Foto: Paul Bradbury/Getty Images

Este artículo fue originalmente publicado en Vice News.

Por Samuel Oakford

A mediados de 2016, varios diplomáticos se reunieron en las Naciones Unidas en Nueva York para hablar del futuro de la política de drogas. Un oficial portugués llamado João Goulão atrajo atención hacia las experiencias de este país en materia de drogas.

Hace diecisiete años, Portugal dio un salto y despenalizó la posesión de todas las drogas, desde marihuana hasta heroína. Desde la mayoría de ángulos, esta medida ha rendido frutos.

Hoy las autoridades portuguesas no arrestan a nadie que cargue lo que es considerado una provisión de menos de diez días de cualquier droga ilícita, es decir, un gramo de heroína, éxtasis, anfetaminas, dos gramos de cocaína o veinticinco gramos de cannabis.

Por el contrario, los delincuentes de drogas reciben una citación y tienen la orden de ir ante un llamado “panel de disuasión” hecho por expertos legales, sociales y psicológicos. La mayoría de casos simplemente se suspenden. Los individuos que tienen que ir repetidamente a los paneles, se les subscribe a un tratamiento que puede variar entre asesoramiento motivacional hasta terapia de sustitución de opiáceos.

“Tuvimos muchas críticas al principio”, recordó Goulão, un médico especializado en el tratamiento de adicción cuyo trabajo llevó a Portugal a reformar sus leyes de drogas en el 2000. Actualmente es el coordinador nacional de drogas del país. Tras la despenalización, las primeras consultas que Portugal recibió de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes –el órgano cuasi judicial de supervisión de la ONU, creado por el sistema de convenciones de drogas de la ONU- fueron agudas y reprensibles.

“Ahora las cosas han cambiado por completo, somos un ejemplo de mejores prácticas dentro del espíritu de las convenciones”, explicó. Según Werner Sipp, la actual cabeza de la Junta Internacional, dijo en la convención en Viena de estupefacientes de las Naciones Unidas que, “fue una combinación de la ley y estos servicios lo que lo hizo un éxito. Es difícil encontrar personas en Portugal que no estén de acuerdo con este modelo”.


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A pesar de que a menudo se somete a evaluación la ley de despenalización, la experiencia de Portugal durante la última década, habla muy bien de la respuesta de su sistema de salud público gratuito, los programas de tratamiento extensivos y los difíciles efectos cuantificables de la legislación. En una sociedad donde las drogas están menos estigmatizadas, los usuarios problemáticos son más propensos a buscar atención. Aunque la policía sospeche de alguien que usa drogas, es menos probable que los moleste. Al menos 25 países han introducido alguna forma de despenalización, sin embargo el modelo holístico de Portugal y su uso de paneles de discusión lo diferencian.

La proporción de nuevas infecciones de VIH en Portugal ha caído precipitadamente desde 2001, el año en que esta ley empezó a regir. Bajó de 1.016 casos a solo 56 en 2012. Las muertes por sobredosis bajaron de 80 en el año de la despenalización, a 16 en 2012. En comparación, en Estados Unidos, más de 14.000 personas murieron en 2014 por sobredosis de opiáceos prescritos. La proporción de las muertes inducidas por drogas en Portugal es de tres por un millón de residentes, cinco veces menor que el promedio de la Unión Europea, 17.3 por un millón.

Cuando Portugal decidió despenalizar en el 2000, muchos escépticos asumieron que el numero de usuarios aumentaría rápidamente, pero eso no fue lo que paso. Con algunas excepciones, incluyendo un incremento marginal entre adolescentes, el uso ha caído en los últimos 15 años y ahora decae y fluye entre las tendencias europeas. Los oficiales portugueses estiman que a finales de los noventa, al menos el 1% de la población del país (alrededor de 100.000 residentes) eran usuarios de la heroína.

Actualmente “estimamos que tenemos 50.000, la mayoría de ellos bajo tratamiento de sustitución”, dijo Goulão, además agrego que recientemente ha visto un pequeño aumento en el uso de esta droga, más que todo en antiguos usuarios que estaban rehabilitados. Esto refleja la condición económica de Portugal, agregó.

“Las personas usan drogas por dos razones: para potenciar placeres o para aliviar desagrados. El tipo de drogas y el tipo de perfiles que usan drogas, dice mucho de las condiciones de vida en un país”, recalcó.

Las medidas paralelas de reducción de daños, tales como el intercambio de agujas y la terapia de sustitución de opiáceos con metadona o buprenorfina, explicó Goulão, sirven como un cojín para prevenir el esparcimiento de enfermedades de transmisión sexual y el aumento de sobredosis, incluso si el numero de usuarios inyectándose heroína se incrementa en un periodo específico de tiempo.


