Foto Santiago Mesa

Foto Santiago Mesa

En los días previos a la votación del plebiscito del 2 de octubre de 2016 se sentía la tensión en el aire. “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?” era la pregunta que iba a estar en el tarjetón. Había una clara división entre los que votarían ‘No’ y los que votarían que ‘Sí’. Se veía mucha movilización social alrededor de estas elecciones y había debates por doquier. No era para menos después de más de 50 años de guerra.

Para dimensionar lo que estaba sucediendo, la Misión de Observación Electoral (Moe), estudió la cantidad de menciones que tuvo el plebiscito en las redes sociales, entre el 17 de junio al 9 de octubre: fueron más de tres millones en total. De ellas, el 60 por ciento eran neutrales, el 29 por ciento contenían mensajes de odio, intolerancia y ofensa; y solo el 11 por ciento tenían mensajes de esperanza, tolerancia y optimismo.

Sin embargo, todo este entusiasmo no se trasladó a las urnas. De casi 35 millones de personas habilitadas para votar, solo 13 millones ejercieron su derecho al voto, es decir que apenas 37,4% de los colombianos fueron a dar su respuesta al Acuerdo final (62,6% de abstención). Más de 21 millones de personas se quedaron en la comodidad de sus casas esperando el resultado de los que sí votaron. Ya vinieron entonces los costos políticos de renegociar los acuerdos, pero hablando de plata, ¿cuánto fue lo que desperdiciamos?

El Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, aprobó un presupuesto de 280.000 millones de pesos para la logística de estas elecciones, vistas como un evento extraordinario entre los gastos fiscales. Esta cifra incluía a 17.000 supernumerarios, 3.800 funcionarios activos de la Registraduría, la impresión de 36.000 planillas y más de 81 mil mesas de votación.

Vea también: Entre la esperanza y las ofensas, así fue la conversación del plebiscito en redes sociales

Si todos los colombianos habilitados hubieran votado, cada voto le hubiera costado al país unos 8.000 pesos, pero solo votaron 13 millones de personas, entonces cada voto pasó a costar 21,500 pesos. Un incremento de más de 13.000 pesos por persona. En resumidas cuentas, 175.000 millones fue el costo de la abstención. Y esa plata se perdió.

Para ilustrar la cifra de dinero desperdiciado,  hicimos varias comparaciones:

  • La visita del Papa Francisco en septiembre costó alrededor de 30.000 millones, es decir que con lo que costó el plebiscito el Papa hubiera podido venir casi seis veces a Colombia, para la dicha de los creyentes en el país.
  • La primera línea de metro en Bogotá va a costar 563.000 millones, con lo ‘perdido’ en el plebiscito, se podría pagar un poco más de una tercera parte para cumplir el sueño de por fin tener un medio de transporte más decente que el Transmilenio.
  • Se decía que el deprimido de la 94 costaría 46.000 millones, sin embargo el costo final fue de 170.000 millones con ocho años de retraso. Esta cifra resulta próxima a la comparada.
  • El presupuesto para recreación y deportes en Colombia ha venido decendiendo los últimos dos años. Para el 2018, el Gobierno propuso la cifra de 223.000 millones, así que con el dinero que no fue aprovechado por los votantes, se podría pagar más de la mitad del presupuesto anual de los deportistas olímpicos del país.

Desde Samper no votábamos tan poco

Hay que rescatar que a diferencia del referendo de 2003 –con el que el expresidente Álvaro Uribe quería cambar varios artículos constitucionales y que solo tuvo un 25 por ciento de participación– al plebiscito por la paz asistieron más votantes, explicó en una entrevista con ¡Pacifista! el Registrador Nacional, Juan Carlos Galindo.

Cuando hablamos con el Registrador, nos explicó que a pesar de la abstención, este fue “un proceso novedoso que se organizó en apenas cinco semanas”. Además aclaró que “fue una gran oportunidad para la democracia”. Sin embargo, dadas las altas cifras de quienes no salieron a votar, esta oportunidad no fue tomada por los colombianos.

Comparemos la abstención con otras elecciones. En el año 2014, las elecciones presidenciales costaron 232.000 millones y tuvieron dos vueltas. En la primera vuelta, 59.9% de los colombianos no votaron, en la segunda vuelta la cifra se redujo a 52,3%. Ambas cifras son menores a la de abstención del plebsicito. En las elecciones presidenciales de 2010, las cifras de abstención para primera y segunda vuelta fueron de 50,7% y 55,6% respectivamente.

De hecho, la única cifra que ha superado la abstención del plebiscito, fue en la primera vuelta presidencial de 1994, donde 66,2% de los colombianos no votaron. Estas fueron las elecciones en las que Ernesto Samper sucedió a César Gaviria.

Para Galindo, a pesar de todo, Colombia “fue un ejemplo para el mundo” al llevar a las urnas una decisión tan importante como la aprobación de los Acuerdos de paz. Que los votantes no hayan acudido fue un asunto lejano a la labor de la Registraduría. Simplemente, fueron los colombianos, mayoritariamente, quienes prefirieron no ejercer su derecho al voto.

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