Las comunidades indígenas congregadas en Villavicencio. Foto: María Paula Durán – Centro Nacional de Memoria Histórica.

A cinco minutos de la Catedral de Villavicencio, dejando atrás las calles decoradas para el Papa Francisco, quien llegará este jueves después de un agitado día en Bogotá, está el coliseo Álvaro Mesa Amaya. Es un complejo deportivo descuidado, con una cancha de basquetbol que sirve para instalar carpas y colchonetas. Pasado el mediodía del miércoles, cuando el ruido del centro de la ciudad develaba el furor de las oraciones católicas en los preparativos, un grupo de indígenas llegó a las silenciosas instalaciones de este coliseo. “Si no venimos a la visita del santo padre y decimos lo que pensamos, ¿qué le vamos a responder a las próximas generaciones cuando nos pregunten por qué nos quedamos en silencio?”, le decía un abuelo a los jóvenes, visiblemente cansados por la travesía. Llegaron desde diferentes resguardos del país, después de largos viajes.

Este grupo de jóvenes que oían al hombre mayor hace parte de la comunidad Zenú y era uno de los cientos que llegaron al lugar. La Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) convocó a 202 resguardos que habitan en el país y que podrían movilizarse para llamar la atención del papa Francisco, ya que dentro de la agenda del sumo pontífice no hubo un espacio de encuentro con ellos. Así que desde la madrugada del miércoles, sin mayores insumos, comenzaron a organizar su estadía. Unos bafles, carpas, colchonetas y ollas para hacer sancochos comunitarios: esto fue lo único que necesitaron para crear la “minga por el papa Francisco”.  Aprovecharon el momento para ofrecer collares y pulseras a los turistas: “así nos toca financiar esto, porque aquí nadie nos paga la invitación”, respondía un vendedor.

Foto: ONIC

La reunión de cerca de 2.000 personas en el coliseo no era fácil de coordinar. Las horas de llegada variaron por los problemas de las carreteras, los buses retrasados y las condiciones agrestes para salir de salir de algunos resguardos. Pasadas las 2 p.m., los gobernadores comenzaron a discutir sobre un interrogante que, después de cuatro siglos, no tiene una respuesta clara: “¿Cuál debe ser la posición de nosotros, los indígenas, frente al papa Francisco?”

Decir que están con él y presentarse con alguna ofrenda podría ser visto como un acto de sumisión, pues al fin y al cabo se trata de la Iglesia Católica, una institución que por siglos han visto con desconfianza por el pasado de violencia que los marcó.  No obstante, otros líderes creen en la oportunidad de reconciliarse con la religión católica que, como algunos dijeron, “comparten valores morales con nosotros: como la paz”.

En ¡Pacifista! recogimos algunas opiniones de este debate que se gestó en medio de un sancocho comunitario, en la parte trasera del coliseo, con el ruido de varios talleres de mecánica de fondo. Al cierre de esta edición, un punto en común estaba claro: los indígenas tienen que aparecer en escena, decirle al papa Francisco que existen, que sufrieron el conflicto armado y que bajo unas condiciones muy específicas, como el respeto al medio ambiente, están dispuestos a colaborar con la paz.

 

Luis Fernando Pachene, gobernador de la comunidad Nassa, departamento del Cauca.

Quisiéramos que el papa nos reconozca, eso es lo primero. Que sepa que los pueblos indígenas existen en Latinoamérica. En segundo lugar, le pediríamos que así como replica la palabra de Dios, replique también las necesidades de los pueblos indígenas, los problemas que padecemos: el desplazamiento, la exclusión y la discriminación. Eso quisiéramos, pero de todas maneras no va a pasar nada. Ya vino un papa a Colombia y nada cambió, indígenas y campesinos estamos en la misma situación.

Yo no vengo tan contento a esto, la verdad. Una cosa es que la Iglesia respete a las diferentes culturas, otra muy diferente es que recoja sus necesidades y las incluya entre sus propuestas. Ese es el mensaje que tenemos que dar, que así en el papel se diga que tenemos autonomía, estamos siendo desplazados en muchos niveles. El Papa debería tener en cuenta que nosotros estamos haciendo procesos para proteger el planeta, que nosotros somos una alternativa a ese modelo económico  que ve la extracción de petróleo y carbón como desarrollo, mientras que nosotros lo vemos como muerte y destrucción.

