EDITORIAL | Las inquietudes de las mujeres afro, campesinas e indígenas no han aparecido en la campaña presidencial. Estamos a tiempo de que esto cambie.

¿Qué les preocupa a las mujeres rurales en Colombia? ¿Qué piensan las lideresas campesinas, indígenas y afro sobre las próximas elecciones? Estas preguntas difícilmente se asoman por la mente de un candidato presidencial cuando escribe sus discursos o cuando estudia para un debate. Los últimos tres encuentros públicos entre los aspirantes lo demuestran: no ha habido ni una sola mención sobre las 15 lideresas asesinadas durante 2017.

Tampoco es frecuente que los medios nos preguntemos sobre las dudas que tienen las mujeres que construyen paz en los territorios. Historias de reconciliación como las de las tejedoras de Mampuján, en Bolívar, o las de las víctimas de Bojayá, en Chocó, podrían darles luces a los candidatos para hablar de paz. Sin embargo, sus testimonios se han quedado en el espacio de las conmemoraciones, los museos y las exposiciones. Es como si ellas estuvieran destinadas a permanecer por fuera de la política electoral y dedicarse, como otros quisieran, a seguir contando sus historias, sus dolores.

Pensar, por ejemplo, en la capacidad de transformación de las tejedoras de Mapuján, víctimas todas del paramilitarismo, es pensar a la vez en soluciones más profundas, desde la vida cotidiana, a los problemas de Colombia. Sin embargo, tanto ellas, como en general las mujeres del país, no cuentan con la representación suficiente. Según el PNUD, Colombia ocupa el puesto 92 de 155 países en el Índice de Desigualdad de Género, una desigualdad que se extiende en todos los aspectos de la vida: acceso al trabajo, remuneración y labores del hogar entre muchísimos otros.

Como si fuera poco, las mujeres que luchan por sobrevivir en los territorios periféricos de Colombia expresan, mejor que cualquier otro actor, las consecuencias de vivir medio del conflicto, aunque no cuenten con los canales para expresarlo. Lo dice la Ruta Pacífica de Mujeres: “Esta guerra, además de prolongada y cruel, es una guerra profundamente masculina. Ejércitos de derecha y de izquierda se combaten mutuamente por conquistar un poder que finalmente todos ejercen de manera excluyente y patriarcal. Las mujeres se han involucrado de manera muy tangencial en el conflicto y su participación como combatientes es marginal. Pero las mujeres son, junto con las niñas y niños, las principales víctimas de esta absurda guerra”.


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Todo esto sin nombrar que en los primeros tres meses de este año hemos confirmado con diferentes fuentes –incluyendo Policía, Fiscalía y organizaciones sociales– los asesinatos de tres lideresas sociales. El primer caso fue el de María Yolanda Maturana, asesinada en Puerto Rico (Risaralda) el pasado 1 de febrero, quien con 65 años era una lideresa ambiental que trabajaba de la mano con la Defensoría del Pueblo en procesos comunitarios. En la zona donde trabajaba –en la frontera entre Risaralda y Chocó– la minería ilegal ha crecido sin control, abriendo un espacio para que los grupos armados sigan alimentándose de las rentas ilegales.

Tanto a María Yolanda como a Sandra Yaneth Luna, víctima de homicidio el 7 de febrero en Tibú (Norte de Santander), así como a María Magdalena Cruz, lideresa de sustitución de cultivos asesinada el pasado 30 de marzo en Mapiripán (Meta), las han sucedido otras personas que se niegan a entregarles los territorios a los grupos armados y, por el contrario, persisten en su defensa. No obstante, al mismo tiempo, resulta asombrosa la poca visibilidad que sus luchas tienen frente a la opinión pública. Impresiona que sus nombres hayan llegado a las noticias solo hasta que los violentos les quitaron la vida. No queremos seguir contando las historias de defensoras ambientales, sociales o comunales asesinadas.

Justamente en esta coyuntura, a tan solo seis semanas de las elecciones presidenciales, estamos convencidos de que sus voces tienen que ser escuchadas por los candidatos a la presidencia. En ¡Pacifista! somos conscientes de que existen cientos de preguntas, preocupaciones y reflexiones por parte de las mujeres que habitan los territorios, pero difícilmente su sentir llega a las capitales, a los debates y a las tendencias en redes sociales. Esto tiene que cambiar.

Fue esta realidad la que nos motivó a buscar a lideresas de diferentes regiones para que nos contaran qué está pasando en sus vidas, en sus comunidades y que a partir de ahí formularan preguntas para hacérselas llegar a los candidatos presidenciales. Es por eso que desde esta semana comenzaremos a publicar una serie de videos en honor de ellas, que hemos llamado Lideresas: correo de voz.

Para ello, buscamos 10 lideresas de diferentes regiones del país, en un trabajo conjunto con el Proceso de Comunidades Negras (PCN), la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic) Mujer Rural y otras organizaciones que trabajan directamente con el liderazgo social en terreno. Queremos abarcar la mayor cantidad de intereses y cuestionamientos posibles a través de sus voces y representacióny, claro, que los candidatos a su vez se acerquen a otras realidades.

Después de todo este esfuerzo, ahora necesitamos ayuda para que el mensaje llegue a su destino final. Ustedes, queridos lectores, pueden darnos una mano con esa meta, difundiendo el mensaje de las lideresas y encausándolo hacia los candidatos y sus campañas en las redes. Si la voz de estas mujeres es apoyada por todos nosotros, difícil será que algún aspirante al primer cargo del Gobierno deje pasar el tema y evite responder sus inquietudes.

Estamos de acuerdo con María Isabel Mena, una de las lideresas que participó en este proyecto, en que en la misión de atajar el exterminio de causas y personas en Colombia, “los saberes femeninos”, como ella los define, han desempeñado un rol fundamental. No es momento para dejarlas atrás. Olvidarlas en este momento no sería justo con ellas, ni con sus regiones.

A partir de hoy Lideresas: correo de voz, queda abierto para todos ustedes.

Lideresas:correo de voz es un proyecto que fue posible gracias al apoyo de Oxfam y el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria (NIMD). 

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