Este artículo forma parte de nuestro proyecto #NiUnMuertoMas, de la estrategia latinoamericana de reducción de homicidios Instinto de Vida de Open Society Foundations e Igarapé. Para ver todos los contenidos haga clic aquí.

En América Latina hay un problema que no debería dejarnos tranquilos: la región en que vivimos es la más violenta del planeta. Casi 30 por ciento de los homicidios que ocurren en el mundo tienen lugar aquí, en solo siete países: Brasil, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Venezuela y, desde luego, Colombia. El dato sorprende aún más si consideramos lo siguiente: América Latina es el hogar de solo 8 por ciento de la población mundial.  Y, sin embargo, entre tan poca gente siguen ocurriendo demasiados asesinatos.

Estas cifras deberían ser un escándalo. De hecho, lo serían en otras regiones del mundo. ¿Guardarían silencio ante algo así los ciudadanos de, por ejemplo, los países escandinavos? ¿Sería normal tener una tasa de homicidios tan alta en las economías más desarrolladas de Asia? Creemos que no. ¿Por qué, entonces, a los latinoamericanos nos parece obvio que los homicidios hagan parte del paisaje? ¿Por qué no estamos exigiendo que las cosas cambien?

En ¡Pacifista! estamos convencidos de que no podemos seguir así, de que la naturalización de la violencia y de la muerte seguirá frenando el progreso de las sociedades de este continente.

Por esa razón, a partir de este lunes 24 de abril nos embarcaremos en un ambicioso proyecto para reducir los homicidios en América Latina: con el apoyo de Open Society Foundations (OSF) formaremos parte del grupo de medios de comunicación, centros de pensamiento y organizaciones no gubernamentales que, bajo el sello Instinto de Vida, buscarán estimular un debate regional sobre la necesidad de detener las muertes violentas. Nuestra meta es ambiciosa. Queremos, entre todos, reducir a la mitad el número de homicidios en América Latina en los próximos 10 años. El asunto es urgente y nos compete a todos: se trata de proteger la vida de los hombres y las mujeres que habitan esta parte del mundo.

A DESTERRAR LA VIOLENCIA

Los colombianos vivimos un momento histórico: el gobierno, encabezado por un hijo de la élite tradicional bogotana, firmó un acuerdo de paz con las Farc, una guerrilla dirigida por un comunista quindiano. Este 2017 vemos a una organización insurgente a punto de dejar las armas para transitar a la política, al tiempo que tenemos un Estado con la voluntad de ampliar la democracia, reducir la pobreza en el campo y darle un tratamiento más liberal al problema de las drogas.

Si la implementación del acuerdo con las Farc y el proceso de paz con el ELN son exitosos, es posible que en pocos años tengamos un escenario político que nos permita debatir las ideas sin derramar una gota de nuestra propia sangre. Pero, aun cuando acabemos con el matrimonio histórico entre las armas y la política, todavía estaremos lejos de desterrar la violencia de nuestra vida cotidiana. Nos quedan los muertos del crimen organizado, del crimen común, de la justicia por mano propia, de la frustración salida de control y de la intolerancia. Solo en 2015, según el informe consolidado más reciente del Instituto de Medicina Legal, asesinaron a 11.585 personas en Colombia.

Pero, aun cuando acabemos con el matrimonio histórico entre las armas y la política, todavía estaremos lejos de desterrar la violencia de nuestra vida cotidiana.

El asunto hoy no es distinto.

Solo en abril de 2017 leímos en la prensa titulares como estos: “Asesinado expersonero de Pitalito”, “Joven promesa del fútbol fue asesinado por sicarios en Yondó”, “Por unas empanadas, hombre fue asesinado en Cali”, “Hincha de Alianza fue asesinado en riña contra barras de Millonarios”, “Asesinado miembro de la comunidad Lgbti en Manrique”. La lista es larga. Hoy, en el primer año del posconflicto, nos matamos a una tasa de 24 por cada 100 mil habitantes. Seguimos haciendo alarde, como en la guerra, de nuestra incapacidad de valorar la vida y las decisiones del otro tanto como las nuestras.

En ¡Pacifista! no solo estamos preocupados por el número de asesinatos cometidos en Colombia y en América Latina. Sabemos, por Medicina Legal, que la mayoría de las víctimas son jóvenes: hombres entre los 20 y 24 años, habitantes de ciudad que apenas estudiaron preescolar, asesinados en riñas o en casos que las autoridades eufemísticamente llaman “ajustes de cuentas”. Nos preocupa que seamos los jóvenes, los miembros de una generación que en teoría va a disfrutar de una edad adulta sin guerra, los que estemos perdiendo la vida en las vías públicas de Cali, Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cartagena.

Creemos que, en el tránsito a la paz con las guerrillas, es necesario manifestarnos por esas vidas que se pierden diariamente en las calles. El periodismo es una labor, en primera línea, de visilibilización. Y eso haremos a partir de hoy todas las semanas en ¡Pacifista!: haremos visibles las caras y las razones del homicidio en Colombia y América Latina.

Queremos invitarlos a ustedes, nuestros lectores, a que cuando vean la realidad oculta detrás de las estadísticas de asesinatos en el país y la región lleguen a sus propias conclusiones. A lo mejor estas les permitan movilizarse o, al menos, hacer un llamado urgente para que las autoridades tomen cartas en el asunto y para que entre todos podamos detener la muerte violenta de una parte de los jóvenes de esta generación: jóvenes vulnerables, sin acceso a la educación, muchos de ellos víctimas y victimarios de un mundo criminal que el Estado ha sido incapaz de combatir integralmente.

Convencidos de la pertinencia de esta tarea, publicaremos noticias, reportajes, crónicas, investigaciones y artículos de opinión sobre los homicidios en Colombia y en América Latina. Contenidos que nos ayuden a entender qué nos pasa como sociedad y que nos den luces sobre cuáles son las estrategias necesarias para detener esta vorágine. Esta es una apuesta para recordar a diario el tamaño indeterminable de la injusticia que significa perder la vida de manera violenta; para entender que tenemos el derecho y quizá también el deber de exigir un cambio. Un cambio para, algún día, poner un punto final.

Acompáñennos.

#NiUnMuertoMás

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