Foto: Tomada de Youtube

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Cuando mataron a Jaime Garzón, la generación de jóvenes que están por sus veintes apenas si daba sus primeros pasos. ¿Cómo explicarles que a pesar del tiempo la justicia de este país no ha podido esclarecer ese homicidio? ¿Cómo negarles que esa impotencia se parece mucho a la impunidad? 17 años son demasiado tiempo para tener más dudas que certezas sobre un asesinato. En especial, porque de no ser declarado crimen de lesa humanidad va a prescribir en 2019.

Para ser justos, hay algo cierto: en el propósito de acabar con la vida de Garzón se aliaron muchos intereses. El problema ha sido, precisamente, desenredar la maraña de responsabilidades y procesar a los involucrados. Empezando por la supuesta desviación de la investigación hasta la presunta participación de militares, el caso ha dado tantas vueltas como las veces que el periodista puso a los poderosos a tragar saliva.

En el aniversario de su asesinato, decidimos recopilar los datos claves de lo que ha pasado en los procesos judiciales desde ese 13 de agosto de 1999, cuando la violencia arremetió contra la voz y el “creo en la vida” de Jaime Garzón.

1. Solo una condena

El único condenado por el asesinato de Jaime Garzón también está muerto. Se trata del excomandante paramilitar Carlos Castaño, sentenciado a 38 años de prisión como coautor del crimen. Por supuesto, no pagó un solo día de cárcel.

Garzón fue amenazado por jefe máximo de las Autodefensas Unidas de Colombia. Él lo tenía tan claro que, tres días antes de su asesinato, el periodista llegó a la cárcel La Modelo para tratar de comunicarse con Castaño a través del también paramilitar Ángel Custodio Gaitán. Dicha conversación nunca ocurrió.

Foto: Wikicommons

Carlos Castaño. Foto: Wikicommons

El ente acusador afirmó que Castaño “lo había declarado objetivo militar porque supuestamente le ayudaba a la guerrilla”. Para esa época el periodista también desempeñaba una gestión humanitaria con la Gobernación de Cundinamarca, que buscaba la liberación de los secuestrados en poder del ELN. En medio de las investigaciones trascendió que Castaño se ponía furioso cada vez que veía al humorista en televisión y se refería despectivamente a él como “betún”.

2. Los que están en juicio

José Miguel Narváez

A finales de julio pasado, terminó el juicio contra José Miguel Narváez, exsubdirector del hoy extinto Departamento Administrativo del Seguridad (DAS). El funcionario fue acusado por la Fiscalía de haber participado como determinador en la planeación y ejecución del crimen que segó la vida de Jaime Garzón. Según el ente acusador, Narváez instigó a Castaño para ordenar el asesinato.

La tesis ha sido ratificada por los testimonios de algunos exparamilitares involucrados en el homicidio. Diego Fernando Murillo, alias ‘Don Berna’, aseguró en una versión libre de 2012 que Narváez llevó una “información de que Jaime Garzón no solo es facilitador de secuestros sino que hace parte de la estructura de las Farc, inclusive llega con una foto, en la cual Garzón está con un fiyac, o sea con una chaqueta camuflada, en una zona del Sumapaz”. El relato termina con la orden que le da Castaño a ‘Don Berna’ de contactar al líder de los sicarios que perpetrarían el crimen.

‘Don Berna’ incluso reveló que ante el rechazo y la conmoción nacional que generó el crimen de Garzón, Castaño le reclamó a Narváez por convencerlo de ordenar el asesinato. “¿Para qué sirvió la muerte de Cepeda Vargas o Jaime Garzón?”, le habría dicho. Justamente, el exsubdirector del DAS es señalado por la Fiscalía de haber participado en el asesinato del entonces senador Cepeda, del secuestro de Piedad Córdoba y de las interceptaciones ilegales cometidas por organismo de seguridad.

En los alegatos finales de su juicio, Narváez insistió, como lo ha hecho a lo largo de su proceso, que no tuvo nada que ver con el homicidio de Garzón.

Jorge Eliécer Plazas Acevedo

Hasta hace dos años, parecía que las deudas del coronel (r) Jorge Eliécer Plazas Acevedo con la justicia iban a quedar pendientes. El exoficial, que se fugó cuando estaba cumpliendo una condena de 40 años por el asesinato del industrial israelí Benjamín Khoudari, llevaba 11 años huyéndole a la justicia. Sin embargo, en julio de 2014, la Fiscalía pudo dar con su paradero en el Meta y capturarlo, justo días después de que fuera llamado a juicio por la participación que habría tenido en el asesinato de Garzón.

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Sobre Plazas Acevedo, que en el momento de los hechos era el director de Inteligencia de la Brigada 13, pesa la acusación de haber ordenado los seguimientos contra el periodista y de participar en el homicidio como coautor. Incluso, dentro de la investigación se ha dicho que el coronel (r) alojó a los sicarios encargados de ejecutar el crimen. 

