Foto: Cortesía Children Change Colombia

El liderazgo en las comunidades no es algo que esté reservado solo para personas con mucha edad y experiencia. Los jóvenes también tienen voz.

A principios de agosto, denunciamos el asesinato de un joven de 16 años que estaba en camino a ser líder social. Es triste que el títular de esa nota sea “Esta es la historia del líder social asesinado más joven de Colombia“, así como es triste también el hecho de reportar la muerte de otros dos líderes de 23 y 25 años, en Turbo y Peque (Antioquia).

Pero por más trágico o indignante que esto pueda ser, también nos deja ver otra realidad, y es que el liderazgo social en nuestro país no es algo que requiera una edad mínima o que esté reservado para personas con determinada edad  o mucha experiencia: hay jóvenes colombianos que desde temprana edad le apuestan a las causas y la transformación de sus comunidades. Los hemos visto liderando proyectos estudiantiles, comunitarios, de género y hasta políticos o de víctimas.

Hay organizaciones que se interesan por el liderazgo juvenil en Colombia, y ese es el caso de Children Change Colombia, una ONG colombo-británica que trabaja desde hace 25 años por los derechos de los niños, niñas y adolescentes del país. Su objetivo es combatir la pobreza, la desigualdad, la discriminación y la violencia. Su trabajo lo hacen con organizaciones locales como Corporación Casa Amazonía, Tiempo de Juego y Fundación Espacios de Convivencia y Desarrollo Social (Fundescodes).

Hablamos con Duncan Millar, director ejecutivo de Children Change Colombia, para que nos contara desde su perspectiva y experiencia lo que opina sobre el liderazgo juvenil, su aplicación en Colombia y el empoderamiento de los jóvenes.

Equipo de Children Change Colombia. Duncan Millar es el tercero de derecha a izquierda | Foto: Cortesía

¡Pacifista!: ¿cómo se pueden empoderar los niños, niñas y adolescentes?

DM: Es una pregunta en la que pensamos mucho. Nosotros tratamos de trabajar primero con con niños, niñas y jóvenes que estén alto riesgo, por ejemplo de reclutamiento o de explotación sexual. Queremos que estén seguros, pero eso no es cuestión de ponerlos en sitios seguros y ya, porque eso no es una solución permamente ni los empodera.

Lo más importante es que los niños y niñas entiendan que son sujetos de derechos, que tengan un entendimiento de los mismos y la confianza para exigirlos. Esto es lo que les hace líderes. Según nuestra experiencia, una vez una persona entiende sus derechos y cómo exigirlos, la voz de esa persona adquiere valor, y en el caso de los jóvenes se vuelven mucho más capaces de liderar procesos en sus comunidades, e incluso a un nivel más grande, en su país.

Justo una de las premisas de la organización es que los niños pueden cambiar Colombia. ¿Cómo un niño o niña puede transformar su país?

Para empezar, el conocimiento de sus derechos, y otras habilidades como la resolución de conflictos, la expresión y el entendimiento de sus emociones, muchas veces permiten que los niños resuelvan situaciones en su entorno inmediato, como en su familia. Por ejemplo, hay niños que han tenido problemas de abuso o negligencia por parte de su familia, y ellos mismos han sido capaces de enfrentar a sus padres y mejorar las condiciones de respeto y comunicación.

A partir de eso, ellos también han sido capaces de exigir a entidades del gobierno y otras instituciones. Hubo un caso en el que unos jóvenes de Putumayo le exigieron a la Secretaría de Educación que cambiaran la oferta de educación en la región, pidieron dos grados más de secundaria con el simple argumento de que si esto existía en otras regiones, por qué no allá. Con el hecho de tener confianza para hacer esa exigencia, cambiaron algo muy práctico y real.

Otro caso fue con uno de nuestros aliados en buenaventura, Fundescodes, que hace un trabajo tremendo en sectores difíciles de la ciudad donde niños se sienten rodeados por la violencia, la inseguridad y falta de servicios básicos. Unos jóvenes de allá participaron en las negociaciones durante el paro cívico de Buenaventura, y presentaron sus intereses y demandas, no de las comunidades en sí, no de los adultos, sino de los jóvenes, de sus necesidades, desde su punto de vista. Esas demandas terminaron haciendo parte del acuerdo que se hizo con el gobierno. 

Colombia es una sociedad joven, y no se pueden excluir las voces del 40 por ciento de la población, porque así nada va a funcionar. La participación y el liderazgo de los jóvenes es imprescindible para Colombia, que necesita sus talentos. Por cierto, debo subrayar lo irónico de responder esto sin ser joven y tampoco colombiano. Es importante que personas como yo no opinen tanto sobre estos temas, y que dejemos espacio para que los jóvenes opinen.

