La historia de Diana hace parte del libro 'Mujeres militares: historias de grandeza al servicio de la paz', apoyado por ONU Mujeres. Foto: Mateo Rueda | ¡Pacifista!

La historia de Ortiz aparece en el libro ‘Mujeres militares: historias de grandeza al servicio de la paz’, patrocinado por ONU Mujeres. Foto: Mateo Rueda | ¡Pacifista!

En falda y tacón puntilla, así recuerda Diana Stella Ortiz su primer desfile con las Fuerzas Militares el 20 de julio de 1992. Ese día marchó junto a otras 24 mujeres, las primeras en formar parte del Ejército Colombiano. Estudió periodismo, pero cuando escuchó que la igualdad había llegado a la institución y finalmente podría servirle a su país, no dudó en presentarse.

Ortiz es la más antigua suboficial de la Fuerza Aérea. Ha participado en misiones a en todo el país, en especial de lucha contra los grandes cárteles del narcotráfico y los grupos armados al margen de la ley. Ahora que el acuerdo de paz está en proceso de implementación, se encarga de transmitir un mensaje reconciliación a los futuros soldados del país.

¡Pacifista! habló con ella sobre su historia, las mujeres víctimas, las victimarias y las militares de Colombia.

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Diana es docente en la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea. Foto: Mateo Rueda | ¡Pacifista!

¿Cómo llego a las fuerzas militares?

Yo ingresé hace 25 años. Tuve el privilegio de entrar a la institución después de décadas en las que sólo los hombres eran llamados a servir a la patria. En 1992, la Fuerza Aérea pensó en las mujeres porque somos dedicadas, consagradas y perfeccionistas. Abrió 25 vacantes en áreas tecnológicas como periodismo, contabilidad, administración, odontología, entre otras. Ese fue un programa piloto, pero ahí demostramos la importancia de la mujer dentro de las Fuerzas Militares. Les abrimos el camino a 500 suboficiales y también a las primeras mujeres formadas en nuestras instituciones en 2007. Hoy en día, detrás de todo está una mujer. Si un avión se daña, la mujer está ahí. Si se necesita información de inteligencia, la mujer también está ahí.

¿Cómo lograron abrir el camino para las mujeres en un terreno por 70 años dominado por hombres?

Los hombres ya estaban mentalizados para que entráramos nosotras, pero la cosa no fue sencilla. Cuando entré, todavía estábamos en la ‘hora Gaviria’, y el batallón quedaba en Madrid, Cundinamarca. Nos tocaba bañarnos a las 4 de la mañana con agua helada. El nivel de exigencia era muy duro. Además, la igualdad aún no se sentía. El primer desfile del 20 de julio, a las mujeres nos hicieron marchar en falda y tacón puntilla, desde la Plaza de Bolívar hasta el Parque Nacional. Hoy , la igualdad se ve mucho más hasta en esas cosas. Ya no vamos en tacón puntilla, ahora es en pantalón y zapatos de charol.

¿Qué debería distinguir a la educación que usted recibió en tiempos de guerra de la que recibirán los futuros soldados del posconflicto? 

Lo primero es que yo estuve en esa guerra y conocí a una Colombia vulnerable, desde la situación precaria de los niños en Amazonas, hasta los embarazos infantiles y la pobreza en La Macarena. Llegué a lugares olvidados y golpeados por el conflicto. Espero ellos, tanto como mis dos hijas, no tengan que vivir eso. Veo a los jóvenes que quieren ingresar a las Fuerzas Militares como a mis hijos. Lo importante es hacerles entender que debemos escuchar al pueblo y obedecer su voluntad, inclusive, estar dispuestos a morir por él.

¿Cómo deberían los colombianos entender a las mujeres involucradas en el conflicto, tanto a las víctimas como a las victimarias?

La guerra en muchas ocasiones trata de arrebatarle a uno su esencia de mujer. Hay que empezar a trabajar por ahí. Por otro lado, necesitamos generar espacios de inclusión y quitarnos las vendas que el conflicto nos puso. El deber de todos los colombianos de paz es abrir un espacio para la inclusión, pero también decirles a esas mujeres que deben luchar por lo que quieren, así como lo hicimos 24 compañeras y yo hace tantos años. No se trata de esperar a que les regalen las cosas, es hacer un trabajo conjunto en el cuál ellas tengan la posibilidad de reintegrarse a la sociedad de forma equitativa.

“Las Fuerzas Militares deben escuchar al pueblo y obedecer su voluntad”

La violencia sexual ha sido patrón de la guerra en Colombia. ¿Cómo acabar con ello?

Sabemos que dentro de las Fuerzas Militares hay víctimas y victimarios de ese flagelo. Invito a las mujeres a denunciar estos actos para que no queden impunes. Nosotras debemos hablar desde el ejemplo y por eso debemos denunciar. Hoy se gestan espacios para que también las mujeres víctimas de esos crímenes entiendan por qué nadie puede vulnerarles su cuerpo y para que sean conscientes del poder que tienen sus palabras. En las Fuerzas Militares hay oficinas de atención. Muchos piensan que son sólo para el Ejército, pero, no, también son para la ciudadanía, para que nosotros podamos ayudar ante cualquier hecho.

Foto: Mateo Rueda | ¡Pacifista!

Foto: Mateo Rueda | ¡Pacifista!

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