Andrea Hernández ejerce como fotoperiodista en Venezuela.

Este artículo fue publicado originalmente en Creators, la plataforma de arte, diseño y tecnología de VICE.

Por Claudia Tirado

Todas las fotos por Andrea Hernández

Caracas. Exterior. Protesta pacífica que se convirtió en represión. El caluroso sol del mediodía. Pánico y más pánico. Personas corriendo, heridos, socorros a lo lejos. Un país hecho pedazos. Guardias Nacionales Bolivarianos lanzando bombas lacrimógenas a diestra y siniestra. Una joven, en el medio, documenta con su cámara en la mano, observa a través del visor lo que pasa y, a través de ella, vemos la historia. Se trata de Andrea Hernández, una comunicadora social de 26 años que se encarga de hacer fotos y mantener la calma en el campo de batalla que son las calles de Venezuela, donde la rabia de un pueblo sin miedo abunda porque ni el gobierno, ni el hambre, ni la delincuencia, son excusas para quedarse callado.

Andrea, influenciada por Gauguin, por sus compañeros y por Venezuela, lo ve todo. Dejó la cámara un rato y se sentó con nosotros para contarnos quién es ella, cómo lo hace y qué es lo que piensa.

 ¿Cómo llegaste aquí?

Voy a comenzar desde el principio. Lo primero es que mis papás son muy amantes del arte y yo toda mi vida he estado expuesta a ese tipo de cosas: a las artes plásticas, a la música y a todo eso. Sobre todo por mi papá. He ido a galerías desde chiquita, de toda la vida. De hecho, recuerdo que a mi abuela le hicieron un tallado de todos sus nietos y en el tallado yo salía con una paleta y un pincel porque yo pensaba que quería ser pintora cuando creciera. Pero lo que pasó después fue que me enamoré de los libros y más adelante decidí estudiar Comunicación Social. El periodismo me apasiona mucho: poder combinar imagen con periodismo es casi tan rico como una combinación de chocolate con tocino, que sí existe y es muy bueno.

Estás haciendo fotoperiodismo, pero, ¿sientes que haces arte?


Yo no lo llamaría arte, pero sí está influenciado por eso. Sí hay gente que hace fotoperiodismo y arte a la vez; sin embargo, la verdad es que yo llevo muy poco tiempo haciendo fotos como para decir que hago arte. Hay trabajos hermosos de fotoperiodismo que provoca enmarcar.

¿Toda tu mente, tu concentración y tu inspiración está puesta en Venezuela ahorita?


Sí, sin duda. No hay espacio para más nada, porque todo el país nos está comiendo, y ahorita más que nunca. Sobre todo porque es mi trabajo retratar esa vorágine.

¿Qué sientes cuando estás en el campo de batalla que es la calle ahorita?
Me pongo en modo ejecutivo. En esa crisis pienso en términos de logística y de estética, entonces analizo hacia dónde me voy a mover para hacer la mejor foto posible y retratar de la mejor forma posible lo que estoy viendo. También para dar un sentido de belleza, porque encontrar belleza en ese caos tan fuerte que hay en la protesta es complicado. Ordenar los elementos que yo no controlo me cuesta, entonces me muevo muchísimo.

Como fotógrafa de calle, ¿en qué te basas para tomar tus decisiones fotográficas?
Tiene que ver con dos cosas. La primera es que lo que yo considero como el sujeto de la noticia esté lo mejor expuesto posible. Expuesto en el sentido de que yo pueda dar mayor información sobre esa persona. Y, en segundo lugar —pero igual de importante— es en cómo esta imagen va a tener armonía. Yo todavía estoy en el punto de averiguar cuáles son las reglas para poder romperlas.

¿Cuál es tu sentir con respecto a todo lo que está pasando, teniendo en cuenta la profesión que estás ejerciendo?
Me siento como suspendida en gelatina porque no entiendo, no tengo ni idea a dónde estamos yendo. Y lo más importante sobre toda esta situación es eso: saber a dónde vamos, entonces intento no pensar demasiado en términos de pasado y futuro porque me da mucha ansiedad. Ansiedad porque son cosas que yo no controlo.

¿Crees que todo lo que estás viviendo con Venezuela va a influir siempre en tu trabajo?
Claro, claro. Para empezar, esto es una gran escuela. Aparte, uno sí pasa trabajo en esas situaciones de conflicto y sé que eso me está preparando para poder hacer algo parecido en el futuro o incluso para tener criterio sobre lo noticioso.

¿Qué sientes que has aprendido en estos últimos dos meses de protestas?
Todos estos días se sienten como 10 años, sobre todo porque estoy exhausta. Lo que he aprendido es que el compañerismo tiene muchas formas, y lo siento con mis compañeros fotoperiodistas. Dentro de las protestas siempre estamos pendientes de dónde está cada quién y, si le sucede algo a alguno y no podemos ayudar, estamos de testigos. He visto el compañerismo entre manifestantes: hay gente que se ayuda entre sí, inclusive sin conocerse, y he visto cómo madres les preparan arepas a los médicos de Primeros Auxilios de la Universidad Central de Venezuela y se las mandan con mensajes que dicen “valientes”. Eso es bello, es hermoso.

Para terminar, ¿qué le diría la Andrea del futuro a esta Andrea que está metida en las protestas?
Sigue ahí, tú puedes. Resiste.

Su trabajo, más extendido, está en Instagram.

 

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