Iván Márquez depositando su primer voto. Foto: El Espectador

Más allá de los titulares mediáticos de este lunes –el Centro Democrático sigue punteando, Antanas Mockus fue la sorpresa en el Senado y Cambio Radical creció en curules– existe un factor clave que nos dice mucho sobre la política en el posconflicto: el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc) fracasó rotundamente en su primera participación electoral.  No alcanzaron los votos para superar el umbral: en total obtuvieron 85.168, es decir, el 0.27 por ciento del total de votos que se registraron al Congreso. Aunque tienen 10 curules (cinco en Senado y cinco en Cámara) por lo acordado en el proceso de paz, lo cierto es que arrancan muy débiles.

Aunque son épocas y procesos de paz diferentes, es importante tener como referente el caso de la guerrilla del M-19. En 1990, después de hacer las paces con el gobierno, se presentaron a las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente y obtuvieron 19 escaños de 70, posicionándose como la segunda fuerza política del país. Hoy, la Farc no tiene congresistas elegidos popularmente, tampoco candidato presidencial, pues Rodrigo Londoño ‘Timochenko’, tuvo que abandonar el proceso después de someterse a una cirugía de corazón.

A la Farc le quedan líderes como Iván Márquez, cabeza de lista al Senado, y Jesús Santrich, cabeza de lista a la Cámara, ambos con un fuerte rechazo por parte de la sociedad civil. Pese a que diferentes analistas políticos le aconsejaron al nuevo partido proponer candidatos que no tuvieran deudas pendientes con la justicia o que estuvieran en procesos de la sociedad civil, la colectividad hizo caso omiso y le apostó a lanzarse a la política sin antes pasar por la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), esperando alcanzar por lo menos 300.000 votos en estas elecciones legislativas. Ni los peores cálculos auguraban una votación tan escasa. En Senado obtuvieron el 0, 34 por ciento de los votos, en Cámara el 0,21 por ciento.

Aunque es un golpe fuerte para la Farc, también lo es para el uribismo, que sentó buena parte de sus campañas en la idea de que el Acuerdo de Paz tenía el fin último de ‘entregarle’ el país a la antigua guerrilla.  No resultó ser cierto, como pronosticaban en el Centro Democrático, que con el Acuerdo de Paz los exguerrilleros se iban a tomar el poder para instalar un régimen “Castrochavista”. Lo que demostraron estas elecciones es que tanto la Farc como el Centro Democrático estaban equivocados. El poder del pueblo que tanto alegó tener la exguerrilla, o la compra de votos masiva que el uribismo suponía que iban a hacer sus antiguos integrantes, resultaron ser premisas falsas.

En Caquetá, donde la Farc esperaba arrasar en Senado, ganó justamente el Centro Democrático con 17,552 votos. La antigua guerrilla apenas alcanzó 1.674 votos. En otros departamentos en los que han tenido influencia tampoco alcanzaron grandes votaciones. En Putumayo, por ejemplo, ganó el Partido Liberal en  la lista al Senado con 22.029 votos. La Farc apenas alcanzó 2.553,  el 3 por ciento del total departamental. En Tolima, donde también venían haciendo campaña, perdieron la batalla con los partidos tradicionales y al final solo obtuvieron 1.857 votos para Senado (el 0,43 por ciento).

Hasta el momento, los líderes políticos de la Farc no han cuestionado las elecciones, han aceptado los resultados y se han comprometido a trabajar desde las 10 curules que tendrán en el Congreso. Esto tiene que ver en parte con la resistencia de la sociedad civil cuando salieron a campaña. “La  campaña de desprestigio que se hizo por más de 50 años tiene esas consecuencias. Es comprensible que la gente tenga prejuicios, pero poco a poco llevaremos nuestro mensaje y cambiaremos esa impresión”, dijo Rodrigo Londoño cuando lo abuchearon en Armenia, en medio de su campaña presidencial.


Lea también en ¡Pacifista!

Esto es lo que podemos esperar del nuevo Congreso frente a la paz


Así las cosas, parece que la Farc se conformará con las 10 curules y quizás pueda cambiar su estrategia política para tender puentes con partidos como la Unión Patriótica (UP), que con el paso del tiempo han ido perdiendo el estigma.

Un claro ejemplo es la victoria de Aída Avella, quien alcanzó una curul en el Congreso con 57.175 votos. Su caso tiene una importancia doble: tras ser exiliada por el genocidio de la Unión Patriótica – fueron asesinados cerca de 5.000 militantes – Avella le apostó a la democracia y ganó. También puede ser una lección para la Farc, pues la UP ha optado por una estrategia de posicionar a candidatos con trayectoria académica y política.

El partido de la antigua guerrilla también podría aprovechar estos resultados para tender puentes con representantes de comunidades étnicas y víctimas del conflicto que llegaron al Congreso, como Francia Helena Márquez, quien ganó un escaño para las comunidades negras en la Cámara de Representantes. Márquez, además de ser víctima del conflicto, fue representante de las comunidades afro en La Habana. Hoy llega al Congreso con 7.897 votos.

La Farc también tiene la oportunidad de acercarse a sectores indígenas, en este caso Feliciano Valencia, senador electo por el Movimiento Alternativo Indígena y Social (Mais) con 72.391 votos. También existe la oportunidad de que el partido tenga en cuenta a candidatos que tienen respaldo en la sociedad civil pero que se quemaron, como Leonard Rentería, en Buenaventura y Luz Marina Bernal, madre de Soacha que se lanzó al Senado por Decentes. Cambiar la estrategia dependerá exclusivamente del consejo político del partido, así que están por verse sus movidas en las presidenciales.

ARTÍCULOS RELACIONADOS