Mateo Gutiérrez adelanta estudios en sociología en la Universidad Nacional. Foto: Facebook

Mateo Gutiérrez adelanta estudios en sociología en la Universidad Nacional. Foto: Facebook

Mateo Gutiérrez, el estudiante sindicado de varios atentados en Bogotá entre 2015 y 2016, y de la detonación de dos petardos, se encuentra en la cárcel Modelo. Lleva siete días durmiendo en un pasillo mientras le asignan una cama. Después de una semana desde la captura del joven de 20 años, Aracely León, su madre, pudo verlo por primera vez. Fue una visita de 15 minutos, demasiado corta, pero en ese tiempo lo sintió optimista a pesar de los juzgamientos.

Gutiérrez fue capturado, junto con Arturo Stiven Buitrago, el pasado 23 de febrero en un centro comercial. Ante el arresto, el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, aseguró ante los medios de comunicación que los jóvenes habían participado en los atentados contra Novartis, Banco de Colombia, Cafesalud, Banco de Bogotá, Capital Salud y la DIAN. Además, según la Fiscalía, son militantes de una célula urbana del ELN.

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Tras las acusaciones , los amigos y familiares de Mateo aseguran que es un falso positivo judicial y que conseguirán las pruebas para librarlo del presidio. Sus compañeros aseguran que, durante el primer atentado en el edificio de la DIAN, en septiembre de 2015, Mateo se encontraba en una actividad cultural dentro de esa universidad. Ahora están en la labor de recopilar pruebas para librarlo de ese cargo.

Aracely también afirma que, durante la segunda explosión de la que se le acusa, su hijo visitaba Cuba por segunda vez para hacer turismo y no para tomar un curso de manejo de explosivos, como se aseguró durante la audiencia de imputación de cargos.

“Mi hijo lo que si es, es un gran lector” asegura la madre. Por eso le llevó a la cárcel decenas cartas de sus compañeros de la Universidad Nacional y amigos de la infancia para levantarle el ánimo durante el encierro.

Desde que era un niño, la mitología le ha fascinado, así lo afirman sus amigos de la infancia como Daniel Scharts. “Lo conozco desde los 9 años. Él me enseñó todo sobre los dioses griegos”.

En el colegio Juan Ramón Jiménez, sus compañeros lo recuerdan como un joven intelectual, amante del punk y del rock psicodélico,tanto así que entre sus pertenencias está un autógrafo de Roger Waters, vocalista de Pink Floyd. “Con Mateo se puede hablar tanto de la banda local de punk que tocará el próximo fin de semana, como de los discos clásicos de bandas como Deep Purple, Jethro Tull, The Who y Cream”, cuenta Felipe Suárez, uno de sus mejores amigos. 

Su amor por la música lo ha reflejado hasta en su forma de vestir. Según Aracely, Ha llevado el pelo largo, corto, se ha rapado y se ha dejado la cresta casi desde los quince años. Con este argumento, la madre busca desmentir las fotos con las que la fiscalía asegura que Mateo cambiaba su apariencia con el fin de evadir a las autoridades.

El común denominador de quienes lo conocen es que  siempre ha sido un joven crítico frente a la situación del país. “Nos cruzábamos en la cafetería de sociología, hablábamos de clases, compartíamos tintos y cigarros mientras reflexionábamos sobre el estado de la universidad, y de cómo transformar la sociedad desde la raíz”, cuenta una de sus allegadas de la Universidad Nacional.

“Siempre tuvo reparo en cuanto a quienes representan la izquierda del país, ni qué decir de la derecha” destaca Karin Vajar, una de sus conocidas. Sus amigos afirman que nunca ha sido un hombre violento ni se ha mostrado afín a grupos armados. “Lo que más le molesta es, paradógicamente, la injusticia”, cuenta Vajar.

De hecho, Mateo compartió una reflexión sobre el caso de Miguel Ángel Beltrán, profesor de la Universidad Nacional que estuvo recluido en la cárcel La Picota debido a presuntos nexos con las Farc, dijo: “A los nuevos sociólogos, preocupados de cosas tan importantes como la última tendencia de la moda o subir videos con animales a YouTube  ¿Como les va a importar la situación de un preso?”

La madre también pide que la prensa, la policía, el fiscal o cualquier persona que no siga llamando a su hijo alias ‘Mateo’, porque siente que un alias es para llamar a delincuentes. Por ahora la mujer busca agilizar las gestiones para que le asignen un lugar digno donde dormir dentro de la cárcel, aunque espera que no sea por mucho tiempo, pues cree firmemente en que Mateo regresará pronto a descansar en su propia cama.

 

 

 

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