Fotomontaje: Zafaraz

Por: Daniel Valero

El papa Francisco, el primer suramericano en sentarse en el trono de San Pedro e hincha del fútbol de su Argentina natal, llega hoy a Colombia y este jueves comienza su visita oficial. Por supuesto, la carga de simbolismo político de este suceso no es poca y más teniendo en cuenta que, desde la distancia y a veces resguardado en la prudencia, ha sido defensor del camino del diálogo para acabar con la guerra de 50 años contra las Farc, un tema que hoy tiene polarizado al país y crispados casi todos los escenarios nacionales de debate.

Su llegada a Colombia, el séptimo país del mundo con más católicos –según el Vaticano– y con “la libertad de cultos” (Estado laico o neutral en materia religiosa) consagrada en el artículo 19 de la Constitución, también tiene tintes apostólicos y sociales. No es claro aún –y puede que no suceda de forma explícita– que el papa dé su bendición religiosa y política al texto de lo que fue el acuerdo de paz con las Farc o incluso al anuncio de un cese al fuego bilateral del gobierno y el Eln a partir de octubre, pero si algo es innegable es que, por más críticas y hasta intentos de opacar el asunto, su presencia en territorio nacional lleva implícito un mensaje relacionado con la reconciliación y la paz.

Esto lo han ratificado las propias palabras del sumo pontífice a lo largo de los últimos años. Por ejemplo, el 20 de septiembre del 2015, en un ángelus dominical, afirmó lo siguiente,  refiriéndose a los diálogos que gobierno y Farc adelantaban en La Habana: “Consiente de la importancia crucial del momento presente en el que, con esfuerzo renovado y movido por la esperanza, sus hijos están buscando construir una sociedad en paz, por favor, no tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación”.

Un año después, esta vez el viernes 30 de septiembre del 2016, precisó: “Yo prometo que cuando el actual acuerdo sea blindado en el plebiscito y tenga el reconocimiento internacional, yo iré a Colombia para enseñar la paz”. Si bien el país ya sabe que el ‘No’ se impuso el domingo siguiente (2 de octubre) en las urnas, el acuerdo se consolidó semanas después y ya llevaba, por lo menos en lo general, una bendición papal.

Y para que no queden dudas del talante político de Francisco solo basta con recordar la audiencia que en diciembre de 2016 lideró en Roma en la que intentó acercar a los dos líderes más opuestos con los que actualmente cuenta Colombia y que, por lo menos en todo lo relacionado con la paz, reflejan el nivel de división que el tema despierta: el presidente Juan Manuel Santos y el senador Álvaro . Al final del encuentro, más allá de la foto oficial, no se logró ningún entendimiento. De hecho, cada uno se ha aferrado con más fuerza a sus posturas, en especial ahora que restan menos de 10 meses para la elección presidencial.

Ideológicamente hablando –por su trayectoria, pronunciamientos y hasta por su gestión al frente del Vaticano– se puede inferir que el papa Francisco ha estado más cerca de las ideas de Santos que de las de Uribe, dos políticos quienes tienen en común el hecho de ser católicos, muy practicantes y muy devotos de la figura papal.

“Pido concordia para el querido pueblo colombiano, que desea cumplir un nuevo y valiente camino de diálogo y reconciliación”, dijo el 25 de diciembre del 2016. El país comenzaba, y aún continúa, abriéndose paso hacia el posconflicto y, tan solo dos meses después –en febrero–, se oficializaron en Quito los diálogos de paz con el Eln. Además, vale la pena ver el mensaje que envió antes de partir hacia Colombia.

Francisco y la paz como argumento político

El cardenal Rubén Darío Salazar, máximo líder católico en Colombia, dejó en claro que Francisco y la misma iglesia a la que lidera siempre apoyaron y hasta defendieron los diálogos de La Habana, pero también confirmó que otra cosa es el acuerdo alcanzado y que ahí puede haber divergencias. Eso sí, reiteró que en términos generales lo respaldan.

“Hay que distinguir entre el proceso y el acuerdo de paz. El proceso es el diálogo entre el Gobierno y la guerrilla. Ese es un proceso que no solo el santo padre, sino la iglesia (católica) en Colombia siempre apoyaron. (…) Otra cosa es el acuerdo que se logró. Ahí es donde uno puede estar o no de acuerdo. La iglesia (católica) en Colombia generalmente ha dicho que es un buen acuerdo, ha estado con él”, aseguró monseñor Salazar en una entrevista con El Tiempo.

Y si bien, como se dijo antes, aún no es clara la forma en que Francisco hablará en Colombia sobre la paz y el trascendental paso de haberle puesto fin a 50 años de guerra con las Farc, y menos si hará alguna referencia a la mesa que por fin parece estar avanzando en Quito con el Eln, es claro que el principio católico (y de casi todas las religiones) de la consolidación de la paz estará entre sus mensajes.

Los analistas que han seguido de cerca la visita del papa y su incidencia en los diálogos de paz dejan en claro que al pisar territorio colombiano en momentos en que se transita hacia el posconflicto es un mensaje clave. Tal vez certero en términos políticos.

