Alias “Megateo” comandó hasta su muerte (2015) el autodenominado frente Libardo Mora del EPL, llamado por las autoridades ‘Los Pelusos’. Imagen: Juan Rubio | ¡Pacifista!

Así como la desmovilización de los paramilitares le dejó al país el lastre de las bandas criminales, la entrega de armas del Ejército Popular de Liberación (EPL) en 1991 dejó tras de sí un foco de violencia que persiste hasta hoy. Luego de 16 años de la desaparición de esa guerrilla, cuando ya casi nadie se acuerda de su nombre, la sigla EPL sigue acechando a los habitantes de la región del Catatumbo, en Norte de Santander.

Como les contamos el pasado 23 de junio, ¡Pacifista! conoció, en exclusiva, un documento de 255 páginas en el que la Fiscalía explica en detalle la historia completa de esa guerrilla.

El informe hace parte de un proceso judicial que se adelanta contra 21 exintegrantes de esa organización, y destina 25 páginas a explicar el pasado y presente del frente Libardo Mora del EPL, como se hace llamar a sí mismo el reducto que opera en el Catatumbo. Una organización pequeña y enigmática, que las autoridades llaman ‘Los Pelusos’ y de la poco se conoce luego de la desaparición de Víctor Navarro, alias “Megateo”, el narcotraficante que la comandó hasta su muerte a manos del Ejército, en 2015.

Les contamos lo que sabe la Fiscalía sobre esa pequeña facción armada, que hoy le impide hablar de posconflicto a la gente del Catatumbo, acosada por la pobreza y el narcotráfico:

 

Antes del narcotráfico

Según la Fiscalía, el frente Libardo Mora del EPL llegó a Norte de Santander en 1983. Ese año, unidades guerrilleras se instalaron en Cúcuta, la capital, para servir de “estructura de apoyo a la guerrilla establecida en el Catatumbo”. Desde entonces, el frente operó como el resto del EPL: bajo las dirección del clandestino Partido Comunista Marxista Leninista (PCC-ML).

En 1991, en medio de los diálogos con el gobierno, el EPL vivió serias pugnas internas relacionadas con la vigencia de la lucha armada, las garantías para la dejación de las armas y la trascendencia de la Asamblea Nacional Constituyente. A final, el fundador y comandante de esa guerrilla “Francisco Caraballo” abandonó el proceso de paz y se convirtió en el jefe de 13 estructuras, que continuaron operando en distintos departamentos. Entre los disidentes estaba una porción del frente Libardo Mora, que, según la Fiscalía, recibió apoyo del ELN para “reorganizarse”.

 


Caraballo fue comandante militar del EPL. Imagen: Fiscalía


 

Wilfredo Cañizares, desmovilizado del EPL y hoy director de la Fundación Progresar, le dijo a la Fiscalía que al mando de la disidencia quedó Hugo Carvajal, un campesino “muy joven, audaz y vivo”. Bajo sus órdenes, los disidentes se asentaron en los territorios que históricamente había ocupado el frente Libardo Mora, crecieron en número, mantuvieron los lazos con la base social del EPL y llegaron a expandirse al sur del Cesar y Santander. Para ello siguieron contando con el apoyo del ELN, con el que realizaron campañas militares “para contrarrestar la presencia del paramilitarismo y debilitar al Ejército”, según la Fiscalía.

Hasta 2005, cuenta la entidad, el frente realizó  auténticas “acciones guerrilleras”. Entre ellas, ataques contra poblaciones, estaciones de policía y regimientos militares; secuestros, extorsiones, y asesinatos de ganaderos, hacendados y comerciantes que se negaban a pagar extorsiones o rescates. El documento asegura que la disidencia también atacó y hostigó a políticos y dirigentes regionales a los que señaló de “permitir la entrada de paramilitares” al Catatumbo o que habían ganado las elecciones con el “apoyo” del frente y luego se apartaron de sus directrices. Sin embargo, por entonces, y tal como hizo el EPL hasta su desmovilización, el frente Libardo Mora se mantuvo alejado del narcotráfico.

 

La relación con la coca

En 1999, con la llegada de los paramilitares a Norte de Santander, la disidencia del EPL en el Catatumbo disminuyó su actividad militar y se replegó a áreas rurales de difícil acceso, llegando casi a desaparecer. La Fiscalía no explica qué pasó con los integrantes del frente entre ese año y mediados de la década de 2000, pero asegura que en el segundo semestre de 2005 una organización autodenominada frente Libardo Mora resurgió en los municipios de Teorama, Convención, San Calixto y Ocaña. Esta vez, el grupo estaba comandado por “Megateo”.

Bajo su dirección, dice la Fiscalía, el nuevo frente se metió de lleno en el negocio del narcotráfico y se alejó “tanto en sus prácticas como en sus objetivos” de lo que fueron el EPL y la disidencia.

