Foto: Cortesía Alto Comisionado para la Paz

Foto: Cortesía Alto Comisionado para la Paz

Humberto de la Calle acaba de confirmar esta semana lo que en los últimos meses ya se asumía como una verdad dentro del panorama político de Colombia: él, con el halo de haber sido el jefe negociador del gobierno en el acuerdo de paz con las Farc, será uno de los aspirantes a la presidencia en 2018. Lo anunció en un evento público en Bogotá, en el que presentó el que hasta ahora se perfila como el eslogan de su campaña: ‘Un país donde quepamos todos’.

En su presentación, De la Calle no anunció si aspirará al máximo cargo de la nación como miembro del Partido Liberal o como candidato independiente, para lo que tendría que recoger 400.000 firmas de ciudadanos que avalen su candidatura. Sin embargo, su nombre en la línea de partida electoral, con una imagen favorable que la más reciente medición de la encuestadora Gallup establece en el 49 %, lo proyecta como uno de los candidatos con opciones de ser protagonista. En ¡Pacifista! hablamos con él sobre los planes que tiene para el país, sobre el rol que tendrán los jóvenes en la próxima etapa política de Colombia y de eventuales alianzas con aspirantes como el exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo o la senadora Claudia Lopez. Esto fue lo que nos contó.

¿Por qué se va a lanzar?

En Colombia la guerra se acabó. Y con el fin del conflicto se abren espacios y escenarios para nuevas realidades. Se van a liberar recursos para asuntos como la educación o la seguridad ciudadana. Se abre un nuevo camino que Colombia estaba esperando hace rato.

He tenido la posibilidad de resolver grandes conflictos es mi vida, como la Constituyente del 91 o los acuerdos de paz de La Habana, por eso me siento capacitado para dirigir este país a partir del próximo año. Quiero una Colombia abierta, pluralista e incluyente, que eleve el nivel del debate público, acabe con los fanatismos y signifique el fin de la inequidad. Quiero conducir a este país por el camino de la paz, la unión y el diálogo. Un país donde quepamos todos.

¿Cómo piensa vincular a los jóvenes a su campaña?

Cuando todo parecía perdido, y la confianza del país en el proceso de paz de La Habana estaba en ceros, los estudiantes nos dieron la fuerza tranquila para transformar un momento de crisis en un escenario de esperanza. Ellos son la base de un proyecto político amplio, que cree coaliciones no solo con partidos políticos sino con las fuerzas vivas de la nación. Los jóvenes son fundamentales para cambiar el país y construir un futuro de esperanza así que claro que espero contar con ellos y con su apoyo.

¿Cómo hacer que ellos se monten en el cuento de la política electoral más allá de marchas o redes sociales?

Es difícil, pues se ha visto que la participación de los jóvenes se da en momentos muy especiales del país. Ahora los necesitamos para construir un proyecto político, en el que se acaben los odios, se desarrolle el sentido crítico y se ponga en cuestión este fenómeno de la posverdad, en el que priman los ataques personales y las relativizaciones a los argumentos juiciosos.

En Colombia hay muchos odios, y me gustaría acabar eso. A los jóvenes hay que motivarlos, con ideas que los seduzcan para que salgan de la posverdad y de las redes sociales y se activen para definir su futuro.

 

Para muchos millennials usted podría representar más de lo mismo, más de lo que no les interesa, de lo viejo. ¿Cómo va a hacerlos cambiar de opinión?

La juventud está en el cerebro y en el espíritu, no en el calendario. Me siento joven y sintonizado con las realidades y las preocupaciones de todo el país. Yo aspiro ser el candidato de los jóvenes, siento que tengo el cerebro, el espíritu y el corazón joven.

¿Ve en el camino alianzas con gente más “fresca” en el mundo político? ¿Claudia López o Sergio Fajardo, por ejemplo?

Claro que sí. A las personas que mencionas y a Antanas Mockus yo los admiro mucho, y tengo permanente comunicación con ellos. Por eso repito que esto tiene que ser una coalición grande, que involucre a todos los sectores que tenemos coincidencias en la manera en que pensamos el país. Esa coalición, además, nos podrá permitir ganar en primera vuelta y emprender este camino hacia el diálogo, la construcción y la paz.

¿Qué fanatismo es más peligroso: el político o el religioso? ¿Por qué?

