"Autonomía" escribió uno de los participantes en el panel de Trans (in)movilidades. Todas las fotos de Santiago Mesa.

Este fue el mensaje que escribió uno de los asistentes al foro Trans (in)movilidades, organizado en la Universidad de Los Andes. Fotos: Santiago Mesa.

Dos mujeres trans casi desnudas aparecieron momentos antes de que empezara el evento. Posaron, como si estuvieran desfilando. Sin pena. ¿Por qué habrían de tenerla? Estaban ahí para demostrar que sus cuerpos son territorios de paz. Por eso, su piel terminó pintada con mensajes que los mismos asistentes escribieron sobre ellas. Así, en medio de pinceles y vinilos, ocurrió el foro Trans (in)Movilidades, organizado por la ONG Parces con la intención de que las personas transexuales dejen de ser violentadas y rechazadas por la sociedad.

Ellas, que se enfrentaron a los ojos de casi 100 espectadores, son víctimas de desplazamiento forzado y han sobrevivido a la revictimización en las ciudades, por cuenta de su género y orientación sexual. Según Julian(a) Salamanca, integrante de Parces, esta pequeña muestra artística busca que “dejemos de censurar los cuerpos trans, que son cuerpos de paz y no de guerra”.

Sentirse violentada adonde vayas

Katia Trillos es una de las defensoras más activas por los derechos de las personas trans.

Katia Trillos se ha dedicado a defender los derechos de las personas trans.

Katia Trillos, defensora de los derechos de las mujeres trans, ha sido víctima del conflicto armado y de violencia policial. Llegó al barrio Santa Fe, en el centro de Bogotá, cuando tuvo que salir desplazada de su pueblo por presiones de los grupos armados. Su historia es la misma de muchas personas transexuales que habitan este lugar y que se han tenido que mover por todo el país buscando un sitio donde no las discriminen.

Vea también: Desplazarse por ser transgénero: las chicas se toman la Zona T de Bogotá

Sin embargo, por más de que en el Santa Fe puedan expresarse de muchas maneras y sentirse algo libres, el lugar no está exento de violencia. Muchas de estas mujeres han sufrido abusos policiales.  “He sido víctima de agresiones sistemáticas por parte de la Policía, son una fuerza armada machista. Luego uno va a poner la denuncia, pero esas entidades que están para hacer valer nuestros derechos no toman acciones”, insistió Katia. Y las cifras le dan la razón: en lo que va corrido del año la Defensoría del Pueblo ha atendido 84 casos de violencia contra la comunidad LGBTI, 26 de ellos contra personas trans.

Katia es un caso especial porque muchas de sus compañeras ni siquiera llegan a poner la denuncia. A veces prefieren callar o dejar el proceso a medias. Dicen que las instituciones no las reconocen como lo que son. Por eso, Parces las ha venido acompañando para asegurarse de que sean tratadas como corresponde y que, en últimas, sus derechos estén garantizados.

Según Sebastián Lanz, miembro de la ONG, en lo que va corrido de año han acompañado a ocho mujeres trans a ingresar al Registro Único de Víctimas (RUV). La discriminación que las ha llevado al desplazamiento suele repetirse en algunas las entidades estatales.

Geografía trans

La Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, en alianza con Parces, realizó unos mapas llamados “Geografías emocionales”, donde se muestra la peregrinación que han enfrentado mujeres trans víctimas del conflicto armado.

Las soluciones del Estado

En la misma mesa en la que estaba sentada Katia Trillos durante el foro se encontraban Diana Mendieta, de la Oficina de Derechos Humanos de la Presidencia, y Susana Rodríguez, de la Defensoría del Pueblo. Ambas reconocieron las fallas del Estado a la hora de atender mujeres trans y prometieron cambios.

“El acceso a la justicia y la lucha contra la impunidad es algo en lo que aún debemos avanzar. El asesinato de una mujer trans tiene unas condiciones diferentes. Estamos avanzando en el fortalecimiento del enfoque diferencial”, sostuvo Mendieta.

El problema es que, como exigió Katia, el personal que atiende a las mujeres trans —sea en la Policía, Fiscalía u hospitales— no está capacitado. Rodríguez aseguró que “la Defensoría del Pueblo ha buscado capacitar y sensibilizar al personal a través de psicólogos y abogados para brindar una mejor atención”, y que el problema es “cultural, pues carga con estereotipos y subjetividades a los servidores públicos”.

Uno de los asistentes escribió "Amor" en el cuerpo de una de las personas trans.

Uno de los asistentes escribió “Amor” en el cuerpo de una de las mujeres trans.

Por ahora el avance para garantizar los derechos de la comunidad LGBTI, sobre todo en el caso de las personas trans, es lento. Los cambios culturales, como dice Rodríguez, toman tiempo. De momento, la Defensoría del Pueblo y la Oficina de Derechos Humanos de la Presidencia se comprometieron a buscar que haya baños ‘neutrales’ en sus instalaciones. ¿Un primer paso? ¿Suficiente?

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