Delegaciones de las Farc y el ELN en Quito. Foto: ELN

Después de largas épocas de tensión, diferencias y desencuentros, las Farc y el ELN decidieron sentarse en Quito para definir los puntos que los unen y así  impulsar lo que ellos llaman “la paz completa en  Colombia”. La cumbre entre las delegaciones de los dos grupos insurgentes surge en uno de los momentos más difíciles del posconflicto: masacre de seis campesinos en Tumaco, asesinatos a indultados de las Farc, recrudecimiento de la violencia contra líderes sociales y dificultades en el proceso de sustitución de cultivos. Estos problemas, según las delegaciones, se deben evitar con una agenda común.

El proceso de paz con el Eln pasa por un buen momento: en 24 días tanto la Fuerza Pública como la guerrilla han cumplido con el cese el fuego pactado hasta el 9 de enero de 2018. Esta semana, además, comienza a discutirse el punto 1 de la agenda de Quito, sobre mecanismos de participación de la sociedad civil en el país.  En las discusiones de la agenda existen intereses en común con las Farc, como el “desmonte del paramilitarismo” y la necesidad de replantear la erradicación forzosa de cultivos ilícitos. La legitimidad que está tomando el acuerdo con el Eln puede ser útil para las Farc, incluso pensando en una posible alianza política.


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Aunque voceros de ambas organizaciones nos dijeron que todavía es prematuro afirmar  que existe una alianza política con fines electorales, lo cierto es  que en la cumbre han encontrado más puntos en común que diferencias. De hecho, el mismo Gobierno ve con buenos ojos esta negociación entre Farc y ELN: “Significa un respaldo resuelto al proceso de paz en general. Destaco la decisión de ambas organizaciones por establecer un mecanismo que permita la armonización del proceso de implementación de la paz con el proceso de negociación de paz con el ELN”, dijo Rodrigo Rivera, alto comisionado para la Paz del Gobierno.

En un comunicado conjunto, las Farc y el ELN mencionaron cinco puntos que los unirán durante los próximos meses de trabajo: violencia contra líderes sociales, excombatientes y defensores de derechos humanos; desmonte del paramilitarismo y sus redes de apoyo; la creación de un  sistema de verdad que garantice la no repetición; la implementación de planes de sustitución de cultivos y la necesidad de evitar la  “corrupción desbordada que ha invadido la estructura social del país”.

¿Qué tanto se pueden acercar?

Hablamos con voceros del ELN y las Farc y, aunque hay puntos en común, existen diferencias de fondo en temas como el modelo agrario. El ELN no está del todo de acuerdo con las Zonas de Reserva Campesina sino que apoya, por el contrario, un modelo de “territorios agroalimentarios”. Las diferencias ideológicas también persisten, y frente a la participación política el ELN ha manifestado un interés por unirse a una gran coalición, mientras que las Farc están  buscando fortalecer su partido político.


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Diego Galvis, integrante del ELN y miembro activo en la delegación de Quito, nos contó que, como las Farc, ellos buscan “las transformaciones sociales que necesita la paz. Los dos estamos de acuerdo en que  la paz no puede ser solamente la entrega de fusiles y el salto a la participación política. Tanto nosotros como los compañeros de las Farc tenemos bases sociales que están criticando y denunciando, por eso el problema del genocidio de líderes sociales nos afecta y tenemos que unir fuerzas para visibilizarlo”. Aunque Galvis dice que es prematuro hablar de una alianza electoral, fue claro en que más adelante “se debe buscar la unidad, y no dividirnos como la izquierda”.

Según  Luis Eduardo Celis, asesor del Programa Desarrollo para la Paz (Prodepaz), lo más valioso de la cumbre entre las dos organizaciones es que “están pensando juntos en un proceso de consolidación de la paz completa. Para que ésta exista se tiene que garantizar la protección de líderes sociales y de las comunidades.  Con este respaldo, el acuerdo de paz con las Farc puede tomar un impulso. En estos momentos lo necesita”. Lo que viene, según una alta fuente de las Farc, es definir la alianza política sin que sea necesariamente electoral: “El ELN tiene que revisar qué respalda de nuestros acuerdos antes de hablar de cualquier alianza”.

Si bien la alianza política todavía está en un punto embrionario, lo cierto es que detrás de la cumbre existe una motivación seria por construir paz. Así  lo considera Víctor de Currea, catedrático de la Universidad Nacional e impulsor del proceso de paz con el ELN: “Existe un compromiso por la paz, eso es lo que se debe rescatar. Que se hayan sentado a hablar no quiere decir que estén en la misma agenda, pues ambos sostienen modelos diferentes. Lo que están demostrando es que, a diferencia del Gobierno, ellos sí  están cumpliendo: las Farc con desarme, desmovilización y el Eln con el cese al fuego”.

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