De Der. a Izq. Henry y Felipe Mayo, y las niñas que donaron para la fundación Tu Granito De Arena del colegio IEFEMP. Cortesía.

Los jóvenes de la fundación Tu Granito de Arena y el Colectivo CIMBRA están instalando parques infantiles y construyendo viviendas de emergencia para víctimas en regiones que la guerra consumió.

Ninguno supera los 26 años y pocos tienen un cartón profesional a la mano. Casi todos andan entre los pasillos de sus universidades, estudiando en las principales ciudades del país, deseando que sus sueños de paz se hagan realidad. Se trata de los jóvenes de la fundación Tu Granito de Arena y del Colectivo CIMBRA, quienes se la están jugando por proyectos para el posconflicto: los primeros están instalando parques infantiles y, los segundos, construyendo viviendas de emergencia a víctimas en lugares en donde la ayuda del Estado no llega o muchas veces resulta insuficiente. ¿Cómo lo hacen?

Parques para Chocó

Marvis Lagarejo, de rosado; Aury Abuhata de azul, Henry Lozano, el de camisa de rayas y Karlos Lemos, de blanco; son algunos de los jóvenes que trabajan para la fundación.

Eso de que los ‘millenials’ son una generación de adeptos a los dispositivos móviles y a la comunicación instantánea no identifica a los 30 chocoanos de la fundación Tu Granito de Arena, quienes desde el año pasado tienen un proyecto de transformación social en mente: instalar 10 parques infantiles en nueve municipios del Pacífico colombiano en donde la ausencia de recursos impide el desarrollo del potencial de los niños y niñas de la región. Y no lo hacen porque en su infancia hayan tenido computador, tablet o teléfono móvil, sino porque en medio de las dificultades tuvieron la “gran oportunidad”, como dicen, de salir de sus territorios para estudiar una carrera profesional en ciudades como Bogotá y Medellín.

Karlos Jonathan Lemos Hurtado, uno de los integrantes de la fundación y líder del proyecto, dijo que si bien esta iniciativa estaba pensada desde hace un buen tiempo, no fue sino hasta hace aproximadamente tres meses que comenzaron a encaminarla.

“Somos estudiantes de ingeniería, arquitectura, medicina, psicología, derecho, negocios internacionales, administración de empresas y trabajo social que queremos cambiar una realidad social y se nos ocurrió esta idea. Si bien ahora estamos hablando de paz y las bondades que esta trae a las comunidades, aún hay territorios que no gozan de eso. Los niños de la periferia solo tienen calles con polvo y una pelota hecha con bolsas y cinta, por lo que no perder la magia de la niñez es lo único que ellos tienen para crecer sin traumas”, comentó Lemus en diálogo con Divergentes.

Estando lejos, cuentan estos universitarios, se percataron de la falta de oportunidades que atormentaba a los municipios más vulnerables en donde la presencia paramilitar, los enfrentamientos con el Eln y la violencia por parte de grupos armados y bandas criminales siguen generando decenas de víctimas civiles, incluso después de la salida de las Farc del territorio. Fue así como buscaron la  ayuda de instituciones locales, alcaldías y donaciones civiles para a encontrar terrenos en Bojayá, Carmen del Darién, Riosucio, Medio Atrato, Bagadó, Certegui, Lloró y Quibdó y en cuestión de un mes recogieron casi un millón de pesos. Sin embargo, cada zona de recreación infantil tiene un costo aproximado de cinco millones y muchos a los que acudían para lograr recolectar algo de dinero no entendían bien el sentido del proyecto.

“Las personas comenzaron a decirnos ¿pero para qué quieren parques? Y nuestra respuesta siempre fue que había necesidad de entender los contextos, que no era lo mismo el niño o el joven que crece en una ciudad capital en donde encuentra polideportivos, canchas y zonas sociales con bastante facilidad, a uno que a duras penas conoce un balón de fútbol. El ejemplo más claro fue la reciente construcción del primer centro comercial en Quibdó con salas de cine. ¡El primero!”, cuenta el joven.

Los parques que va a instalar la fundación Tu Granito de Arena en el Chocó vienen prefabricados en madera inmunizada, con tobogán, columpio, ‘sube y baja’ y pasamanos. Ya llevan tres terrenos adquiridos de los diez que tienen planeados, y el primer parque infantil, el de Bojayá, está a punto de ser instalado. También planean viajar cada cuatro meses a territorio (durante sus vacaciones de semestre) y terminar de instalar todas las diez zonas para inicios de 2019, aunque aún enfrentan serias dificultades económicas para lograr avanzar. Por el momento tienen pensado seguir con la recolección voluntaria de fondos a través de la instalación de pequeñas alcancías en instituciones públicas y privadas en donde se socialice la idea y luego se pueda pasar por ellas a la vuelta de un mes.

Ya han puesto un par en el Palacio de Justicia y en colegios de la capital de su departamento como la Institución Educativa Femenina de Enseñanza Media y Profesional de Quibdó (IEFEMP), en donde quedaron especialmente sorprendidos por la voluntad de aporte de los niños que allí reciben clases y la acogida que le dieron tanto ellos como todo el plantel educativo al proyecto.