Informes de inteligencia del Ejército citados en el documento aseguran que el grupo, bautizado por las autoridades como ‘Los Pelusos’, tiene cerca de 152 integrantes que “ocasionalmente” utilizan prendas de uso privativo de las Fuerzas Militares y portan armas de corto y largo alcance. Todo ello, según la entidad, para defender corredores estratégicos, laboratorios y centros de acopio de coca, algunos de ellos ubicados en los corregimientos San Pablo (Teorama), Filo El Gringo (El Tarra), Aspasica y La Vega (La Playa de Belén).

 


Imagen: Fiscalía

Organigrama de ‘Los Pelusos’ con corte a septiembre de 2016. Imagen: Fiscalía


 

Para mantener el control sobre el lucrativo negocio, asegura la Fiscalía, ‘Los Pelusos’ siembran minas antipersonal y atacan con francotiradores a los policías y militares encargados de desarticular el narcotráfico en el Catatumbo, incluidos quienes erradican la hoja de coca. Los civiles tampoco se salvan, porque, dice el documento, ‘Los Pelusos’ persiguen a los campesinos señalados de colaborar con la Fuerza Pública.

La plata de la cocaína ha dado para tanto en el Catatumbo que, de acuerdo con la Fiscalía, ‘Los Pelusos’ lograron establecer “una relación muy cercana” con el Frente de Guerra Nororiental del ELN y con el desaparecido bloque Magdalena Medio de las Farc, “especialmente en asuntos relacionados con la cadena del narcotráfico”.

Un negocio ilegal que se ha alimentado del abandono, porque, tal como señala la entidad, los campesinos de la región sufren “la deficiente infraestructura vial, la indefinición de los derechos de propiedad sobre la tierra y la falta de apoyo crediticio y técnico”. La Fiscalía describe la región como una zona caracterizada por la “colonización irregular, la pobreza de sus habitantes, la cultura de la economía ilegal, la difícil topografía, la escasa infraestructura y la débil presencia del Estado”. Un caldo de cultivo perfecto para el narcotráfico.

 

¿Guerrilla o banda criminal?

Aunque se financia casi exclusivamente del narcotráfico, el grupo que las autoridades llaman ‘Los Pelusos’ realiza acciones propias de una guerrilla. La organización circula panfletos y pone pasacalles bajo la firma del “frente Libardo Mora del EPL”, y continúa editando clandestinamente el periódico Revolución, antiguamente escrito por esa guerrilla. Más aún, la Fiscalía dice que en la actualidad, “aparentemente”, existe una organización política clandestina que conserva el nombre del PCC-ML”.

Ildefonso Henao, excomandante del frente Libardo Mora en tiempos del EPL, le dijo a la Fiscalía que en 2005 ‘Los Pelusos’ tenían entre sus filas “gente relacionada con el PCC-ML y con el sindicato de Ecopetrol”. El excombatiente Wilfredo Cañizares, que defiende la tesis de que el grupo sigue siendo una estructura guerrillera, también le aseguró a la entidad que ‘Los Pelusos’ “tienen una estructura (política) con un comité central y ejecutivo, mantienen el periódico y no cambiaron su modo de operar”.

Pese a ello, la Fiscalía asegura que la organización está desprovista de cualquier motivación política. Las razones para esa conclusión son, por ejemplo, que las acciones militares de ‘Los Pelusos’ se limitan a proteger el negocio del narcotráfico y no pretenden “derrocar el gobierno o suprimir o modificar el orden legal y constitucional”, como haría cualquier guerrilla. El documento dice, además, que el grupo no busca expandirse a gran escala o fortalecer su base política y social, que se reduce “a los productores y compradores de pasta de coca”.

 


El grupo circula el periódico Revolución, así como panfletos a nombre del EPL. Imagen: Fiscalía


 

El otro argumento de la Fiscalía es que a ‘Los Pelusos’ no les importa la formación ideológica de los reclutas, sino solamente sus necesidades económicas, que cubren con el “ofrecimiento de sueldos o el intercambio de bienes”. Esa lógica, dice la entidad, “no corresponde a políticas de fortalecimiento militar y expansión territorial con un objetivo centrado en las guerras de guerrillas como táctica militar en el marco de un conflicto armado”, sino que hace parte de las dinámicas del narcotráfico.

Para la Fiscalía, el hecho de que ‘Los Pelusos’ se presenten como una guerrilla obedece exclusivamente a un interés de presionar una eventual negociación de paz con el gobierno. Por eso, sentencia que la amenaza de que ese grupo armado “se convierta en un grupo insurgente depende en buena parte de las acciones que tome el Estado para evitarlo”.

Guerrilla o no, la organización que se llama frente Libardo Mora o ‘Los Pelusos’ es una amenaza para la seguridad. Información de inteligencia militar citada por la Fiscalía señala que, tras la desaparición de las Farc, el grupo ha empezado a llenar espacios tradicionalmente ocupados por esa guerrilla y ha ido “fortaleciendo su estructura militar y política”, emprendiendo ataques contra la infraestructura y restricciones a la movilidad de la población civil.

Es, en suma, otro reto del posconflicto.

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