Ilustración por Sara Pachón.

Divergentes le propone, de la mano de organizaciones de mujeres, un manual sobre qué no se debe hacer, cómo se puede prevenir y cómo ayudar a alguien en una situación de acoso.

Por Lou Guérin 

Esta semana, del 8 al 14 de abril, se realizan en el mundo distintas actividades a propósito de lo que se ha llamado la Semana Internacional contra el acoso callejero, una iniciativa creada en 2017 por la ONG Stop Street Harassment en Nueva York. Colombia también se ha unido a esa iniciativa gracias al trabajo de varias organizaciones de mujeres, sobre todo universitarias, que han convocado a varios eventos en la capital del país en torno a esa problemática: talleres de defensa feminista, proyecciones de documentales, reflexiones artísticas, entre otras.

El acoso callejero se define, según la organización Stop Street Harassment, como “la violencia callejera basada en género (que) consiste de comentarios no deseados, gestos y acciones impuestas por un extraño en un lugar público sin consentimiento y dirigidas hacia la víctima debido a su sexo real o percibido, género, expresión de género u orientación sexual”. En Colombia el acoso sexual es un delito según el Artículo 210-A del Código Penal, y es penalizable con hasta tres años de cárcel.

El acoso callejero, y en general el acoso sexual, no son accidentes ni situaciones esporádicas. El hecho de estar inmersos en una sociedad patriarcal hace que ese tipo de comportamientos se normalicen e influencien el desarrollo mental de los niños chiquitos. No en vano uno crece pensando que besar a la princesa cuando está dormida es normal, que es una demostración de amor. Pero, tomando distancia, ¿a quién se le ocurre besar a una desconocida dormida? En un mundo en el que la sexualización de las mujeres está espolvoreada en los medios de comunicación y en el que abundan los juicios sin fundamentos sobre cómo se debe comportar una mujer, una movilización masculina para hacerle frente al problema siempre es bienvenida.

El acoso es una de las manifestaciones de una violencia sistémica que afecta a las mujeres y que, en gran parte, es ejercida por hombres. Eso es una realidad innegable que cientos de encuestas y estudios demuestran:

Según un informe del Instituto Nacional de Medicina Legal, en 2017 se registraron 35.690 casos de violencia hacia mujeres por parte de su pareja en Colombia. Otra encuesta, realizada por la Fundación Thomson Reuters, encontró que las ciudades latinoamericanas tienen las condiciones de transporte público más peligrosas para las mujeres; Bogotá encabeza la lista como la más peligrosa —la misma Alcaldía no es ajena a esa situación—. Por otro lado, y más recientemente, el aumento de las denuncias de casos de acoso sexual en las universidades y su difusión mediática deja claro que la violencia de género es una stiuación grave, sistemática y que es ejercida casi totalmente de hombres a mujeres.


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Porque no todas las formas de acoso son claras o explícitas en el imaginario de ciertas personas, decidimos hablar con algunas de las organizadoras de la Semana contra el Acoso Callejero y hacer un corto manual de consejos para abandonar comportamientos que constituyen acoso y que, tal vez, usted aún no reconoce como tal.

Laura Alvear —coordinadora de PACA—, Nicole Muñoz —integrante de Polifonía—,  Natalia Giraldo y Nani Barrantes fundadoras del colectivo No Me Calle —Algunas integrantes de la Escuela de Kick Boxing Rosa Elvira Cely —y  Emilia Márquez —codirectora del área sexo y género de Temblores ONG— fueron las cinco activistas que consultamos y que nos dieron sus consejos sobre cómo no ser un acosador.

Esto no es un ataque, no son comentarios hostiles, es una guía real y amable para tomar consciencia sobre comportamientos que son violentos y que tal vez no reconocemos como tal.

Manual para no ser un acosador

  • No mirar directamente a ciertas partes del cuerpo de una chica 

¿Recuerdas cuando, entrando a la adolescencia, te cambiabas con tus compañeros y se miraban para ver a quién le habían crecido los músculos o los pelos púbicos? ¿Recuerdas cuando se volteaban a ojear aunque no lo quisieras? Esa incomodidad es la misma a la que estás sometiendo a una mujer cuando miras intrusivamente a una mujer. Estás invadiendo su intimidad.  

  • No persistir en encontrarse con ella “casualmente”

Tienen clases juntos y, bueno, le hablas. Pero luego la sigues al almuerzo, te sientas al lado suyo en la biblioteca a propósito, le vas a hablar cuando está en un café aunque no te haya invitado en ninguno de esos casos. Hmm mejor no lo hagas.