El ente acusador lo señala de usar “su autoridad y cargo para cometer actuaciones delictuales, en connivencia con miembros del grupo armado ilegal de las autodefensas”. Según Darwin Betancourt Muñoz, uno de los testigos que para la época fungía como informante del Ejército, el coronel (r) le mostró “fotografías de Jaime Garzón descendiendo de los vehículos en los que se desplazaba”.

Uno podía conocer el pensamiento tanto del coronel Plazas como del general (Rito Alejo) Del Río, donde la mentalidad era justamente, decían ellos que dar de baja…

Añadió que lo seguían “hasta RadioNet, creo que era donde trabajaba Jaime Garzón, y le hacían seguimientos para ver con qué personas se movilizaba” y que era en la oficina de Plazas Acevedo donde estas acciones se planearon. Betancourt remató su declaración afirmando que “uno podía conocer el pensamiento tanto del coronel Plazas como del general (Rito Alejo) Del Río -que en ese momento dirigía la Brigada 13-, donde la mentalidad era justamente ajusticiar o asesinar a todas las personas pues que de pronto pensaban diferente al estamento estatal”.

De ahí que la Fiscalía busque demostrar que a Jaime Garzón lo mataron los paramilitares en colaboración con miembros del Ejército. Lo que convertiría al caso en un crimen de Estado. Es más, el Consejo de Estado evalúa si la aparente participación Plazas Acevedo en el homicidio de Garzón implica una responsabilidad estatal.

3. El ventilador que salpicó a los militares

El entramado criminal que fraguó el crimen de Jaime Garzón empezó a destaparse a punta de los testimonios rendidos por exparamilitares. El 7 de julio pasado, la Fiscalía afirmó que el asesinato del periodista estaba “prácticamente esclarecido”. Según la investigación, miembros de la Fuerza Pública se habrían aliado con integrantes de las autodefensas para matar a Garzón.

El investigador del CTI Ender Olegua Castillo, testigo de la Fiscalía en el juicio contra Plazas Acevedo, aseguró que el crimen del periodista fue orquestado en una Junta Militar: “de esa reunión salió la orden para que Castaño hiciera el mandado, el jefe paramilitar obedecía las ordenes de los militares”, relató. Olegua investigó en un primer momento y durante cuatro meses el crimen contra Garzón, pero posteriormente fue relevado del caso porque la labor investigativa pasó a manos del DAS.

En la mira de la Fiscalía está el general (r) Rito Alejo del Río, condenado a 26 años de cárcel por el asesinato de Marino López en Chóco-, quien estuvo dirigiendo la Brigada 13 del Ejército entre diciembre de 1997 y noviembre de 1998. En otras palabras, Del Río era el jefe de Plazas Acevedo para el momento en que éste último habría seguido y hostigado a Jaime Garzón. En sus declaraciones, ‘Don Berna’ también salpicó a Rito Alejo, aduciendo que junto al coronel (r) y Castaño estaban detrás del asesinato.

Foto: Wikipedia.

Monumento a Jaime Garzón. Foto: Wikipedia.

Según el exparamilitar, Del Rio y Plazas Acevedo entregaron información de cuándo y por dónde se movilizaba el periodista. De acuerdo con la primicia de Noticias Caracol, revelada en marzo pasado, los autores materiales tenían croquis y mapas de los seguimientos contra el periodista. En su momento, el fiscal Iván Lombana aseguró que dichos documentos fueron encontrados en un reciente allanamiento a la Brigada XII.  Este 11 de agosto el general (r) Del Rio fue escuchado en versión libre ante la Fiscalía.

El ventilador de ‘Don Berna’ no para ahí. Por sus declaraciones también fue vinculado a la investigación el general (r) Mauricio Santoyo, entonces comandante del Gaula de Medellín y quien con los años se convertiría en el jefe de seguridad del expresidente Álvaro Uribe. Según el exparamilitar, Santoyo ordenó secuestrar a los autores materiales del crimen de Garzón, para entregárselos a ‘Don Berna’ con la intención de desaparecerlos. Un testimonio que pone a la luz el presunto interés que tenían los militares de ocultar información. 

“Santoyo hacía parte de nuestra estructura. El Gaula de Medellín estuvo mucho tiempo bajo nuestro dominio. Santoyo lo hacía por ideología, por la causa, no por dinero”, fueron las palabras de ‘Don Berna’, en una declaración del año pasado. De hecho, el exoficial purga una condena de 13 años en Estados Unidos por sus nexos con el paramilitarismo.

En agosto del año pasado, ‘Don Berna’ también mencionó a los generales (r) del Ejército Enrique Mora Rangel -plenipotenciario del Gobierno en La Habana- y Harold Bedoya. En septiembre de 2012, durante la audiencia de formulación de cargos a ‘Don Berna’, un magistrado pidió investigarlos.

