Este es un extracto del documental ‘Días y noches entre guerra y paz’.

Desde principios de los años 90, Uli Stelzner, un cineasta alemán, se encargó de retratar en sus películas la realidad de Centroamérica. Especialmente del pueblo guatemalteco que en dicha década y  al igual que Colombia, sobrellevó un conflicto y un Proceso de paz. Su documental más reciente, Días y noches entre guerra y paz, que se estrenará en Bogotá este 2 de octubre, reproduce los eventos del plebiscito de hace un año, cuando el ‘No’ ganó la consulta que pretendía avalar lo acordado entre el gobierno y las Farc.

A propósito del año del plebiscito, en ¡Pacifista! hablamos con Uli Stelzner sobre ese día y las lecciones que Colombia puede aprender de un país como Guatemala.

Uli, cuando usted llegó a Colombia el año pasado no tenía pensado grabar una película…

Eso es cierto, no tenía ese plan. Vine a Colombia para dar varios talleres de cine documental en el Cauca y en Antioquia, para compartir con mis estudiantes las experiencias de posguerra de Guatemala. También organice una muestra de cine en Bogotá con películas sobre procesos de paz de otros países: Ruanda, Sudáfrica, Perú, Guatemala y El Salvador.

Entonces ¿qué lo llevó a hacer un documental sobre el plebiscito?

Días y noches entre guerra y paz no es una película sobre el plebiscito solamente, sino sobre la situación que estaba viviendo el país. Yo sentí la energía, la vibra que estaba en el aire en los días antes del referéndum. Y cuando supe que las Farc iban a organizar su décima conferencia, cogí la cámara chiquita que tenía –que servía más para sacar fotos que para filmar – y fui a los Llanos del Yarí, sin guión, solo siguiendo mi intuición. Para mi era un lujo trabajar así, totalmente libre.

Uli Stelzner, director de cine documental.

Entrevistó a Luís David Celis, un excombatiente de las Farc en los Llanos del Yarí en Meta. También, el día del plebiscito estuvo en Santa Ana, un pueblo antioqueño. ¿Cómo fue esa experiencia?

Yo estaba trabajando en un taller con jóvenes en Santa Ana el día del plebiscito. Fui a grabar porque me pareció importante ver que pasaba en un pueblo pequeño el día del referéndum, lo que es una cosa completamente diferente a lo que pasa en una ciudad. Me pareció sumamente interesante lo que se dio ese día en un pequeñito ‘Macondo’, fuera de foco de todo el mundo. Creo que me salió una película muy polifónica, con muchas voces que son históricas y pueden causar un debate interesante en Colombia.

En Santa Ana, ‘el pequeño Macondo’, votaron 120 personas y ganó el ‘Sí’. Sin embargo en el país ganó el ‘No’. ¿Qué sentió en aquel momento?

Yo creo que mi compañero, que me ayudaba en Antioquia, y yo éramos de los pocos que miraban la televisión para saber los resultados. La mayoría de la gente no le dio demasiada importancia.

¿Cómo así?

Por la simple razón que ya no confían mucho en el sistema, en el Estado, en la cultura política del país. En el pueblo tienen problemas muy concretos: los intentos de privatizar el agua, el tema de la recuperación de sus tierras. Cuando hablé con los campesinos me di cuenta que varios no querían votar porque no entendían muy bien quién se iba a beneficiar de ese proceso. Se entendía que no tenían claro qué es lo que contenían esas 300 páginas del tratado de paz y que no confiaban en el Estado, porque también habían sufrido bastante de la mano de las fuerzas armadas. Por otro lado, decían, “nosotros llevamos años tratando de recuperar nuestras tierras, no hemos conseguido nada, y a los combatientes de las Farc se les va a dar dinero y tierras”. La abstención en la votación en ese pueblo era fácilmente del 50%.

En 1999 en Guatemala el pueblo también votó ‘No’ en el plebiscito constitucional. La participación en la votación no alcanzó el 19% de la población…

Yo no lo viví directamente, viví esa fase a través de mi película sobre los alemanes en Guatemala, Los Civilizadores, que ha sido una revisión de la historia guatemalteca mediante la migración de los alemanes y su rol económico, político y cultural en ese país. Ese filme causó una reacción muy fuerte en el país porque refleja los problemas fundamentales de Guatemala: el despojo de tierras durante el siglo XX, la militarización, la exclusión, el racismo.

Este es otro de los extractos.

¿Ve parentescos con los procesos existentes en Colombia hoy en día?

La similitud entre los dos casos la vi desde el punto de vista de las experiencias de Guatemala de hace 20 años, donde el resultado fue sumamente frustrante para el país. Había mucha esperanza durante la firma de la paz, había un acuerdo que nunca se puso en marcha. Si se lo hubiese realizado, creo que Guatemala sería un país muy diferente.