Muchos jóvenes en Colombia están expuesto a situaciones de reclutamiento, drogadicción, desplazamiento, violencia intrafamiliar… sean líderes o no, ¿cómo alejarlos de estas realidades a partir de incentivos positivos?

Es importante que los jóvenes tengan espacios donde puedan ver otras posibildades distintas a estos problemas. Esa es una forma de alejarlos de riesgos como las drogas. No minimizamos los problemas, pero empezamos con la idea de que la mejor forma de protegerse es entender sus derechos y saber que hay otras posibilidades, y los adultos deben proveer esas posibilidades.

No podemos poner fin a cosas como el narcotráfico, entonces es importante que los niños se protejan y sepan cuáles son los riesgos de involucrarse en esas actividades. No vale la pena solo decir “no haga eso”, porque si no hay entendimiento de los niños y las niñas de los riesgos y las alternativas, o si no existen alternativas, no van a escuchar. Hay que empoderar a un joven para que vea cuáles son las alternativas y cómo lograr sus propios sueños.

Foto: Cortesía Children Change Colombia

¿Qué tanta responsabilidad se le puede “entregar” a un joven? Tal vez en esas edades uno no piensa en cambiar el mundo, o en conocer sus derechos…

Es muy importante enfatizar en que primero los adultos son los que tienen la responsabilidad de proteger los derechos de la niñez. No es responsabilidad de los niños y de las niñas protegerse. Ellos, con cierto entendimiento, la capacidad de expresarse y exigir el cumplimiento de las obligaciones de los adultos, pueden seguir siendo niños y disfrutar de una niñez que merece sus derechos.

No es que todos los niños y niñas siempre tengan que estar en talleres sobre cómo hablar con el presidente, es mucho más sencillo que eso: es que sepan qué debe ser y qué puede ser la niñez. El mensaje no es que los niños solos tengan responsabilidad, son los adultos quienes la tienen.

Hace poco más de un mes registramos la muerte de un joven de 16 años en Medellín, que estaba en proceso de volverse un líder social.  Han dicho que lo mataron por robarle, pero la familia no descarta que fuera por su rol de líder juvenil. Todas estas ideas románticas, o bonitas, ¿cómo se pueden aterrizar en una realidad violenta a veces que no distingue edades?

Es trágico. Es por eso que creemos que se pueden hacer cosas de tamaño pequeño. Las habilidades y la autoconfianza que un niño puede aprender no tienen que ser solo para el escenario grande de las políticas públicas, o ni siquiera tienen que ser públicos en ningún sentido. Porque mostrarse como líderes en una comunidad puede tener sus riesgos, claro, incluso para jóvenes.

Esas cualidades y habilidades de liderazgo son para todos. En cierta forma, nosotros decimos que todos los niños pueden ser líderes, en el sentido de sus propios intereses, sus relaciones con los demás, y saber cómo funcionan sus comunidades. Solo con eso pueden ayudar a construir una comunidad en la que es menos probable que vayan a ver la violencia de formas tan horribles como la que describes. La de resolución de conflictos, y pensar que la violencia y el conflicto no es una necesidad y no es la única forma de relacionarse es algo que se debe aprender, y con eso puedes cambiar a tu comunidad así no te conviertas en un líder social reconocido.

Eso no quiere decir que tenga respuesta a la pregunta, porque es difícil. Desde mi punto de vista, como extranjero, es una de las preguntas más difíciles cuando se habla de Colombia. Queremos tener una sociedad en la que el Estado sirva a los intereses que todos, y que los niños y jóvenes puedan decir lo que quieran y participar en procesos democráticos. Pero al mismo tiempo sabemos que en muchas partes del país no permiten eso para nadie, y menos a los jóvenes.

¿Cómo cambiar esa situación? No tengo respuesta… ¿Quién la tiene? Pero sí estamos seguros de que un paso hacia este cambio es que los niños puedan desarrollar sus talentos, su confianza, sus relaciones, su expresión y el entendimiento de sus derechos. Esto es imprescindible para que una sociedad que ha visto años y años de conflicto pueda cambiarse.

Si todo esto sale bien, ¿qué podemos esperar del futuro?

Lo que sabemos como orgainzación es que en cualquier parte del país hay un montón de talento. Incluso con un porcentaje mínimo de las capacidades que ahora no pueden florecer y expresarse, solo con un 10 por ciento de eso, Colombia va a ser uno de los países más admirables, equitativos, ricos y avanzados del mundo.

El reto para Colombia es cómo aprovechar lo increíble del talento que existe, por ejemplo el de los jóvenes. Estoy seguro de que si Colombia puede desarrollar esos talentos excluidos o escondidos, va a ser un país no solo para unos pocos, sino para todos. Hay recursos naturales de riqueza que hasta ahora no han sido explorados, pero más que eso, hay recursos humanos.

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