Uno de ellos es el politólogo Fernando Posada, quien dijo que sus creencias religiosas –que las resume diciendo “soy ateo”– no le impiden ver que esta visita vaticana, sin duda, impulsa la consolidación de los diálogos y del mismo posconflicto. “La visita del papa Francisco sellará el tránsito de Colombia hacia la paz”, puntualizó.

No es el único que piensa así. El senador Jorge Iván Ospina, con aval de Alianza Verde, fue enfático en que, a pesar de lo que digan sectores de oposición o contrarios a los diálogos de paz, la vista de Francisco es un nuevo espaldarazo de su parte a la consolidación de la paz.

“Negar que la visita del papa Francisco tendrá un claro impacto en la reconciliación y fortalecimiento del acuerdo de paz es negar el sol”, puntualizó el congresista.

A esto se le debe sumar que la misma opinión la comparten sectores de la comunidad internacional que han trabajado este tipo de temas en Colombia. Aquí, y de forma rápida, vale recordar que los diálogos con las Farc y con el Eln gozan de un amplio respaldo procedente del exterior.

Roberto Menéndez, jefe de la Mapp OEA en Colombia, enfatizó que la visita del papa “constituye un aliento al proceso de construcción de la paz, y también un llamado a la reflexión de este momento histórico y particular que vive Colombia, con una paz que sí requiere de más esfuerzos y mucha más voluntad”.

Y para más claridad, León Valencia, de la Fundación Paz y Reconciliación, fue explícito en su mensaje: “Francisco viene a apoyar las negociaciones exitosas con las Farc y el cese del Eln”.

Claro que estos analistas no son los únicos que tienen esta lectura. El peso simbólico de la visita, en especial por lo que significa el principal hecho político del último medio siglo de la historia colombiana como es el proceso de paz con las Farc, pone de relieve el impacto que ha tenido dicho diálogo en todas las esferas, incluso a nivel internacional.

El embajador de Colombia ante el Vaticano, Guillermo León Escobar, escribió en El Espectador: “Se trata de un viaje eminentemente pastoral para una sociedad, que llena de viceversas, ha elegido la paz y necesitará apoyos, testimonios y compromisos para la fascinante tarea de ingresar en el porvenir dejando atrás un doloroso pasado. Sin duda, la visita pastoral ha de tener efectos POLÍTICOS –con mayúscula–, porque no podrá ser usada para intereses menores”.

 

Las críticas por la politización de la visita

Tal vez uno de los momentos en que más carga en clave de paz se verá durante la visita, será este viernes 8 de septiembre en Villavicencio, durante lo que la agenda oficial denominó ‘Gran encuentro de oración por la reconciliación nacional en el Parque Las Malocas’. Asistirán víctimas de la guerra, exguerrilleros y, entre muchos otros actores, miembros de la Fuerza Pública. Ese tipo de escenarios de reconciliación, en el que todos caben, es lo que más viene a promover el papa Francisco.

El expresidente conservador Andrés Pastrana, promotor del ‘NO’ en el plebiscito refrendatorio y duro crítico de los diálogos con las Farc y el Eln, dijo hace poco –con tono de desacuerdo– que “el vicepresidente de Colombia (Óscar Naranjo) confirma que la intención del gobierno es politizar la visita del Papa”. Y el Ejecutivo, en boca del ministro del Interior, Guillermo Rivera, no dudó en responderle: “Si algo ha tenido apoyo en la comunidad internacional es el proceso de paz; la visita del Papa es una reafirmación de ese apoyo”.

A este debate hay que sumarle que no se descartan referencias a los problemas de corrupción como Odebrecht que sacuden varas regiones del globo, incluida Colombia, y por supuesto a la crisis que atraviesa Venezuela y en la que el propio Vaticano infructuosamente quiso intermediar.

No obstante, para el portavoz de la santa Sede, Greg Burke, el papa Francisco “va a Colombia en viaje pastoral para anunciar el Evangelio”, por lo que no ve su visita como algo político. De hecho, con ese argumento, es que se descartaron encuentros con voceros de las Farc, de la oposición que encabeza el Centro Democrático e, incluso, con jerarcas católicos venezolanos.

No es un secreto que a los sectores de oposición en Colombia les gustaría que viniese un Papa más cercano a sus preceptos, pues no en vano personajes como el mismo senador Uribe o el exprocurador y ahora precandidato presidencial, Alejandro Ordóñez, profesan fervorosamente la fe católica. Es más, el mismo Uribe dijo hace algunos meses que Francisco es un “mensajero de paz sin impunidad”. Y, además, le envió una carta –ya reseñada por ¡Pacifista!– reiterando sus críticas a los diálogos de paz y al Gobierno de Santos.

Lo cierto de todo esto es que el papa Francisco arriba a un país polarizado, pero al que busca acercar a sus convicciones de paz y reconciliación, preceptos que están muy marcados en el acuerdo de paz con las Farc y hacen parte ideológica de la mesa con el Eln. De nada de eso le será fácil desligarse, no solo por su condición de máximo jerarca católico a nivel mundial sino por el alto perfil político que ha tenido. Ya veremos qué deparará Colombia para sus palabras. 

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