Jorge Londoño (Izq.), Alex Oquendo y Juan Gómez. Fotos por: Sebastián Comba-¡Pacifista!

Hablamos con Masacre, una banda que surgió desde las comunas de Medellín en los años ochenta y que, desde el metal, cuestiona la guerra en Colombia. 

Furia revelada, enfermedad viva. 
Urbanidad condenada, ha sido violada.
Silencio sin final mientras los hombres se destruyen con el tiempo, el temor y la ignorancia. 

Alex Oquendo escribió estas palabras en 1989, desde su casa en el barrio Manrique de Medellín. Describiendo lo que sentía, el temor  y la impotencia de vivir en la Colombia de los años ochenta y escuchando guitarras distorsionadas y baterías aceleradas en su cabeza, Oquendo reunió las piezas que necesitaba para grabar la primera canción de su banda, Imperio del Terror.

Esta canción salió al aire en el 89, en el primer demo de su banda, Masacre, integrada en ese entonces por cuatro jóvenes de Medellín. Lo grabaron en un ensayo, con una consola de seis canales que les costó 60 mil pesos. En esa época, grabar un demo no era tan fácil, tampoco tocar Death Metal y cantar con gritos guturales sobre la violencia en Colombia. Ellos lo sabían: la muerte, en esa época de lucha de carteles, podía estar a la vuelta de la esquina.

Era una violencia que tocaba a todos los actores de la sociedad: desde el campesino hasta el político o la señora que atendía la tienda en el barrio Manrique. En el 89, cuando ellos sacaron el primer demo, el país se desmoronaba. En agosto fue asesinado del candidato presidencial Luis Carlos Galán. En septiembre, una bomba estalló en la sede del periódico El Espectador en Bogotá. En noviembre, una bomba estalló en el avión Boeing 727 de Avianca, en el que murieron 110 personas. Detrás de los crímenes estaba Pablo Escobar, el mayor narcotraficante en la historia de Colombia.

La violencia se extendería en 1990 y 1991, cuando Masacre – como observador sigiloso y marginal del conflicto –  sacó su primer disco, Requiem, producido por el sello francés Osmose Productions. Este disco, además de sentar las bases para el futuro del Death Metal en Colombia,  habla sobre la realidad del país con un lenguaje hasta entonces desconocido por los jóvenes; un lenguaje que venía recargado con baterías desenfrenadas, solos de guitarra distorsionados y violentos y una voz que invitaba al pogo, al desahogo.

Matanzas campesinas 
intimidación asesina
brutal masacre 

Hurto de sus tierras 
arrebato de sus vidas
por militares, guerrilleros
paramilitares o gobiernos

Canción Ola de la Violencia, Reqviem (1991).

Alex Oquendo tan solo tenía 18 años cuando escribió esas letras. Él, como nos diría en la entrevista, tuvo que ver a varios jóvenes del barrio metidos en problemas con pandillas, vendiéndose como sicarios. El metal era –y sigue siendo – una opción para los que no querían entrar en el mundo del crimen. Masacre lleva 30 años tocando metal pesado –ultra metal, como decían en Medellín –,  tiene seis discos, ha tocado con bandas legendarias de metal como Slayer, Ethereal, Twisted Sister, Whitesnake, Exodus, entre muchas más. Su principal legado, como Alex reconoce, ha sido el de mantener viva la subcultura del metal extremo de Colombia, dándole un lugar seguro a muchos jóvenes que viven en la marginalidad.

Masacre celebrará sus treinta años en Rock al Parque, su casa. Antes de presentarse hablaron con nosotros sobre su historia y como esta, inevitablemente, se articula con la guerra en Colombia.

¿De dónde surgieron esas primeras letras de Masacre?

Alex Oquendo: Los que nacimos con la idea de hacer Masacre fuimos Bullmetal (Mauricio Montoya) y yo. Bullmetal vivía en Laureles, que es un lugar muy bueno de Medellín, y yo en Manrique, que es un lugar no tan bueno está en lo que acá conocen como comunas. En mi barrio la  violencia era muy cruda: se estaban formando los combos de manes malos, los pelados estaban haciendo sicariato. Las letras de Masacre estaban basadas en esa realidad social y política que vivíamos. Yo incluso veo las letras de ese entonces  y me parecen más interesantes que las de ahora.

No sé si estaba más inspirado, pero de pronto sí más afectado por lo que había en el entorno. La realidad hacía que yo escribiera todo ese tipo de cosas. Y sin pensarlo Masacre cogió una fuerza muy grande y una importancia en la escena musical. Creo que esto se debó a las letras, a la imagen gráfica, a las caratulas, a los gritos de batalla que damos en los conciertos y bueno, a la fuerza y la rabia con la que tocamos. Una rabia como protesta contra toda la violencia que ha vivido el país.