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“Creo que la reducción de daño es no darse por vencidos en los usuarios”, dijo el experto. “Respetando sus tiempos y asumiendo que alguien sigue consumiendo drogas, incluso esa persona se merece la inversión del Estado para poder tener un vida mejor y duradera”.

Tales declaraciones, alguna vez consideradas radicales, se están volviendo más atractivas para otros países. La despenalización y reducción de daños, presta más atención a los derechos humanos de los consumidores, mientras que permite que la los recursos de la ejecución de leyes anti droga se gasten en otra parte. Aunque sea un giro 180, no es una revolución e términos de ley internacional.

Las drogas siguen siendo ilegales en Portugal, los traficantes de drogas y los dealers todavía son mandados a la cárcel, y el país se ha mantenido cuidadosamente bajo los confines del sistema de la convención de drogas de las Naciones Unidas. Por décadas, los tres tratados de esta convención incluían prescribir cárcel para los usuarios, pero los expertos han considerado, al igual que los gobiernos, que le darán a los países un espacio para tratar y controlar a los consumidores.

Cuando Portugal despenalizó, los Estados miembros de las Naciones Unidas acababan de ser removidos de una sesión especial de 1998 en la Asamblea General, que convencía a los Estados a hacer parte de la lucha contra la eliminación de los consumidores alrededor del mundo. Después, los Estados miembros adoptaron un documento que quería reposicionar la política de drogas. Este no cumplía con lo que muchos defensores hubieran deseado, ya que excluye palabras como “reducción de daños”, y no se abordaba la pena de muerte para los delincuentes por delitos de drogas. El documento reflejaba la evolución en la política de drogas en muchas partes del mundo durante las últimas dos décadas, pero también era un testimonio de la influencia continua de los países conservadores que todavía favorecen la prohibición.

El mismo Goulão, es escéptico de algunos aspectos de la reforma de marihuana en lugares como Estados Unidos, ya que cree que pueden combinar el uso médico con el uso recreativo. “A veces siento que los promotores de esta discusión están mezclando cosas sin utilizar una seriedad intelectual”, explicó.

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A través del uso de la heroína se muestra la eficacia del modelo portugués, sin embargo la mayoría de usuarios que actualmente entran a los paneles, entran porque fueron cogidos con hachís o marihuana, dijo Nuno Capaz, un sociólogo que trabaja en uno de los paneles en Lisboa. Entre 80 y 85% de todos los asistentes son primerizos infractores y la mayoría de veces están ahí por uso recreativo, lo que significa que sus casos son suspendidos.

Para aquellos que han sido cogidos repetidamente, los paneles les ordenen sanciones o tratamiento. Los usuarios recreativos pueden encontrarse con multas o ser ordenados a proveer servicios comunitarios. Si un adicto se rehúsa al tratamiento, deben ir regularmente a un doctor de su localidad que lo chequea gratis. Esta relación tan cercana entre los médicos y los portugueses, es otro modelo futurístico, que es difícil de replicar en Estados Unidos.

“Si la persona no va al doctor, le pedimos a la policía que les entreguen una notificación para que sepan que debían estar en un lugar específico”, explicó Capaz. “Claro que la policía sabe donde la gente va a fumar porro, si querrían podrían ir a esos lugares y capturar a la misma persona una y otra vez, pero no lo hacen”.

Jugando en paralelo con los esfuerzos del gobierno, las organizaciones sin animo de lucro proveen agujas limpias, pipas para crack como una manera de atraer a los consumidores a una red estatal de provisión de servicios.

Sin embargo, los proveedores de cuidado y las personas que han ayudado a los consumidores, han sentido los problemas económicos de Portugal. En 2011, el país fue rescatado por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, y tuvo que entrar en un periodo de austeridad donde se impusieron recortes considerables en servicios públicos.

Goulão contó que los programas de tratamiento de drogas han sido relativamente aislados, pero los fondos para los programas de trabajo que podrían ayudar a los empleados a pagar el salario de los consumidores, ha decrecido. Esto podría dificultar la planeación a largo plazo de fondos del gobierno.

Usualmente, el foco es la despenalización misma, pero funcionó porque había otros servicios y la cobertura incrementó para reemplazo de agujas, desintoxicación, comunidades terapeutas y opciones de empleo para consumidores. Este modelo introdujo coherencia a todo el sistema, además ayudó a que los estigmas en la sociedad se rompieran.

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