¿Es este el futuro que ve para Colombia? 

Creo que hay una diferencia importante entre Guatemala y Colombia. En Guatemala realmente fue el gobierno que ganó la guerra, entonces durante la firma de la paz no se vio mucha oposición política. La exguerrilla, URNG (Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca) se ha convertido en un partido con muy poca relevancia política. Un acuerdo de paz se puede volver realidad pero, si no hay voluntad política de parte de la sociedad, y sobre todo de la élite política, corre el peligro de seguir siendo guerra: solo que de baja intensidad visible.

¿En qué sentido?

Veo que este acuerdo de paz puede correr el peligro de perder su importancia. Hay ciertos intereses políticos, la presión internacional es fuerte y estamos viviendo una época de extractivismo. Todo eso ocurrió en Guatemala. Apenas se firmó el acuerdo de paz, se privatizaron las comunicaciones, la salud, la educación y el país tomó un rumbo totalmente negativo. Actualmente en Guatemala hay más muertos al día que durante la guerra, entre 15 y 20 personas son asesinadas diariamente.

¿Qué pueden aprender los colombianos de la experiencia de Guatemala? ¿A qué deberían prestarle atención?

Siento que, comparado con Guatemala en aquel tiempo, en Colombia hay más voluntad de parte de la sociedad civil. Hay muchas iniciativas de aceptar y trabajar por este proceso, por la integración de los excombatientes, por hacer un país más justo. Pero, la paz no se va a lograr dentro de una generación, es un proceso sumamente largo. Hay demasiada gente afectada por la guerra, las heridas van a seguir abiertas durante mucho tiempo.

Entonces, ¿se necesitan otros 50 años?

No sé decir. Creo que sigue habiendo una intransigencia de poder político en Colombia de cara a afrontar los cambios necesarios. Las causas del conflicto siguen ahí, es decir los recursos y las tierras. Son problemas muy concretos. Colombia es un país muy desigual, si no se logran revisar esas reformas, se puede fracasar. Es muy importante ver qué tanta energía logra invertir la población en este proceso, y no dejar que sean los otros quienes tomen las decisiones. Sobre todo por esa coyuntura casi a nivel latinoamericano, la del Estado con intereses corruptos. Siempre es un peligro que al Estado se la vaya tanto la autoridad, como los recursos para solucionar sus problemas.

¿Qué le ofrece de novedoso su documental a un colombiano que vivió la incertidumbre del plebiscito?

Durante las movilizaciones que se hacían en Bogotá pude hablar con muchas personas, escuchar diferentes voces acerca de la paz desde varios rincones del país. Los discursos de la gente en la película son de la gente común y corriente, ahí no hay ningún líder político, ninguna autoridad, ninguna institución. Es un guerrillero, un campesino, son los estudiantes, es el pueblo que se expresa. Es muy importante que los colombianos escuchen todas esas voces, para entender su propio país. La urbe tiene su propia dinámica, sus formas de interactuar y esta película tiene mucho carisma, cada protagonista es muy diferente, con un discurso que logra humanizar la guerra. La guerra ha tenido muchísimas caras, muchísimas expresiones en todos los rincones de Colombia y creo que tener esta posibilidad de acercarse y escuchar a esas voces que demuestran que la complejidad del conflicto no va a dejar a nadie indiferente. Es energía humana de la que nadie se puede escapar.

 

Días y noches entre guerra y paz se va a presentar en varios lugares de Colombia. Aquí les dejamos la programación y el trailer.

Bogotá

Lunes 2 y martes 3 de octubre 2017, 6 pm. Sede de la Fundación Heinrich-Böll Colombia. (Calle 37 No. 15-40)

Cali/Palmira

Miercoles 4 de octubre 2017, Universidad Santiago de Cali/Seccional Palmira, 7pm. ,Sala de Juntas, Piso 4, salon 405

Palmira

Sabado, 7 de octubre 2017, 6 pm. Centro Cultural Palmira Guillermo Barney Materon (Carrera 29 N-30-40)

Cali

Jueves 5 de octubre 2017, 7 pm. Universidad Santiago de Cali, Ciudadela Pampa Linda, auditorio de Derecho, Bloque 2, Piso 1

Sábado 7 de Octubre, 2:30 pm. Proartes Cali

Esta función se dará en el marco del Festival Manda La Vida.

Granada/ Antioquia

Sábado 14 de octubre, 6 pm, Parque Central

Santa Ana/Antioquia

Domingo 15 de octubre, 6 pm, Parque Central

Medellin

Martes 17 de octubre, 4 pm, Museo de la Memoria.

Miercoles 18 de octubre, 5 pm, Universidad de Antioquia. Sala de Cine Luis Alberto Álvarez.

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