Ilustración: Juan Ruiz

OPINIÓN | Basta con observar las posiciones de Ramírez en torno a temas clave como la adopción de parejas del mismo sexo y la interrupción voluntaria del embarazo para darse cuenta que de feminismo no entiende casi nada. 

Por: María Claudia Dávila 

Desde el domingo pasado, los medios de comunicación y algunas personas en redes sociales han insinuado que deberíamos sentirnos felices porque por fin llegó una mujer a la vicepresidencia, una mujer que supuestamente nos representa. Y si bien es cierto que tuvieron que pasar 64 años para que votaramos y el doble para que una de nosotras llegara al Palacio de Nariño como vicepresidenta, lo cierto es que no tenemos que estar felices ni orgullosas. Les explico por qué.

Primero: Marta Lucía dice que nos representa:

 

 

Pero lo que ella no sabe es que por ser mujer no necesariamente representa a las mujeres.

Es evidente que ella ocupa un lugar privilegiado y normativo en esta sociedad; es blanca, heterosexual, católica y de clase alta. No todas encajamos ahí. Para ella es muy fácil decir que la familia debe estar compuesta por una madre y un padre , que los homosexuales no deberían adoptar y que la mujer no debería tener completos todos sus derechos sexuales y reproductivos. Para el resto de nosotras, no.

Por eso, este es mi mensaje: Marta Lucía, el hecho de que tengas una vagina no quiere decir que me representas, como tampoco me representan tus ideas.  

Ser mujer no es sinónimo de ser feminista, como tampoco significa avanzar a favor de la lucha de género, como piensa la ahora vicepresidenta. En esta entrevista con El Tiempo, ella respondió lo siguiente cuando le preguntaron si era feminista : “Sí, porque soy una mujer”. Luego, resaltó la importancia de representarnos dignamente y luchar por la igualdad de nuestras oportunidades.

Y sí, sabemos que uno de los objetivos del nuevo gobierno es garantizar las oportunidades laborales para todos, en especial para nosotras las mujeres.También sabemos que la mitad del gabinete de Duque estará conformado por mujeres pero, ¿de qué avance estamos hablando en torno a la equidad de género?, ¿del mismo que propone Viviane Morales, la mujer que lideró la campaña contra la adopción de parejas del mismo sexo?

Uno de los puntos más álgidos que difieren de esta idea de progreso que nos quiere vender el Centro Democrático— recordemos las veintiunas, volteretas y cantos de Duque—  y los medios de comunicación, que perdón la expresión; le lamen el culo al nuevo gobierno, son las posturas retrógradas en torno a los derechos sexuales y reproductivos.

Vamos por partes.

A pesar de que la fórmula vicepresidencial de Duque dice respetar totalmente las uniones no-heterosexuales, —como para hablar en la mismos términos con los que el teórico y ahora lingüista Álvaro Uribe niega la identidad y la dignidad de la comunidad LGBTIQ—lo cierto es que no lo hace. Veamos un ejemplo:

La homosexualidad no puede tener, por ningún motivo, crítica o represión alguna […] Distinto es el tema de la adopción. ¿Por qué? No porque tenga nada contra los homosexuales, es porque tengo todo a favor de un niño o una niña. Creo que la huella que deja el papá en una criatura es distinta a la que deja la mamá” respondió Marta Lucía, de manera cínica, en esta entrevista.

Marta Lucía  es una de esas señoras que cree que los homosexuales son dignos de respeto, como cualquier otro ser humano, pero no tanto como para tener los mismos derechos que los no-homosexuales (sí, sigamos hablando como Uribe, para ver lo ridículo que suena en el siglo XXI).

En la W, Ramírez dejó ver su lado más homofóbico. Afirmó no solo que las influencias de la madre y del padre son necesarias para un niño como ya lo había hecho antes, sino que le añadió la cereza más inquisidora a la torta más venenosa que pudo preparar:

“Si hay parejas heterosexuales que le pueden dar a sus hijos todo el amor, ¿por qué preferir a una homosexual en lugar de una heterosexual?”