  • No comentar el físico de una mujer 

“Pero es halagador, es para hacerla sentirse linda”. El problema es que si lo haces en la calle estás invadiendo su espacio personal, interrumpiendo su vida cotidiana para decirle algo que se te pasó por la mente. Es importante decir que los piropos que incomodan no son todos vulgares, puede ser un poema del siglo XIX, aun así puedes hacer que algunas personas se sientan incómodas.

  • No tocar el cuerpo de otra persona, especialmente en lugares llenos de gente

Ni porque sea el Transmi en hora pico, ni un concierto ni un bar (así todos estén borrachos) es justificación para tocar a otra persona. “Sí, pero a veces es imposible no tocar, ¿entonces cómo hago?” Piensa en la otra cara de la moneda: la mayoría de las mujeres encuentran formas (a veces increíbles) de no tener contacto físico cuando los hombres no pueden controlar sus manos. ¿Por qué no podrías hacerlo tú también?

  • No silbar

Puede ser importante aclarar que las mujeres no son animales a los que se llama con silbidos. Una cosa es lo que dice una canción de reggaeton, otra es la vida real.

  • No señalar, ni llamar la atención con gestos obscenos o miradas lascivas

Lo único que logras es verte mal. Eso no te va a llevar a ningún lado.

  • No reaccionar ante los comentarios morbosos de un profesor hacia una de tus compañeras

Especialmente cuando es un comentario en medio de una clase: es más fácil reaccionar con el apoyo de las y los otros estudiantes.

  • No por ser lesbiana está permitido burlarse de una mujer

Si te topas con parejas lesbianas, homosexuales o personas trans sólo olvídate de eso de creer que son bichos raros y consideralos como tu equivalente.

Dejando los comportamientos nefastos a un lado, el acoso también se puede prevenir en otras situaciones, modificando de a poco la forma de pensar:

  • Entender que no se tiene el derecho de opinar cada vez que se quiera

Si ves a una mujer no tienes que gritarle algo y, si te animas, ¿por qué no tratar de compartir esa forma de pensar con tus amigos?

  • Dejar la recocha vulgar

Compartir fotos de la novia en Whatsapp, no es normal. No es que uno no se pueda reír con los amigos de confianza, pero no tiene por qué compartir fotos, videos o mensajes sin el acuerdo de la persona afectada.

  • Olvidarse de los roles sociales de hombres/mujeres

Ambos tenemos características ‘femeninas’ o ‘masculinas’, un hombre llora, una mujer es fuerte.

  • Ponerse en los zapatos de las mujeres,

En muchas situaciones algo que puede parecer normal no lo es si se piensa desde el otro lado. Piensa: “si a mí me agarraran la cola en broma, ¿me gustaría?”.

  • Dejar de juzgar

No es “puta” por vestirse así, por tener el pelo de ese color o porque se le vea la ropa interior. Nadie te cuestiona por usar pantalones cortos y dejar ver tus brazos.

Si ninguna de las situaciones anteriores se aplica a lo que tú haces, tienes que saber que también hay formas de participar e intervenir en episodios de acoso sexual incluso cuando tú no estás involucrado. Como puede no ser tan fácil saber cómo reaccionar al ver una situación de acoso, te proponemos formas de intervenir directamente: 

  • Primero, acercarse a la víctima 

Puedes preguntarle cómo se siente. Es posible que no te conteste o te conteste mal por estar en estado de shock. No importa, hay que tener paciencia y ser atento.

  • Si es una situación peligrosa, pretender conocer a la acosada

Puedes interpelarla y, así, crear una barrera invisible entre ella y el acosador. Un “Oye, hace mucho no te veía” podría funcionar.

  • Dirigirse al acosador y preguntarle qué le pasa.

Cuestiónale, pregúntale por qué está tocando a una mujer sin consentimiento, por ejemplo.

  • Proponerse como testigo para acompañar a la persona a la policía.

Si no quiere, no pasa nada. Pero muchas veces denunciar el acoso es muy difícil sin testimonio de un tercero.

  • Reafirmarle a la víctima que fue un acto de violencia y estuvo mal, no tiene la culpa.

Frecuentemente se sienten vulnerables y necesitan ese apoyo.

  • Ayudar a la persona a encontrar a sus amigos

En lugares como discotecas, donde es difícil saber si es acoso o no, lo mejor es que se quede con alguien de confianza. 

  • Encabezar las luchas

Te puedes involucrar en organizaciones o movimientos feministas para entender que esta es una lucha de todos y todas.

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