Ilustración: Juan Ruiz

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Después del entusiasmo de los primeros días posteriores a las elecciones, el hashtag no ha conseguido la misma fuerza en la calle (aún). 

Por primera vez en la historia reciente de Colombia un político de izquierda llegó a la segunda vuelta presidencial y obtuvo una votación que superó la barrera de los ocho millones de votos. Gustavo Petro perdió contra el candidato de derecha, Iván Duque, pero justo después de su derrota – cerca de las 6:00 p.m. del pasado 17 de junio– comenzó a circular en redes sociales un hashtag llamado #LaResistencia, que al menos en principio pretendía encausar toda esa fuerza electoral para advertirle al nuevo gobierno que lo observarían con ojos vigilantes.

Algunos medios de comunicación declararon entonces a #LaResistencia como un movimiento ciudadano que daba sus primeros pasos, pero lo que vino después nos hizo preguntarnos: ¿lo es en realidad? Si lo es, ¿cómo es eso de ser la resistencia? ¿Cómo nació? ¿Quién lo creó?

Por eso en ¡Pacifista! nos dimos la tarea de encontrar a los ‘pacientes cero’ de este fenómeno, para entenderlo e intentar una aproximación al alcance que podría tener. Así pues, un primer hallazgo: entendimos que hay varios elementos alrededor de La Resistencia. Por un lado, están las creadoras del hashtag #LaResistencia. Por otro, existe también un creador de un banner para las fotos de perfil de Facebook. Y por otro y último, hay un grupo en Facebook que quiso seguir la tendencia del numeral en Twitter.

Lo impactante del fenómeno es que cada elemento fue creado por separado, por personas que no se conocían. La armonía en la que crecieron estos tres casos en redes sociales fue algo completamente orgánico, tal vez uno en consecuencia del otro, pero sin planeación.

Hay que empezar por la periodista Catalina Ruiz-Navarro. De hecho, en la búsqueda que emprendimos con nuestro equipo digital, encontramos que fue ella la primera persona en usar el hashtag (#LaResistencia) en Twitter tras la victoria de Iván Duque. Sin embargo, cuando hablamos con ella, nos explicó que no se quiere “adjudicar la autoría única, no es como que este hashtag se me haya iluminado de la nada”.

A pesar de que el término ‘resistencia’ ha tenido connotaciones de violencia en el país y otros lugares del mundo, Catalina explica que decidieron usar el hashtag porque vieron que ya se estaba usando en las redes sociales, simplemente “leímos el contexto de lo que estaba sucediendo en los días previos a las votaciones”.

Junto con la activista Mónica Roa y Claudia Gómez, Catalina creó un grupo en Whatsapp cuando se decidió la segunda vuelta, porque entendían “el peligro que representaba Álvaro Uribe en el poder. Si perdíamos, queríamos inventarnos un ejercicio para canalizar todas las energías y todas las frustraciones”.

Así que, en el momento en el que Petro se declaró el perdedor de la contienda, ellas ya tenían preparados trinos, fotos y memes, que además habían pasado a personajes estratégicos para que el mensaje se replicara con facilidad. Periodistas, académicos, autores, actores y líderes de opinión hicieron parte de esta movida.

Mónica Roa explica que los mensajes por los que optaron “debían ser incluyentes, sin importar por quién hubiera votado la persona, teníamos que convencerla de que podía hacer parte de una oposición”. Decidieron pensar desde la ciudadanía y no como un partido político, quisieron que este hashtag fuera enteramente una iniciativa de los civiles.

“La ciudadanía tiene un montón de causas que le interesa proteger”, comenta Mónica cuando habla de los integrantes de La Resistencia, “actualmente, la solidaridad es lo único que nos permite proteger las causas diversas”, concluye. 

Mientras las tres mujeres –todas desde países diferentes a Colombia– mandaban comunicaciones estratégicas en redes sociales, en el mitin de campaña de Gustavo Petro, el candidato hablaba del “esfuerzo de centenares de miles de abejitas libres y poco domadas”, que le sumaron más de ocho millones de votos. Explicaba que en Colombia estaba naciendo una fuerza nueva, especialmente entre los jóvenes que se politizaron masivamente en estas elecciones. En frente de él, miles de asistentes gritaban “¡el pueblo no se rinde, carajo!” y después en un unísono: “¡Resistencia, resistencia!”.

Esa misma noche, un grupo de estudiantes convocó a un encuentro en el Parque Nacional, para marchar por la paz ante la amenaza para los acuerdos con las Farc que representaba la llegada de Iván Duque al poder. Llegaron más o menos 40 personas y marcharon hasta la Plaza de Bolívar. #LaResistencia estuvo en sus carteles y en sus cánticos.

Durante los días siguientes, las redes sociales no callaron con respecto a los resultados de las elecciones. Fue entonces cuando apareció el grupo #LaResistencia en Facebook (que ahora tiene más de 3.000 miembros) y, aparte, el banner para poner ‘Soy la resistencia’ en la foto de perfil de los usuarios.