Temas como ‘brutales masacres’, ‘sangrienta muerte’, ‘cortejo fúnebre’, ‘tiempos de guerra’, ‘imperio del terror’ y ‘ola de violencia’ están enmarcados en esa realidad violenta en la que vivimos.

¿Cómo los afectaba esa violencia en sus vidas?

Alex: Nosotros estábamos ahí en medio de la guerra, sin ser parte de algún combo pero conviviendo con ellos. Cuando los combos estaban reclutando pelados y los tentaban con motos o ropa de moda nosotros estábamos haciendo metal. Vimos cómo los pelados que caían en eso tenían que trabajar en sicariato para pagar la moto o el fierro que les habían dado. A nosotros no nos llamó la atención eso, pero sí nos afectó la realidad de los barrios. Nos afectaba el entorno.

Emocionalmente nos afectaba ver que amigos de nosotros se iban por el camino de los combos. Algunos rockeros incluso se dejaron llevar por eso y ni siquiera pudieron disfrutar las cosas que tuvieron, no los volvimos a ver. Hubo otros que no les interesó eso, sino que al vernos tocar querían grabar un disco, hacer conciertos locales y hacer música. Siento que en ese contexto pudimos jalar a muchos pelados hacia la música.

Ser metalero en una sociedad tan conservadora tampoco debió ser algo fácil…

Alex: En ese momento era muy satanizado; nos veían como lo peor de la sociedad, como “seres oscuros”. En el fondo nosotros sentíamos que no estábamos haciendo nada malo sino disfrutando de un gran momento: escuchar música, grabar, parchar en la casa de los amigos, llevar un disco nuevo y escucharlo y asistir a los concierticos locales de esa época. Tal vez estábamos siendo vistos como satánicos o viciosos sin ser lo uno o lo otro. Éramos más bien rebeldes.

Así sentaron las bases del Death Metal en Colombia, quizás sin saberlo…

Cuando nosotros empezamos decíamos que éramos Death Metal y en Medellín eso no existía, sino que se hablaba de ultra metal cuando se presentaba cualquier banda de metal fuerte. Nosotros habíamos tenido acceso a bandas de Death Metal y al escuchar el sonido de esas bandas nos sentimos identificados, entonces en alguna medida ayudamos a popularizar el término.

¿Qué reflexiones les generaba la guerra en Colombia en los noventa?

Jorge Londoño (Guitarrista): Todavía nos genera como ese sentido de impotencia al ver las minas antipersonal, los secuestros, la extorsión. Aparenemtente hay un proceso de paz pero uno no sabe qué va a pasar, igualmente hay disidencias, hay problemas, se desmovilizan y luego vuelven a la guerra con otro nombre.

Alex: Yo creo que la posguerra es muy difícil; se cree que todo está solucionado pero siguen existiendo espacios donde se recrudece la violencia y nacen otros problemas. Tenemos canciones que hablan sobre el éxodo de campesinos o de las fumigaciones que se hacen en los campos. De alguna manera los Acuerdos de Paz no son reales en algunos territorios. Y yo creo que es muy diferente ver la realidad de un país desde una curul en el Congreso o estando en el gobierno a verlo dentro de la sociedad, moviéndose entre rincones y fronteras invisibles, como nos tocó a nosotros.

En el último disco que sacaron, una canción me llamó la atención, se llama En la guerra

“La guerra es la derrota de nuestra democracia

Cansada esperanza de paz

Sepultada en sus putas leyes

Leyes burócratas burguesas

Falsas dominantes para un pueblo”.

Alex: Esa canción es un poquito de eso que yo te digo: no es tan fuerte la guerra como la posguerra, y en esa canción hablo de posguerra, sobre ese momento en el que la guerra supuestamente cesó pero siguen matando a campesinos e indígenas. Y nadie los ve porque estamos en “paz”. Nadie se entera de esas violencias.

En 2001, cuando lanzaron “Muerte, verdadera muerte”,  salió la canción “sangre en mis manos”, que habla un poco sobre la necesidad de la paz. Cuéntame un poco sobre esa letra.

Sonidos con ecos

Que en el fondo repiten

Todo el miedo que siento

Detener la guerra y el fuego

Sangre en mis manos

Ahora hay llanto en mis ojos

Sangre en mis manos

Y una guerra pidiendo paz

Alex: Ahí estamos reclamando por la paz, porque es una necesidad y es un derecho, pero nos da rabia que ha sido imposible lograrlo. Es cierto que nos hemos acostumbrado a vivir en la guerra, pero siempre está la necesidad y el hambre de la paz.

Después de 30 años ¿Cómo ven al metal colombiano, a esos jóvenes que en su momento ustedes impulsaron?

