Una de las bolsas de cocaína negra incautadas por la policía.

Una de las bolsas de cocaína negra incautadas por la policía.

 

Por Sebastian Serrano

En mayo de 1998 Rosso José Serrano, por ese entonces comandante de la Policía Nacional, citó a la prensa en el aeropuerto El Dorado para compartir con ellos un importante hallazgo: 115 kilos de cocaína camuflada en dos barriles que tenían como destino Italia. Sin embargo, lo llamativo no era la cantidad ni el destino del alcaloide. “Jamás pensé que existiera coca negra”, le dijo Serrano a la prensa mientras les presentaba los dos barriles de un polvo que se hacía pasar por hierro pulverizado. Casi 20 años después la cocaína negra ya tiene su propia página de Wikipedia en inglés y una fascinante historia documentada que conecta con una misma raya negra a los narcos colombianos de los años ochenta, a la dictadura de Pinochet en Chile  y a un perro antinarcóticos que murió en un barrio residencial de Bogotá a finales del 2015.

La raya comienza a mediados de los años 80 en el pequeño pueblo de Talagante, a 42 kilómetros de Santiago de Chile. Al menos eso afirma Manuel Contreras, general del ejército chileno durante la dictadura de Augusto Pinochet, en una confesión escrita, enviada al Ministerio de Justicia chileno, en la que afirmó que en 1986 el dictador ordenó crear un laboratorio de procesamiento de cocaína en una base militar. Según la confesión de Contreras, quien entre 1973 y 1977 fue jefe de la DINA, el aparato de inteligencia que se encargaba del trabajo sucio de Pinochet, este laboratorio tenía la particularidad de producir un tipo de cocaína que era de color negro e indetectable en los controles de seguridad de los aeropuertos. Eso dice él.

Contreras, mejor conocido en su país como Mamo, también identificó al bioquímico Eugenio Berríos como el creador de esta ingeniosa fórmula. Se trata del mismo Berríos que producía en Chile gas sarín, un arma química letal que fue utilizada para asesinar a varios opositores del régimen. El mismo que en 1991 huyó de su país para no declarar en un juicio por asesinato y que, un año después, desapareció de manera misteriosa en Uruguay.

La cocaína negra que, de acuerdo con la confesión de Contreras empezó a ser fabricada en 1986, no llegó a manos de las autoridades hasta esa mañana de mayo del 98  en la que Rosso José Serrano conoció y le presentó a la prensa la coca negra. El alcaloide había sido mezclado con hierro en polvo y carbón de palo para alterar su apariencia y fue interceptado antes de ser enviado a Italia. En aquella ocasión Rosso José Serrano, quien alguna vez fue nombrado mejor policía del mundo por la Policía Montada de Canadá, declaró lo siguiente: “He visto que camuflan coca en pitillos, en ñame, en bombones, en lo que quiera. Pero jamás pensé que existiera coca negra”. Según un artículo de El Tiempo, Rosso José luego procedió a separar la cocaína del hierro en polvo con un imán, al mejor estilo de Melquíades.

Incautaciones de polvos negros que, como este, contienen cocaína, han sido algo relativamente frecuente en los últimos años. En 2013, la autoridades canadienses encontraron 10 kilos de cocaína camuflados en bolsas de un material que parecía «carbón triturado» y que había sido importado como base para preparar asfalto. Una muestra de este polvo negro fue llevada hasta un laboratorio de la DEA (la agencia antidrogas de EE. UU.) para llevar a cabo un experimento en el que se detectó cocaína con tres de los cinco métodos de detección de drogas que se usan hoy en día en los controles policiales de todo el mundo.

Hace dos años, abril de 2015, fueron incautados 70 kilos de cocaína negra en la ciudad de Timisoara, en Rumanía. La droga había sido camuflada en el interior de un cargamento de muebles que tenía como destino España y era transportada por un colombiano, un venezolano y un rumano. Mona, un perro de antinarcóticos, detecto en septiembre de ese mismo año la presencia de cocaína oscura en varios tóneres para impresora que tenían como destino Ciudad de México. Dos meses después, Boby, otro perro antinarcóticos, murió en medio de operativo en el que la policía desmanteló un laboratorio para el procesamiento de cocaína negra en una zona residencial de Bogotá.

¿Cómo llegó esta fórmula a manos de los narcos colombianos? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Pero según Ivan Baramdyka, un exmilitar estadunidense nacido en Bogotá, él ayudó a Pinochet y a Berríos en la tarea de exportar cocaína a Estados Unidos y Europa. Así lo dice en su libro Confesiones de un narco, en el que afirma que, durante la misma época que se empezó a producir la coca negra, Berríos trabajaba en paralelo para narcotraficantes colombianos que frecuentaban su laboratorio de Talagante.

«Lo de la coca negra es algo que se sabe desde hace tiempo», me dijo por teléfono una fuente de la Fiscalía que me pidió que no mencionar su nombre. «La novedad aquí es el tratamiento que le estaban dando. La coca que encontramos en ese apartamento había sido procesada hasta parecer una espuma negra». Comentó el funcionario sobre el operativo en que falleció Boby.

Según el funcionario de la Fiscalía, esta espuma era adherida al fondo de una maleta, lo cual la hace muy difícil de detectar por los controles de un aeropuerto. En otras palabras, esta solución de cocaína con plástico no puede ser separada con el imán mágico de Rosso José Serrano. Para recuperar la cocaína oculta en esta espuma negra es necesario utilizar productos químicos como la acetona, un solvente que permite recuperar la droga como si jamás hubiera estado mezclada con plástico.

En febrero de 2008, la policía de España incautó 16 kilos de cocaína en el fondo del equipaje de dos mujeres rumanas que habían viajado a Madrid desde Río de Janeiro. En esa ocasión, las autoridades informaron de que la droga había sido descubierta gracias a un trabajo de inteligencia, dado que esta presentación resulta imposible de detectar por cualquiera de los métodos conocidos hasta el momento, perros incluidos.

En la Fiscalía colombiana también afirman que el allanamiento en el que murió el perro fue producto de un trabajo de inteligencia. Las autoridades colombianas desconocen si es posible detectar esté plástico negro mezclado con cocaína en los controles de un aeropuerto. Pero pueden afirmar con toda certeza que el material no es letal para ningún perro. «La muerte del perro fue producida por vapores que se liberan durante el proceso de elaborar cocaína negra, pero no por el producto terminado», me dijo la misma fuente de la Fiscalía.

La cocaína negra es tan solo un escalón en la escalera sin fin de la guerra contra las drogas. Mi sentido pésame para los agentes antinarcóticos de todo el mundo, no en vano el manual de las autoridades estadunidenses encargadas del control aduanero se llama: Armas inusuales, métodos para encubrir contrabando y cosas que te hacen preguntarte por qué decidiste ser policía.

 

*Este artículo se publicó originalmente en VICE Colombia.

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