“Si tú llegas a un lugar donde no hay nada y haces algo, eso ya es un aporte. Eso motiva a que la institucionalidad se comprometa más porque si gente del común que no tiene toda la fuerza económica se da la pela por aportar al posconflicto, ahora más debería hacerlo el Estado”, comenta Lemos.

Casas para desplazados y empoderamiento comunitario

Foto: Colectivo de arquitectos CIMBRA. Cortesía.

Mientras la fundación Tu Granito de Arena le apuesta a las áreas recreativas como medios de transformación social para el posconflicto, un colectivo de universitarios de la Universidad de Los Andes está haciendo algo similar, aunque con víctimas de desplazamiento y damnificados en el departamento del Putumayo. Se trata del colectivo CIMBRA, un grupo de estudiantes y algunos profesionales de diversas disciplinas que están desarrollado proyectos arquitectónicos con un enfoque territorial de construcción de paz y Derechos Humanos.

En total son nueve personas entre estudiantes de arquitectura, antropología, economía y ciencia política que buscan, más allá de construir viviendas de emergencia para atender a las víctimas, fortalecer las dinámicas sociales existentes en la población para que se conviertan en comunidades con capacidad de autogestión y desarrollo. “Nosotros surgimos por el interés de un grupo de estudiantes de arquitectura que, movidos por la tragedia de Mocoa, vimos y estudiamos la posibilidad de elaborar proyectos de la misma índole para proponer soluciones de vivienda”, contó Mateo Walschburger, uno de los líderes del colectivo.

Luego de la avalancha ocurrida el 31 de marzo de 2017 en Mocoa, estos jóvenes realizaron un proceso de documentación, registro y reconocimiento de la población afectada, que en muchos casos cumple la doble condición de víctima: tanto damnificados por la tragedia como desplazados por el conflicto armado. Por ello también decidieron hacer contacto con la Mesa Municipal de Víctimas del Putumayo para estudiar las medidas que se necesitarían en el desarrollo de este proyecto, recibir asesoría para la escogencia de lotes con características apropiadas a los modelos de vivienda que propone CIMBRA, así como su debida financiación.

“En este momento el primer proyecto que estamos formalizando y que involucra una fase de construcción es con la Asociación de desplazados del Putumayo Bosques de Paz y es un asentamiento para 37 familias víctimas del conflicto armado en el municipio de Villagarzón. El proyecto además es innovador porque contempla no solo ser una vivienda sino una especie de ‘granja demostrativa’, o sea con nuevos modelos productivos y eco amigables que contemplen conservación ambiental en un modelo de ecoturismo. Es decir, todo lo que estamos planteando para este asentamiento es con técnicas de construcción amigables y coherentes con las condiciones climáticas de la región”, explicó Walschburger a Divergentes.

Lo anterior con el objetivo de proteger y recuperar la biodiversidad y minimizar el impacto ambiental en la zona, de por sí bastante afectada por los desastres naturales ocurridos en el último año. Cabe resaltar que actualmente CIMBRA también trabaja con el Sistema de Información Geográfica para el Ordenamiento Territorial (SIGOT) con el fin de mejorar los planes de prevención de tragedias en el Putumayo.  A parte de este primer asentamiento en Villagarzón, el colectivo ya tiene otros posibles modelos semirurales para Mocoa (en donde el 60 % de la población es desplazada) los cuales se empezarían a ver materializados en aproximadamente dos o tres meses.

Como hizo la fundación Tu Granito de Arena, CIMBRA también ha acudido a donaciones y ayudas institucionales para desarrollar sus iniciativas, aunque han encontrado aliados importantes en el sector privado. Por ejemplo la empresa “Gran Tierra”, que impulsa modelos productivos, los apoyó económicamente en el desarrollo del modelo que se va utilizar en Villagarzón. La alcaldía se comprometío, por su parte, a financiar el polideportivo y un centro cívico para el asentamiento.

Por último, este colectivo de universitarios quiere –sobre todas las cosas – que las técnicas participativas que se van aplicar en los procesos de construcción de vivienda sirvan para empoderar a las comunidades víctimas. “Queremos desarrollar un proceso de empoderamiento comunitario, el impacto va mas allá de la vivienda típica. Se trata de la creación de herramientas que se generen en la periferia por medio de estrategias de participación. Es decir que sea la misma comunidad que con asesoría nuestra levante su asentamiento. Pensamos en soluciones con enfoques diferenciales que empoderen a los líderes locales como gestores del proyecto, desarrollando conjuntamente diseños de vivienda, de producción alimentaria, de iniciativas turísticas y de manejo ambiental sostenible en donde se prioricen las necesidades específicas de la población víctima del conflicto armado”, concluye el líder de CIMBRA.

Si desea saber cómo aportar o cómo unirse de alguna manera a alguno de estos dos proyectos, o si tiene o hace parte de iniciativas para la construcción de paz y quiere contar su historia, escriba al correo silvia.mendez@pacifista.co para conocer más información.

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