Foto de Andrei Gómez

 

 

Columnista: Andrei Gómez-Suárez*

“El desafío que plantea el concepto de multitud consiste en que una multiplicidad social consiga comunicarse y actuar en común conservando sus diferencias internas;” esta afirmación es parte de la propuesta de democracia radical de Antonio Negri y Michal Hardt plasmada en su libro Multitud (2004).

Ninguna frase condensa mejor el reto que tienen las movilizaciones en defensa de la paz que han surgido en Colombia después del triunfo del No en el plebiscito. Para entender este reto es necesario primero hacer una topografía de algunas iniciativas.

El domingo 2 de octubre varios grupos de jóvenes esporádicamente convergieron en el Park Way. Alrededor de unas velas emergió un diálogo que terminó convocando a un número mayor de personas que transitaban y así se conformó la primera Asamblea de #PazALaCalle. Desde entonces ha habido tres asambleas, que cada vez convocan a más personas para deliberar y tomar decisiones frente a la incertidumbre política desata por la no refrendación del Acuerdo de Paz. Las asambleas pueden verse por live streaming por diferentes sitios web.

El lunes 3 de octubre empezó a circular en WhatsApp la convocatoria a la Marcha del Silencio. Esta convocatoria surgió de un grupo de personas que se reunieron en la Plaza de Bolívar para respaldar el Acuerdo de La Habana; rápidamente varías campañas del Sí se unieron y empezaron a convocar a los que votaron Sí y No a reuniones en diferentes puntos de Bogotá. El martes 4 de octubre, universidades en otras ciudades de Colombia se unieron a esta marcha organizada por los estudiantes.

Mientras en Bogotá se articulaban diferentes colectivos e iniciativas, un grupo de jóvenes decidía que se quedaría a acampar en la Plaza de Bolívar después de la Marcha del Silencio.

El 5 de octubre desde las 4pm empezaron a llegar personas al Planetario de Bogotá. A medida que se agrupaban los estudiantes, empezaban a cantar comparsas. A las 6pm algunas personas circulaban entre los asistentes recordándoles que la marcha sería en silencio. La Plaza de Bolívar se llenó como pocas veces. A las 10pm era aún difícil salir de la Plaza por las personas que todavía buscaban entrar. La mañana siguiente los colombianos se enteraron por los medios de comunicación que se había instalado el Campamento Permanente por la Paz.

El Campamento ha recibido la atención de medios nacionales e internacionales. Además ha despertado el apoyo de miles de ciudadanos que al enterarse han regalado comida, utensilios, y han hecho donaciones para comprar incluso una planta eléctrica alimentada por energía solar.

A lo largo de los primeros 10 días, la articulación de varias iniciativas ha resultado en dos mega-plataformas. Una,  donde se encuentran estudiantes de universidades privadas, intelectuales, políticos, un espectro que recoge a personas de “clase media y clase alta”. Y otra donde confluyen los sectores organizados de izquierda, como ONGs de Derechos Humanos, Congreso de los Pueblos, Marcha Patriótica, las centrales obreras, los movimientos de mujeres, indígenas, afros, los estudiantes de universidades públicas, y algunos congresistas del Polo y el Partido Verde.

Obviamente muchas personas circulan entre los múltiples espacios y plataformas. No hay fronteras definidas. A pesar de que en las reuniones se pueden palpar las tensiones entre las múltiples agendas, éstas se resuelven recordando el propósito que las convoca: evitar volver a la guerra. Defender la paz.

Esto quedó demostrado en la Marcha de las Flores, el 12 de octubre. Ese día convergieron, los indígenas, la Marcha Patriótica, las víctimas, y ellas contaron con la participación decidida de múltiples personas que se han sumado a #AcuerdoYa, al Campamento Permanente por la Paz, y las organizaciones de LaPazSeMoviliza.

La permanencia en el tiempo de la movilización que empieza a tomar vuelo en la sociedad colombiana será determinante para definir la hoja de ruta para refrendar e implementar el Acuerdo Revisado de La Habana. Sin embargo, esto dependerá de que las iniciativas pequeñas y autónomas no terminen siendo cooptadas por los actores y/o grupos que terminen estableciendo un liderazgo en la incidencia con el gobierno.

Precisamente, el resultado inesperado producto de la derrota del Sí ha sido la activación de una sociedad civil que hasta hace poco era apática e indiferente. La interpretación de un país divido entre buenos y malos se ha ido difuminando en medio del ejercicio mental de ponerse en los zapatos de otro.

El ejemplo más concreto es la iniciativa #UnaCartaParaLaPaz. Según sus impulsoras la idea surgió el 2 de octubre al pensar cómo se estarían sintiendo los guerrilleros en sus campamentos después de los resultados del plebiscito. En una semana recibieron más de 300 cartas y encontraron un canal –distinto a Servientrega– para mandarlas. Sin ningún recibo en las manos, confían en que lleguen a su destino y en recibir respuesta individual o colectiva.

Es imposible mencionar todas las acciones que están en marcha. Pero una cosa es clara: muchas responden a visiones y motivaciones diametralmente opuestas de país. No obstante, en este momento confluyen y se revitalizan en un proyecto de nación que opta por la construcción de confianza, por el reconocimiento y la protección del otro.

No hay un centro coordinando de todas las campañas. Por el contrario, la movilización hoy en Colombia es el resultado de lo que los expertos en redes llaman la “inteligencia de enjambre”. Afortunadamente nuestra esencia animal, las capacidades genéticas heredadas, parecen hoy salvarnos de los cálculos políticos que han estado cerca de devolvernos a la guerra. Así pues, la multitud tiene la llave de la paz.

*Profesor y Consultor en Justicia Transicional y miembro de Rodeemos el Diálogo

@AndGomezSuarez

ARTÍCULOS RELACIONADOS