Maria Ema Wills

Wills fue la única mujer miembro de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas que se acordó en La Habana. Foto: CNMH

Con la firma de dos decretos, el presidente Juan Manuel Santos oficializó este miércoles la creación de la Comisión de la Verdad y de la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos que el gobierno y las Farc pactaron en La Habana. A la ceremonia, que se llevó a cabo en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, de Bogotá, fueron invitados Yolanda Pinto, viuda del exgobernador de Antioquia Guillermo Gaviria; Lisinia Collazos, víctima de la masacre de El Naya; Odorico Guerra, coordinador de la Mesa Nacional de Víctimas, y Ariel Baquero, víctima de secuestro a manos de las Farc.

Ambos organismos, que hacen parte del Sistema Integral de Verdad, Justicia y Reparación incluido en los acuerdos de paz, buscan contribuir al esclarecimiento de los hechos violentos cometidos durante el conflicto y a encontrar a los miles de desaparecidos que dejó la confrontación.

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Con menos dientes que los que tendrá la Comisión, el Centro de Memoria Histórica (CNMH) se ha dedicado desde 2011 a reconstruir algunos de los episodios más dolorosos de nuestra guerra. Su informe matriz sobre el conflicto colombiano, llamado “¡Basta ya!” (2013), ha sido reconocido por académicos de Colombia y el mundo como uno de los esfuerzos más importantes para documentar las cinco décadas de conflicto que ha vivido el país.

A propósito de la creación de la Comisión de la Verdad, ¡Pacifista! habló con María Emma Wills, asesora de la Dirección General del CNMH, sobre la importancia de ese nuevo escenario y de su posible contribución a la reparación de las víctimas.

¿Cuál es la importancia de reconstruir la verdad del conflicto armado?

La memoria histórica tiene varias dimensiones pedagógicas. La guerra no es solo el tronar de los cañones: en ella también hay discursos estigmatizantes contra las víctimas. Entonces, es necesario restablecer su dignidad. En segundo lugar, estos procesos sirven para entender que en el conflicto hay diferentes contextos, y que es necesario reconocerlos. Por último, tenemos que hablar de la no repetición, que es la parte más importante. Necesitamos entender por qué caímos tan bajo en el país y por qué la guerra se degradó como lo hizo. Debemos mirarnos al espejo y comprender lo que nos pasó.

¿A qué se refiere cuando dice que caímos muy bajo?

Es necesario entender que en Colombia se rompieron las barreras morales durante la guerra. Se cruzaron líneas inadmisibles, se deshumanizó a las personas y se las convirtió en objetos. En el país normalizamos lo que no es normal, lo que es inadmisible.

¿Es posible abrir un diálogo sobre la verdad sin que eso signifique reabrir las heridas de las víctimas?

Este nuevo escenario de reconstrucción de la verdad debe tener en cuenta la dignidad de las víctimas. Hay que reconocer el peligro que se corre cuando se habla de memoria, porque, normalmente, el victimario opaca el relato de la víctima, y los perpetradores justifican lo que han hecho. Para evitarlo, el lugar para la memoria debe darse en escenas donde los perpetradores no puedan sólo hablar a favor de sí mismos. También hay que generar mecanismos para que se puedan interpelar e impugnar esas justificaciones.

¿La verdad puede considerarse como una forma de justicia?

En ocasiones sí, porque los relatos de las víctimas se convierten también en piezas claves para que los victimarios paguen por lo que han hecho, aunque eso no siempre es así. La reconstrucción de la verdad tiene autonomía y sus propios criterios de validación, por eso es tan importante.

El Centro de Memoria Histórica ha dicho en sus análisis que Colombia se ha vuelto insensible frente a la violencia. ¿Cómo devolverle esa sensibilidad a la sociedad?

Nuestra propuesta está orientada a la promoción de la escucha empática de quienes no han vivido la guerra directamente. Esa pérdida de sensibilidad se produce, por ejemplo, por la saturación de las malas noticias todos los días, entonces el país se ha hecho resistente a los discursos y testimonios sobre la guerra.

Además, la memoria y la verdad no sólo significan discursos sobre la sevicia ni de lo cruel que ha sido el conflicto, también hay historias de valentía y coraje que pueden resultar inspiradoras. Por eso, debemos acercarnos como sociedad civil a esos relatos que construyan memoria digna.

 

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