Foto: Santiago Mesa.

Carlos Arturo Velandia fue durante varios meses facilitador entre el Gobierno y el ELN. Foto: Santiago Mesa.

Carlos Arturo Velandia, conocido como “Felipe Torres” en sus tiempos de comandante del ELN en el sur de Bolívar y el noreste antioqueño, es uno de los artífices de la negociación entre ese grupo guerrillero y el Gobierno que está a punto de comenzar. Ofició como facilitador para iniciar una fase exploratoria y ha sido consultado por las partes en varios momentos.

Inició su vida insurgente a finales de los años 70 y llegó a ser miembro de la dirección nacional de ese grupo. A comienzos de 1994 fue capturado por el ejército, pagó 10 años de cárcel, vivió 7 más exiliado y en 2012 regresó al país. Hace poco fue capturado de nuevo y el primero de agosto de este año fue puesto en libertad. Ahora espera en Bogotá el inicio de la fase pública de negociaciones entre el Gobierno y la guerrilla de la que hizo parte casi tres décadas.

Velandia dice que es un buen momento para negociar con el ELN, quizás el mejor de todos, porque el Gobierno está haciendo un esfuerzo grande por cerrar para siempre el capítulo de los conflictos armados en Colombia.

Hablamos con él sobre los condimentos que tendrá esta etapa de diálogo, sobre cómo llega la estructura del ELN a la mesa de Quito y cuáles pueden ser las lecciones que deja el proceso de paz con las Farc a este nuevo intento de negociar el fin de la guerra con la insurgencia.

 

¿Qué podemos esperar del inicio de las negociaciones entre el Gobierno y el ELN?

Este jueves habrá un acto protocolario, seguramente muy sobrio como corresponde a las dos delegaciones. La instalación de la mesa estará marcada, seguramente, por la participación del presidente (Rafael) Correa y por discursos tanto del Gobierno como del ELN.

Me imagino que el ELN dará un discurso histórico, muy parecido al de las Farc en Oslo. Esto no debe sorprender a nadie. La guerrilla lleva construyendo su discurso 52 años, han perfilado cada palabra y en este momento, que es histórico, tendrá un contenido y un tono que no debe sorprendernos. Sin embargo, lo importante es la agenda que van a empezar a negociar y que, seguramente, conducirá a un acuerdo político.

 

¿Qué opina de la lista de negociadores que presentó el ELN?

La lista que publicaron no me dice absolutamente nada. Salvo los nombres de Aureliano Carbonell y Pablo Beltrán, todos los integrantes son nuevos.

 

Las discusiones se harán en rondas de 45 días, muy diferente a la negociación con las Farc, ¿esto puede leerse como un afán del Gobierno por sacar un acuerdo cuanto antes? 

Para nada. Habla, en cambio, de la mesura con la que se quiere trabajar. Aquí nadie tiene afán, las partes saben que esto no puede ser como arreando ganado y toma su tiempo. Unas rondas así de largas permiten medir y calcular el tiempo, y establecer a qué se le dedica más espacio, de acuerdo con los temas de negociación. Me parece buenísimo que hayan rondas de 45 días para discutir.

 

¿Cómo llega el ELN a esta negociación? ¿Cohesionado o dividido? 

Totalmente cohesionado. No me cabe la menor duda y creo que frente a eso se ha creado el mito de la dispersión en el ELN. Esa guerrilla está totalmente subordinada al Comando Central – Coce, y la delegación que llega a Quito representa la totalidad de la organización.

 

¿Qué significa que “Antonio García” no haga parte de los negociadores en esta etapa de los diálogos? 

“Antonio” ha cargado sobre sus hombros el peso de 3 años de negociaciones exploratorias con el Gobierno, por eso creo que es necesario y conveniente hacer cambios en el equipo negociador ahora que comienza la mesa de Quito. Es apenas natural que haya movimiento en las delegaciones, así como los hubo en el equipo del Gobierno.

 

A propósito de cambios, ¿qué le puede aportar a la mesa de Quito la llegada de Juan Camilo Restrepo como jefe de la delegación del Gobierno?

Juan Camilo Restrepo es una persona muy conocida, querida y valorada en el país. No es un líder político que llega a la mesa precedido por escándalos, es un señor muy serio y con un talante que el país conoce. El presidente escogió a la mejor persona para liderar su equipo negociador, no tengo duda.

 Extender las negociaciones más allá de 2018 sería un error descomunal

Usted fue determinante en algunos momentos de la fase exploratoria, ¿jugará algún papel en esta nueva etapa de diálogos?

Puede ser, pero para que eso pase las partes tendrían que solicitarlo, y eso no ha sucedido aún. Tanto Francisco Galán como yo (los dos han servido de facilitadores en varios momentos de acercamiento) tenemos toda la disposición de ayudar pero ellos deben solicitarlo. Lo que sí le digo es que no nos van a ver, ni a Pacho ni a mí, metiendo las narices en la mesa de Quito.

 

¿Cree que el modelo de comunicación debería ser similar al del La Habana?

No, ya es diferente. La agenda de negociación tiene un protocolo de comunicación que tiene elementos diferentes a los de la mesa con las Farc. Habrá comunicados conjuntos pero cada delegación puede hablar de manera autónoma. Yo creo que en este proceso va a haber más comunicación y más transparencia.

 

Es muy difícil hablar de tiempos, sobretodo con una guerrilla como el ELN. Pero, ¿cuánto cree que se debe demorar esta negociación?  

 Sin duda esta negociación va a ser más corta que la de La Habana, sería absurdo gastar más tiempo que con las Farc. En la mesa de Cuba se produjeron elementos de utilidad que se van a incorporar, sí o sí, en el diálogo con el ELN. El tema Víctimas, por ejemplo, le tomó a los negociadores del Gobierno y las Farc un año y medio de diálogos, con esta guerrilla no va a tomar ese tiempo.

Esta no va a ser una paz exprés, pero tampoco va a ser un proceso a las volandas. Los diálogos con el ELN van a demorar el tiempo necesario para lograr un buen acuerdo político. Hay que pensar, también, que el inicio de estos diálogos públicos se da en un contexto político favorable: la gente quiere que se haga la paz, todo el mundo está enfilado al fin de la guerra.

Hasta la oposición está en una actitud de cooperación para lograr un gran acuerdo. Todos los astros están alineados para que se haga la paz con este gobierno. Extender las negociaciones más allá de la duración de este gobierno sería un error descomunal.

 

¿Qué lecciones aprendidas deja el proceso de paz de La Habana?

 Más que errores, hay experiencias exitosas que pueden ser replicadas en los diálogos de Quito. Se puede replicar la metodología de discutir varios temas de forma paralela, hay delegaciones suficientemente amplias y el tiempo político exige ser muy diligentes para aprovechar el tiempo con la mayor eficiencia. Vivimos tiempos donde un día que se pierda es un desperdicio en términos históricos imperdonable.

Discutir varios puntos de la agenda al tiempo significa mayor racionalidad, menos agotamiento, mejor aprovechamiento de los recursos humanos, del apoyo internacional y una respuesta más eficaz de la sociedad civil.

 

¿Cuáles pueden ser los riesgos de la negociación que comienza?

Las partes deben ser muy acuciosas en la metodología que empleen, en los tiempos, contenidos y en la participación de la sociedad civil. Esa participación no puede ser anárquica ni conducir a diálogos inútiles. La presencia de los sectores sociales debe ayudar a encaminar el fin de la guerra.

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