No olvidamos que en 1492 la Iglesia llegó con una Biblia en la mano y con una espada en la otra. Eso lo tiene que reconocer el papa cuando habla de reconciliación y paz. Es más, yo creo que tiene que pedir perdón, reconciliarse con nosotros primero. Tenemos que hablarle de igual a igual, no podemos ser oportunistas y negar el daño que se hizo con la evangelización. Nosotros conocemos la historia, le hemos entregado muchos muertos a Colombia.

Darío Mejía, gobernador de la comunidad Zenú

Yo veo la visita del Papa como una oportunidad para la sociedad colombiana en general, toda tan efervescente en sus creencias católicas. Es momento de que la sociedad se mire a sí misma, hacia adentro. Si lo hace, se dará cuenta de que ahí adentro estamos nosotros, los pueblos indígenas. Nosotros hacemos parte de esta realidad y por eso estamos aquí. Más que un mensaje al papa, queremos darle un mensaje a la  sociedad. Lo que él viene predicando en sus mensajes religiosos se acerca los valores que nosotros tenemos. ¿Por qué no nos encontramos todos como sociedad?

A la Iglesia debemos entenderla desde el punto de vista de que todas las instituciones son producto de sus realidades históricas. Para nosotros sería desafortunado no reconocer los avances de la cultura eclesiástica. ¿Hace falta mucho? Sí, pero el camino que se ha recorrido ha sido largo y tenemos que ser conscientes de ello. La Iglesia debe asumir un papel de liderazgo hacia la sociedad con unos valores morales distintos a los que estableció en siglos anteriores, creo que el papa es consciente de eso.

Esta es una oportunidad para nosotros, para dialogar con la Iglesia. No nos podemos quedar callados en este momento de la historia.

Julio César León, líder de la guardia indígena del Tigre, comunidad Sikuani, Meta.

Nosotros venimos a representar a los pueblos indígenas del departamento del Meta. Cuando aparece el papa, toda la atención del mundo está ahí, por eso tenemos que estar. Nosotros quisiéramos que se nos tuviera en cuenta. Es difícil, pero hacemos la tarea saliendo de la casa y llegando hasta este coliseo. Lo hacemos también porque vemos que Francisco es una buena persona. Confiamos en él no solo porque compartimos valores, sino porque él sabe del conflicto de las regiones en las que vivimos. En mi resguardo hay 2.400 habitantes que creen en que yo puedo trasmitir un mensaje, eso es suficiente motivación para intentar llegar a él.

Orfelina Bolaños, líder del pueblo Coconuco del Cauca.

Estar acá en Villavicencio significa una oportunidad para lograr un reconocimiento para los pueblos indígenas a nivel nacional. Son muchas luchas, muchas resistencias que no se han hecho visibles. Estar aquí también significa que estamos insistiendo en apoyar las acciones de paz, como lo hemos hecho desde 1971, cuando comenzó la recuperación y liberación de la madre tierra en el Cauca. No venir sería negar la trascendencia política que tiene este evento. Aquí podemos mostrarnos como lo que somos: constructores de paz.

Desde la Colonia fuimos evangelizados y se nos inculcó la cultura religiosa, digamos que esa fe permanece en nosotros, pero la fe de trabajar en el bien. Desde esa posición es que tenemos que recibir al santo padre. Es importante reconocer que él es una figura mundial y puede ayudar a transitar a nuestras comunidades hacia la paz. Aunque claro, ese tránsito se hace cuando se dejen de vulnerar derechos en temas de salud, educación, territorio….

Algo está claro: así no seamos invitados de honor, tenemos la capacidad de movilizar a las comunidades. Cada hora llega más gente. Esto le demostrará al Papa que desde lo espiritual nos podemos movilizar hacia lo político, que podemos hacer presencia por las víctimas y por el sufrimiento de todos los pueblos indígenas.

José Leonardo Domico Domico, presidente y consejero de la Organización Indígena de Antioquia

Desde Antioquia queremos trasmitir tres mensajes puntuales: desde tiempos remotos, los pueblos indígenas hemos sido víctimas de distintas actividades, desde el conflicto armado hasta el abuso de las multinacionales. Segundo: nosotros entendemos y reconocemos que el papa Francisco es el portavoz de la paz. En ese sentido, creemos que él nos debe reconocer como guardianes del territorio y la biodiversidad. En este punto toca hablar de temas que no se suelen incluir en la agenda de estos eventos: la explotación minera, el tráfico de madera y de fauna silvestre y el despojo territorial. Tercero: el antecedente de la Iglesia Católica no es una memoria agradable para los pueblos indígenas, pero nosotros también seguimos el camino de la reconciliación y el perdón, eso lo debe saber el papa.  

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