Sin embargo, ante la sorpresa del crecimiento rápido de ‘la marca’ algunos involucrados tuvieron problemas para identificar cuál era el paso a seguir. Por ejemplo, de los cuatro administradores del grupo en Facebook, apenas uno (en realidad una) tomó el liderazgo, los otros tres renunciaron y prefieron mantenerse  en el anonimato, alejados de su creación, ante el aparente cariz político que estaba tomando. De hecho, el creador del grupo –con quien conversamos– decidió ‘tomarse un tiempo’ porque sentía que el grupo era ‘demasiada responsabilidad’ y no sabía qué alcance podría tener.

Detrás de este grupo –que es privado– se crearon otros tres grupos llamados ‘La Resistencia’, que oscilan entre los 300 y 2.600 miembros. Además de pequeños grupos de barrios: por ejemplo ‘La Resistencia Usme’ o ‘La Resistencia Chiquinquirá’.

Cuando quisimos conversar con el usuario creador del banner para las fotos de Facebook obtuvimos una muy corta respuesta. Le propusimos hablar del tema y contesto afirmativamente: “Sí, creo que este tipo de cosas hay que conversarlas. Cuéntame cómo sería”. Preguntamos y propusimos varias cosas, pero no recibimos ningún mensaje más de su parte.

Muchas intervenciones, pero pocas acciones

Era viernes 22 de junio en Bogotá, apenas cinco días después de que Colombia hubiera decidido quién sería su próximo presidente. En una pequeña casa cultural en el corazón de Teusaquillo, se transmitía por las redes que los de ‘La Resistencia’ se iban a reunir. Un grupo de amigos fumando en la entrada de la casa fueron abordados por una de las organizadoras del evento, “chicos, ya es tarde, por favor no fumen acá afuera porque nos llega la Policía”. A la par iba a haber reuniones esporádicas en Cali y Barrancabermeja. 

“Somos como 60, ¿no? a puro ojo”, gritó otro de los organizadores de la reunión mientras se paraba en una de las sillas en un salón dentro de la casa. El salón era pequeño y no le cabía nadie más. Se concretó que cada persona que alzara la mano iba a tener una intervención de tres minutos en donde expondría su aporte al grupo.

Los asistentes eran diversos: desde jóvenes con mochilas wayúu o ruanas, pasando por gente mayor y madres acompañadas de sus hijos. “Todo el mundo está hablando en redes y no veo que nadie se mueva en las ciudades”, dijo una chica de saco morado. Otra mayor le respondió, “¿cómo nos vamos a tejer para ser una masa crítica que genere ruido?”, pero nadie respondió a la pregunta.

Durante la reunión, se habló de fraude electoral, de marchas por las ciudades principales, de ‘un fascismo que está naciendo mundialmente’, de llevar al cabo alguna acción ‘en el aeropuerto El Dorado’, de ‘primero sanar el interior’, de ‘hacer fake news para atraer militantes’. Se habló de todo, pero no se concretó nada. Tampoco existieron voces que lideraran la reunión, por tanto, tres horas se convirtieron en meras intervenciones sin conexión entre ellas.

Ángela Cruz, una de las administradoras del mencionado grupo en Facebook levantó su voz en una de las intervenciones, pidió perdón por haber llegado tarde y explicó que no iban a “tomar liderazgo como administradores del grupo, simplemente queremos ser un canal para ayudarlos a replicar los mensajes”.

¿Existe una hoja de ruta para un movimiento social?

“No había tiempo para llorar y lamentarnos”, explica Catalina, para ella La Resistencia tiene que “mantenerse sin una cabeza caudillista, encontrar liderazgos flexibles, cautivar a los votantes que apenas están cumpliendo la mayoría de edad”. Para las usuarias primarias del hashtag, este es un proyecto que debe considerarse de “largo alcance”, según Mónica “es posible que siga adelante sin cabezas y trabaje sin dirección, así son los movimientos sociales”, concluyó.

Así que hasta ahora existen pocas certezas sobre si La Resistencia se mantendrá activa, más allá de la intención vigilante de miles de usuarios que quieren estar atentos de las disposiciones del gobierno entrante. El relevo generacional en los votantes podrá ser clave para nutrir esta iniciativa y que no se quede solamente en las redes sociales, pero eso hasta ahora es una especulación derivada de la intensión que muestran algunos usuarios.

La irreverencia y energía tendrá que acompañar a los que quieran hacer algo de lo que al menos podría ser considerado un movimiento naciente. No es suficiente hacer grupos en Facebook, crear banners para fotos o trinar desde la comodidad de su casa, “hay que llevar la protesta a las calles”, recomendó Catalina.

Ya vermos lo que viene en los próximos meses con el cambio de Gobierno…

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