Por su parte, el exparamilitar Freddy Rendón Herrera, alias ‘El Alemán’, aseguró en agosto de 2009 que el asesinato de Garzón lo ordenaron militares desde Bogotá. El enlace con Castaño habría sido, justamente, José Miguel Narváez por pedido de los altos mandos. Una afirmación que se ajusta a la entregada por el también exjefe ‘para’ las autodefensas Hebert Veloza García, alias ‘HH’. Según dijo en una de sus declaraciones a la Fiscalía, Castaño le habría comentado que ordenó la muerte del periodista por hacerle un favor a sus amigos del Ejército.

Ya tenemos identificadas a diez personas del extinto DAS que habrían participado en toda esa maniobra del desvío de la investigación.

4. Desviación de la investigación

Además de la presunta responsabilidad de las Fuerzas Militares en el crimen de Garzón, la Fiscalía está explorando otra línea investigativa para dar con los responsables del asesinato: la desviación de la investigación que se habría hecho desde el DAS. Lo que falta es definir las personas involucradas en el proceso de entorpecer el esclarecimiento de los hechos.

En julio pasado, el entonces fiscal Jorge Perdomo aseguró que la deuda está en “conocer las maniobras que se dieron en el procedimiento inicial, que permitieron ocultar y no dejar avanzar la investigación”. Sin embargo, agregó, hay certeza de “testigos que cambiaron el rumbo de la investigación, eso es lo que nos falta, pero ya tenemos identificadas a diez personas del extinto DAS que habrían participado en toda esa maniobra”.

Foto: Wikipedia

Mural en homenaje a Jaime Garzón. Foto: Wikipedia

Aquí el general (r) Santoyo es una pieza clave, pues según los testigos el entonces comandante del Gaula habría ordenado la búsqueda de una persona para endilgarle el crimen. Así fue como, se cree, Juan Pablo Ortiz, alias el “Bochas”, y Edilberto Sierra, alias ‘Toño’, miembros de la banda encargada de ejecutar el crimen, terminaron capturados e inculpados por el DAS de ser los sicarios. La estrategia, sin embargo, fracasó cinco años después cuando un juez los dejó en libertad por no encontrar una responsabilidad certera.

Además, en un documento revelado por El Espectador en mayo de 2015, se registra que la hipótesis de que hubo participación de altos mandos militares fue desechada. “El montaje y su éxito en el momento de la investigación vinculan los esfuerzos de todo el DAS como entidad”, aseguró el ente investigador.

5. Banda La Terraza y los testigos asesinados

El nombre de La Terraza aparece a lo largo de todo el expediente de Jaime Garzón: fue el grupo delincuencial que ejecutó el crimen. Según se ha establecido, Castaño ordenó contactar a alias ‘Negro Elkin’, comandante de la banda, para que ejecutara el asesinato. En diciembre de 2015, la Fiscalía aseguró que Yeimar de Jesús Arboleda, Alexánder Londoño, Helguin Sánchez y Ángela María George fueron quienes llegaron a Bogotá para silenciar la vida del periodista. Los dos primeros perpetraron el homicidio como tal.

‘Don Berna’ aseguró que en su afán por borrar cualquier rastro del crimen, Carlos Castaño dio la orden asesinarlos y que para tal efecto se utilizaron equipos de interceptación telefónica del Gaula (de Medellín), cuando Santoyo era una de sus cabezas.

Personas que pudieron ayudar a esclarecer el crimen fueron asesinadas. ¿Casualidad? Se trata de Juan Simón Quintero, agente del DAS, quien hizo las primeras investigaciones sobre el asesinato de Garzón con Wilson Javier Llano Caballero, alias el ‘Profe’. Fue Quintero quien señaló a ‘Bochas’ y a ‘Toño’ como presuntos asesinos para desviar la investigación. Luis Guillermo Velásquez Mazo, alias ‘Memo,’ era otro que habría tenido información sobre el plan para desviar la investigación, pero fue asesinado el 9 de mayo del 2001.

Por su parte, Rafael Antonio Moreno Moreno fue asesinado en febrero del 2000 y, según el ente acusador, sabía de un plan fraguado para asesinar a ‘Bochas’ mientras estuvo detenido en la cárcel La Modelo. A la lista se suma Robinson Ramírez Peña, alias ‘Chulo’, asesinado el 18 de octubre del 2000 en la cárcel Picaleña y quien, dijo la Fiscalía, tenía pruebas sobre los verdaderos asesinos. 

A Jaime Garzón le encantaba recordar la traducción que hicieron los indígenas wayuú de un artículo de la Constitución: “Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie ni hacerle mal en su persona aunque piense y diga diferente”. Ni a él, ni a las más de 7 millones de víctimas que ha dejado este conflicto se les cumplió esa frase. Y la justicia, con tantas vueltas, tantos alias y tantos expedientes embolatados, tampoco honra su memoria.

Foto: Wikicommons.

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