Él venía con chaleco y la cara cubierta bajo el sol chocoano. La segunda fue algo improvisada y más privada, durante una de las tormentas también características del departamento en el que nos encontrábamos. Iba como se le veía por el pueblo, destapado, cómodo, sin ningún ajuar que hiciera pensar que representa al Ejército de Liberación Nacional. Aunque por seguridad algunos hombres que lo acompañaban estaban armados, durante las charlas no hubo armas.

Pese a que su papel en la guerrilla ha sido más bien discreto, Uriel es un personaje que ha venido tomando fuerza en los grandes medios de comunicación. Durante los últimos meses, el grupo guerrillero lo ha aprovechado para ponerle cara a su sucursal occidental. Ahora el comandante Uriel tiene Instagram, Twitter, un blog y hasta canal de YouTube. Incluso le han borrado cinco veces su cuenta de Facebook.

Ahora se describe como “menos dogmático”, pero sigue creyendo que la revolución es el camino para mejorar ese “sancocho nacional” al que se refería en los ochenta Jaime Bateman Cayón, antiguo líder del M-19. “Estamos hablando, en ningún momento hemos dicho ‘vengan reciban estos fusiles que nos están estorbando’. Seguimos con la integralidad y uno de los ejes de la táctica es la solución política al conflicto. En ese marco es que la mesa de diálogos se abre”.

En una conversación con la que es ahora la guerrilla más antigua de Latinoamérica es imposible no mencionar los Acuerdos firmados entre las Farc y el gobierno colombiano: “los Acuerdos son básicamente lo que debiera de cumplir un Estado social de derecho como dice Colombia que es”, afirma Uriel y considera que el diálogo con la guerrilla “no es necesario, ni la desmovilización, un prerrequisito”, sino que es “posible que ejecutando y llevando a cabalidad todos esos acuerdos le quiten sustrato a nuestras razones de existir”.

Se detiene, reflexiona y retoma la idea: “¿Quién es capaz de levantar un movimiento guerrillero en Noruega o en Finlandia? Yo no me le mediría, pero aquí se dan por generación espontánea. La gente se levanta en expresiones naturales”.

Habla de manera desenfadada, contundente pero no altivo. Respecto a las negociaciones de Quito señala que no ven la voluntad de paz del gobierno, “hay más muertes de líderes sociales en el gobierno, llamado el gobierno de la paz, que en los que se caracterizaron por ser los guerreristas”. Ante las elecciones del próximo mayo y la continuación de las mesas de diálogo considera que es una contradicción que debe resolver el gobierno, “está en manos de ellos definir si el Estado colombiano tiene seguridad jurídica o si es una recocha de cada cuatro años”.

Señala a la política minero-energética, la política exterior y la doctrina militar como las líneas rojas que el “Estado ha determinado como intocables y son precisamente las que mantienen la inequidad”. Siendo así las cosas para él, le preguntamos: ¿Sin un cambio de modelo económico podría haber acuerdo? “Seguimos en nuestra búsqueda de las transformaciones de Colombia. Si la oligarquía colombiana está dispuesta a hacer transformaciones sociales que se necesitan en Colombia por medio del diálogo bienvenido sea”, responde Uriel.

¿Qué puede ganar el ELN jugándosela con esta estrategia? 

Pizarro describe las últimas acciones como una manera para conseguir mejores condiciones en un nuevo cese al fuego, “muy probablemente lo que va a exigir el ELN es la posibilidad de realizar, como en el Chocó, reuniones con las comunidades rurales sin que el ejército y la fuerza pública intervengan”.

El “gran diálogo nacional” se ha convertido en la bandera de las conversaciones del ELN, el primer punto de la agenda. Con voluntad de comenzar una pequeña versión de esto desde el frente de guerra occidental Ómar Gómez, se promovió un encuentro regional entre las filas guerrillera, el 12, 13 y 14 de diciembre. Sin embargo, dicha actividad fue condenada por el exjefe del equipo negociador Juan Camilo Restrepo: “En primer lugar este tipo de reuniones contraría lo que dicen los protocolos del Cese al Fuego Bilateral, Temporal y Nacional (CFBTN) acordados por las delegaciones el pasado 4 de septiembre, en el sentido de que una estructura del ELN no puede convocar a la comunidad a un encuentro donde estarán armados”.

Por su parte, Uriel asegura que el gran diálogo nacional lo han concebido “como una participación representativa de los diferentes sectores sociales en Colombia. Nosotros nos hemos  atrevido a plantear que el ELN es un intermediario para ese diálogo del pueblo representado en sus líderes con el gobierno, lo que queremos es que vengan todas las vertientes sociales, expresen aquí cómo ven el país y cómo lo quisieran y a eso le apuntamos. Al pueblo no le van a parar bolas, ese espacio no se lo va a abrir y no va a ser tenido en cuenta si no hay de por medio, por ejemplo, las armas”.

Indica Pizarro que el tema de las reuniones entre el ELN y la sociedad civil es “muy sensible porque es hacer política armada y va a recibir muchas críticas, esa va a ser una exigencia importante para la guerrilla. Creo que se van a buscar unos términos que sean mucho más aceptables para un nuevo cese, porque a ninguno de los dos les conviene romperlo”.

Uriel, por su parte, demuestra abiertamente que no confía en el Gobierno: “los acuerdos que hicieron en su momento con las Farc para lograr su desmovilización hoy se los están desbaratando en el Congreso, después de que las Farc cumplieron y se desmovilizaron. Por eso no vemos esa voluntad de paz y ni siquiera seguridad jurídica en el Estado. Tiene que mantenerse en lo que promete y en lo que supuestamente vuelve ley”.

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