Juan Gómez (guitarra): Hemos visto mucha evolución en el metal colombiano. Antes era muy difícil surgir, pararse en un género claro y definir el horizonte. Hoy en día uno tiene muchas herramientas: lugares donde estudiar, accesos a instrumentos, festivales, proyección. Una banda como Masacre abre mucho camino; cuando vamos a otro país nos  preguntan cómo está la movida, que cuáles son las otras bandas de metal que hay en Colombia.

¿Todos ustedes son empíricos?

Juan: En un principio sí, pero luego empezamos a notar que el grupo empezó a gustar a tener buen público y empezamos a estudiar. En el disco Sacro entró Jorge como guitarrista, y él es una persona más estudiada técnicamente entonces nos fuimos puliendo poco a poco con el paso de los años.

Alex: Fuimos haciendo todo empíricamente, creando nuestro propio sonido. Oíamos bandas y tratábamos de hacer algo parecido, pero a mí la voz me salía de una manera diferente; a veces era una voz más profunda, otras veces más gritona. Es una dinámica rara, pero la verdad me llevé una base del metal de Medellín, sobretodo de Parabellum, una banda que entre 1983 y 1984 tocaba un metal muy original, que nadie más estaba haciendo. Tenían mucha fuerza y yo siempre he buscado eso en mi voz: fuerza y claridad.

¿Por qué se demoran varios años para sacar nuevos discos?

Alex: Yo pienso que nosotros más que estar ahí sacando discos por sacarlos pensamos en otras cosas, como el estudio, el productor, la línea gráfica. Decimos: bueno, este último disco logró ciertas cosas, ahora tenemos que meterle más inversión al otro, mejorar. Siempre hemos querido seguir adelante. El último disco lo produjeron en Estados Unidos y nos costó cinco mil dólares. Cuando salimos de gira, estamos mostrando que nuestros discos no tienen que envidiarle a los de las bandas de Europa o Estados Unidos.

¿Todos estos años han vivido en Colombia?

Alex: Sí, aunque viajamos mucho. En todo caso en Colombia tenemos nuestro “centro de operaciones”. Tenemos trabajo, familia, lugar de ensayo. Yo por ejemplo sigo tatuando en Medellín. Ensayamos en la casa del bajista, en un estudio pequeñito, todos los jueves y viernes de 9 a 11 de la mañana. Hace poco estuvimos de gira por toda Colombia y ahora vamos a participar en el Lima Metal Fest, en Perú. Nos movemos mucho.

Después de tantas giras, ¿cuál es el concierto que más recuerdan?

Alex: A mí me gustó mucho el de Slayer en Bogotá; para nosotros era un sueño tocar con ellos. Tocar en Rock al Parque también es una experiencia brutal. Es nuestro público y es el evento más grande que tiene Latinoamérica. Cuando tocamos en Rock Al Parque sabemos que si anunciamos un tema la gente lo va a cantar, y ver ese pogo inmenso es orgásmico, es una de las cosas más chimbas que uno puede vivir como músico. También tenemos recuerdos importantes, como tocar con Twister Sister, Exodus, Whitesnake… Ahí uno dice: valió la pena estar toda la vida haciendo metal.

¿Qué tienen pensado en unos años?

Alex: Hemos vuelto a firmar con el sello Osmose Productions, con el vamos a volver a grabar Requiem, es decir, vamos a sacar una reedición del disco de 1991 pero grabado con la alineación actual. Es un trabajo por traer el pasado y grabarlo con las herramientas que hemos conseguido, con la técnica que tiene la banda ahora.

¿Ustedes sienten que Colombia ha cambiado después de esa época que les tocó vivir en los ochenta?

Alex: Hoy en día los combos ya tienen un género musical con el que se sienten identificados, un género que los influencia a hacer maldad en el barrio, a ganarse las cosas fáciles, a tratar a las mujeres como objetos. En nuestra época no había un género musical que alabara al narco, hoy en día suena en todas las emisoras. Pero más allá del tema de los géneros musicales,  sentimos que la violencia sigue siendo muy fuerte en Colombia.

Bueno, pero en Medellín hay mucho Rap, incluso IRA y los Los Suziox siguen resistiendo…

Alex: Y son de nuestro total respeto. Con la música hacen que los pelados piensen, que sean más artísticos. Nosotros somos parceros de esos grupos, vamos a festivales juntos, nos tomamos los tragos con ellos, nos ponemos las camisetas de sus bandas. Nos apoyamos mucho, incluso también a bandas de reggae (por más ajenos que seamos a su música), porque en el fondo hay una intención de salvar la música en Medellín, de expresar un mensaje crítico  y buscar que  los pelados no caigan en ese ciclo de violencia que nosotros vimos en los barrios desde los ochenta.

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