Ambos. Todo fanatismo atenta contra la esencia de la democracia. La democracia consiste en unas reglas básicas para regular la discusión pública, el paso siguiente es el respeto a las ideas ajenas. La democracia consiste en diferentes perspectivas en un marco de respeto y eso se ve gravemente afectado por todos los fanatismos.

Lo que estoy viendo yo es que hay demasiado fanáticos y pocos seguidores, la sociedad se ha polarizado hacia esas distintivas, y eso precisamente es lo que tenemos que anular para mantener un ambiente de respeto ante la diferencia. La diferencia es una riqueza, no es un problema. Lo que tenemos que entender es que esto es una sociedad multicultural y pluriétnica.

¿Cuál sería su primera medida como presidente?

Entender y llevar a los colombianos a la necesidad del trabajo conjunto con distintas perspectivas, pero recuperar el nivel de la discusión pública colectiva. Esto es una tarea que es producto de la acción de un Presidente de la República, pero también tiene un enorme contenido pedagógico. El siguiente paso es orientar los esfuerzos de todo lo que nos ganemos en torno al fin del conflicto – incluso en términos de recursos humanos y presupuestales – hay que reorientarlo hacia la lucha contra la inequidad.

¿Qué quiero decir con inequidad? La cancha está desequilibrada. Hay niños que nacen en Colombia y que arrancan su vida de más atrás que otros, no todos arrancamos del mismo lugar. Una cosa es un triunfo por razones personales, de méritos, de tenacidad y de capacidad de trabajo, pero eso no es lo que está pasando en Colombia. Muchos niños no logran cumplir sus metas por situaciones ajenas a ellos, por la estructura de la sociedad, los que pertenecen a grupos étnicos, los que nacen en las costas, los que se educan en pequeñas poblaciones, los que no tienen acceso a la educación, las mujeres víctimas de discriminación. Ese es el punto que hay que atacar y me parece que desde el 7 de agosto ese es el banderazo para trabajar en esa dirección.

Foto: Cortesía | Prensa – Humberto de la Calle.

¿Cómo va a hacer que en este país que usted propone quepan las Farc y Uribe?

Lo que necesitamos desde el punto de vista de las Farc es cero violencia y la creación del partido político. Esto es una buena noticia. Ellos van a continuar con sus ideas radicales, somos los ciudadanos los que escogemos el camino, pero tienen que ser acogidos en la democracia en la medida en que se respeten las regla de juego y no se use la violencia.

En el caso del doctor Uribe, yo personalmente pienso que su primer gobierno fue muy bueno y considero además que ha prestado servicios a Colombia, pero me parece que en este momento la propuesta y la forma en como la plantea no son lo que le conviene a Colombia. Sin embargo, eso lo podemos discutir con tranquilidad, en paz, sin insultos, pero me parece que hay que mantener un nivel de interlocución abierta.

¿Y para que quepan la comunidad LGBTI y los cristianos?

Esa es una pregunta importante porque justamente es la no discriminación una fibra esencial de una sociedad moderna. No puede haber discriminación por razones religiosas. Yo recuerdo en la Constitución del 91 que se logro justamente un Estado que no es confesional. Eso quiere decir que respeta por igual a todos los cultos. No es un Estado que ataca a los cultos, sino uno que valora la religión como un fenómeno social importante, pero al mismo tiempo brinda garantías para todos.

La comunidad LGBTI ha sido objeto de discriminación ancestral, eso hay que superarlo, porque eso lo que viola es la dignidad humana. La no discriminación tiene que ser la regla y es aplicable para todas las esferas de la vida colectiva.

¿Qué país sueña?

Yo sueño el país donde un niño arranque su vida en el mismo sitio respecto a los demás niños, que encuentre seguridad y que tenga capacidad de lograr sus metas por sus propias decisiones, por su capacidad, por su talento, por su tenacidad en el trabajo, por su disciplina y no niños como normalmente ocurre en Colombia que quedan como en la bicicleta estática, presos del hoyo negro de la pobreza y de la inequidad. Es ese mi sueño. Muy buena parte de lo que está pasando en Colombia es que se ha destruido la solidaridad. Hay una Colombia invisible que no queremos ver en la ciudad y que sufre, por lo tanto el principal deber del Estado es el de la integración, tanto de los territorios como de las comunidades. Me parece que ese es el país que tenemos que soñar todos.

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