A esta afirmación, Claudia López refutó con un “¿por qué no?”, añadiendo que el discurso de Marta Lucía se basaba en un argumento de “pura discriminación”.

Y es que así es: el hecho de que la ahora vicepresidenta afirme “respetar” a los homosexuales, pero esté en contra de sus derechos, es toda una contradicción y un argumento falaz, como también lo es el hecho de que sea mujer, esté en contra de nuestros derechos y se haga llamar feminista. Una cosa es ser creyente o ir a favor de ciertos valores, y otra muy diferente, es que esas creencias influyan de una manera violenta y excluyente en las decisiones públicas que pueda llegar a tomar en contra de las minorías.

Una mujer homofóbica, retrógrada e inquisidora definitivamente no puede tener el valor de decir que nos representa a todas.


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Otro tema que me preocupa: el aborto. Ya este país es bastante arcaico en términos de derechos sexuales teniendo en cuenta que solamente hay tres excepciones para abortar —cuando está en riesgo la vida y salud de la mujer, cuando hay malformación fetal y cuando el embarazo es producto de una violación—como para que las cosas empeoren más.

Y es que lo triste es que sí pueden empeorar: Ramírez quiere reducir el aborto a su mínima expresión, como quedó demostrado en esta entrevista de El Espectador.

¿Será que “reducir el aborto a su mínima expresión” quiere decir que prefiere que tengamos un bebé aún cuando nuestra vida o salud estén en riesgo por nuestro “deber-de-ser-madres”? o ¿que si nos violan y quedamos embarazada igual nos tocó tenerlo? o ¿que si el feto tiene malformaciones y su salud está en riesgo, igual nos toca traer a la vida al chinito aún sabiendo que se trata de un tema de salud delicadísimo?

Sí, sí, sí. (O por lo menos no nos han explicado de qué manera quieren reducir el aborto, por lo que deducimos que quieren reducir las tres excepciones que ya aprobó la Corte Constitucional)   

Otro mensaje para ella: Marta o Martica (para ser más cariñosa), el aborto no debería ser un tema basado en un dogma, debería ser un tema de salud pública. Un derecho hecho para nosotras; por nuestra vida, nuestra salud física y mental, y por un mundo sin niños que vengan a sufrir condiciones deplorables de vida. El Estado no tiene por qué truncar derechos que nos deberían pertenecer a nosotras mismas simplemente por el hecho de ser mujeres. Se trata de un tema de objeción de conciencia sobre nuestra vida privada y de las decisiones que solo nosotras mismas deberíamos tomar. No de algo que se nos sea impuesto porque como somos mujeres entonces estamos obligadas a ser madres, sin importar las condiciones individuales de cada una.

Las leyes no obligan a nadie a hacer nada.Yo no estoy obligada a divorciarme, ni tampoco a abortar, ni tampoco a ser gay. Es un tema de derechos, libertades individuales y garantías que debe proveerme el país en el cual soy ciudadana.

Marta Lucía, soy mujer y no me representas. Tampoco creo que representes a las 26 millones de mujeres que dices representar. Y yo tampoco busco hacerlo, sé que muchas no estarán de acuerdo con mis planteamientos y está bien, tampoco es mi objetivo.

Tu llegada como vicepresidenta, con ‘A’ a la Casa de Nariño representa todo (un retroceso en nuestras libertades individuales, exclusión social, clientelismo, intereses de la clase política tradicional y corrupta)  pero, no representa un avance en la equidad de género. Estás lejos de ser esa mujer moderna que quieres hacernos creer que eres: tus ideas no llevan la bandera de todas las mujeres jóvenes ni del feminismo ni de la comunidad LGBTIQ ni de todo aquel que cree que el Estado debería velar por las libertades individuales. No te equivoques; tú no me representas a mí ni a todas las mujeres de este país. Pero cierro este texto con una sugerencia que estoy segura te va a ayudar: si verdaderamente quieres “gobernar Colombia mirando al futuro”, como profesa el joven Duque, practica la coherencia entre lo que dices y lo que haces, y obviamente replantea las posturas que afectan a quienes se diferencian más de ti.

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