Foto: María Flórez

Con guaduas y madera, los guerrilleros construyen las áreas comunes de la zona veredal de Icononzo. Foto: María Flórez

“Aquí no hay nada”, dicen varios de los 287 guerrilleros que viven en la zona veredal del municipio de Icononzo (Tolima). Aunque está a cuatro horas en carro desde Bogotá (es la más cercana a la capital), la infraestructura de esa zona es una de las más atrasadas del país. El viernes pasado, durante una visita de verificación ciudadana encabezada por los congresistas Iván Cepeda y Alirio Uribe, ¡Pacifista! pudo constatar que en Icononzo el Gobierno no ha puesto la primera piedra de las áreas comunes que pactó con las Farc el pasado 17 de enero en las sabanas del Yarí. No lo ha hecho porque el comandante de esa zona, “Carlos Antonio Lozada”, suspendió las obras.

Las demoras en las construcciones son, en parte, responsabilidad de “Lozada”. El jefe guerrillero ordenó suspender las adecuaciones porque funcionarios del Gobierno “habían hecho un contrato para realizar unas obras sin tener en cuenta el acta (del Yarí), que ya se había acordado para el tipo de construcciones que se necesitaban en las zonas veredales”, según le dijo al portal VerdadAbierta. Preguntado sobre el tema en el recorrido de verificación, “Lozada” dijo que “la discusión que estamos planteando es que no por el hecho de que estas zonas sean transitorias se debe construir algo que no reúna las condiciones mínimas de dignidad para los combatientes”.

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El Gobierno aún no ha podido entregar el material para los alojamientos. Las Farc los construyeron con madera y lonas. Foto: María Flórez

La versión de “Lozada” es la misma de Carlos Córdoba, gerente de las zonas veredales. Consultado por ¡Pacifista!, Córdoba contó que “Lozada” lo llamó y le dijo “que necesitaba que alguien de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (Oacp) fuera y revisara, porque habíamos comenzado las obras sin el visto bueno de él”. Y agrega que envió al campamento a un coordinador regional de la Oficina en Tolima, a quien las Farc le comunicaron que querían “unos metros más en las áreas comunes y una distribución distinta” de los espacios que se iban a construir, todo lo cual incrementaba los tiempos y los costos.

Pero el tema central de discusión, según Córdoba, es un pedido de “Lozada” para construir una vía interna que, de acuerdo con estimaciones de los contratistas, cuesta mil millones de pesos. Como la Oacp pidió reconsiderar la solicitud, “‘Carlos Antonio’ mandó a decir que no se continuara con la obra hasta que fuera alguien del Gobierno y le solucionara el tema de la vía”.

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Las herramientas con las que se construye el campamento son propiedad de los guerrilleros. Foto: María Flórez

En ese escenario, Córdoba concluye que “las Farc siguen mostrando que el Gobierno no hecho nada, que no ha avanzado, pero si no me dejan entrar a hacer los campamentos, esto se sale de toda lógica”. Este jueves, el Gerente de las zonas veredales se reunió con “Marco León Calarcá”, delegado de las Farc en el Mecanismo de Monitoreo y Verificación, para encontrar salidas a las diferencias por las construcciones en Icononzo y en otras áreas, como las dos que están ubicadas en San José del Guaviare (Guaviare). “Iván Márquez”, delegado de la guerrilla en el Consejo Nacional de Reincorporación, también está al tanto del tema.

En el tire y afloje, los que cargan con las dificultades son los guerrilleros rasos, que están a cargo de las construcciones y que ni siquiera tienen agua potable.

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La noche del pasado jueves el campamento se inundó por cuenta de las lluvias y los guerrilleros tuvieron que reparar sus caletas. Foto: María Flórez

La vida en Icononzo

La entrada a la zona veredal de Icononzo está a unos cien metros cuesta arriba de una carretera destapada. Es una finca de tres hectáreas que tiene recepción con cocina y carpa, una casa principal hecha de ladrillo, baños, cocinas, y cientos de habitaciones individuales dispersas por un terreno empinado. Casi todo está hecho en tablas y cubierto con lonas y plásticos. El lugar fue construido a pulso por las Farc.

Diego Suárez es uno de los mandos de la compañía José María Carbonell, la guardia personal de “Lozada”. Su estructura fue la primera en llegar a la zona, a mediados de diciembre pasado. Según cuenta, desde hace dos meses los guerrilleros bajo su mando, y los demás que fueron llegando, se han dedicado a levantar bodegas de abastecimiento, cocinas improvisadas, redes de suministro de agua y casas en tabla para las guerrilleras gestantes y lactantes. Todo, con los materiales que se trajeron al hombro desde los puntos de preagrupamiento.

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Los armerillos en los que se resguardan las armas durante el día también fueron construidos por las Farc. Foto: María Flórez

Pero una cosa distinta pronosticaba el acuerdo del Yarí, suscrito a principios de año por el presidente Juan Manuel Santos y por los jefes guerrilleros “Carlos Antonio Lozada” y “Pastor Alape”. En él, el Gobierno se comprometió a que las zonas veredales contarían con redes de agua y de luz, pozos sépticos, baños, lavaderos, duchas, comedores, cocinas, aulas, bibliotecas, bodegas, canchas de fútbol, áreas de primeros auxilios y de esparcimiento, oficinas, parqueaderos y salas para atender a las guerrilleras embarazadas o con niños de brazos. El presidente Santos también acordó arreglar las vías cercanas, trazar caminos peatonales y construir vías internas “de común acuerdo”. Según el documento, la ubicación de las áreas comunes y de los alojamientos sería definida por “los contratistas del Gobierno y un delegado de las Farc”.

Sin embargo, a menos de cuatro meses de que se ponga punto final a la dejación de armas, en la zona de Icononzo no se ha construido uno solo de esos espacios. Suárez insiste en que “todo lo que usted mira acá lo hemos levantado nosotros. Ellos (los contratistas del Gobierno) han venido, han mirado, pero no han adelantado otra cosa distinta a destapar la carretera”. Esos y otros retrasos tienen preocupados a los guerrilleros.

Nasly Guevara, una de las integrantes de la guardia de “Lozada”, dice que “por parte del Gobierno no hay ni una viga de amarre. Cuando llueve hay inundación total en las caletas (habitaciones) y la gente se moja, porque los techos son de plástico. Estamos viviendo con remiendos, porque no hay materiales para construir nada”. David Castañeda, otro de los guerrilleros que vive en Icononzo, opina que “las adecuaciones debieron empezar antes de que nosotros llegáramos a las zonas”.

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Guerrilleros de las Farc construyen una cocina improvisada. Foto: María Flórez

Con los retrasos también han llegado inquietudes relacionadas con la reincorporación de los combatientes, que es el otro objetivo de las zonas veredales. Isabela San Roque, guerrillera encargada del trabajo de organización política de las estructuras que acampan en Icononzo, asegura que “la lentitud en la construcción de las zonas también implica retrasos en muchas de las actividades de reincorporación. Por ejemplo, lo que tiene que ver con educación y con homologación de saberes no ha podido arrancar de manera formal, pese a que hay universidades listas a contribuir”.

En diálogo con la prensa durante la visita de verificación realizada por Cepeda y Uribe, el propio “Lozada” dijo que, “hasta ahora, ni en la Comisión de Seguimiento a la Implementación, ni en el Consejo Nacional de Reincorporación, se ha podido abordar en profundidad el diseño de los planes y los programas de reincorporación” de los siete mil guerrilleros que están a punto de dejar las armas.

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