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Marcela Sánchez será una de las 8 mujeres que verificará la implementación del enfoque de género en los acuerdos de paz. Foto: Sara Gómez

Marcela Sánchez lleva años peleando por los derechos de la comunidad LGBTI en Colombia. En abril de 2016, cuando la Corte Constitucional aprobó el matrimonio igualitario, salió a la calle a festejar una medida histórica, pero que “es lo mínimo que debe pasar” en un Estado social de derecho, dice.

Ella se convirtió, quizás sin quererlo, en una de las caras más conocidas de la lucha de género en Colombia. Fue a La Habana a reunirse con miembros del gobierno y de las Farc, hizo campaña desde Colombia Diversa (la ONG que dirige) por el ‘Sí’ en el plebiscito bajo la premisa ‘Paz es diversidad’ y lloró como muchos colombianos la derrota en la jornada del 2 de octubre del año pasado.

Integra junto con otras organizaciones de mujeres y de colectivos LGBTI el grupo GPaz, que evalúa la participación femenina tanto en los acuerdos de paz como en la implementación de los mismos. Y la semana pasada fue escogida como una de las ocho mujeres, que por medio de una comisión, van a verificar el enfoque de género en la puesta en marcha del pacto.

Hablamos con ella sobre esta comisión, sobre el miedo que aún tiene Colombia de hablar de género y sobre los prejuicios, que parecen estar en la base de los problemas de nuestra sociedad.

 

¿Qué significa que se cree una Comisión específica para verificar el enfoque de género en los Acuerdos?

Es una instancia para verificar cómo están cumpliendo el gobierno y las Farc con lo que pactaron en La Habana. Si bien no está diseñada para hacer las políticas, tiene la labor de verificar el cumplimiento y llamar la atención sobre el estado de la implementación del acuerdo en materia de la inclusión de las mujeres y la población LGBT.

Es una muestra de voluntad política, del interés por garantizar el enfoque de género que está en los acuerdos y de que están dispuestos a “dejarse vigilar” por la sociedad civil.

 

¿Qué es lo que va a verificar esta Comisión integrada por representantes del movimiento de mujeres y de la comunidad LGBTI?

El acuerdo de paz incluye 122 medidas para reconocer la afectación diferencial de las mujeres en el conflicto armado de Colombia, y 19 para la población LGBTI. A esas medidas es a las que habría que hacerle seguimiento desde esta instancia.

Esas medidas se deben desarrollar en leyes a través del mecanismo del fast track, en decretos, en el Plan Marco de la política pública y, en general, en las distintas formas e instancias de implementación de los acuerdos, y tendrán que reconocerse también en los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial. Hasta ahora, nuestra percepción es que no se ha desarrollado de manera satisfactoria y es lo que deberíamos verificar en esta instancia.

 

¿Cómo ha sido el trámite en el Congreso de los temas de género que venían en el acuerdo de La Habana?

Ha ganado y ha perdido. Ha ganado porque hoy, contrario a lo que piensa la opinión pública, aumentaron cuantitativamente las menciones de temas de género y de comunidades LGBTI en los acuerdos. Sin embargo, y debido a la manipulación de algunos sectores, muchos congresistas tienen miedo de poner la palabra género en los acuerdos porque se les puede “armar un rollo” con la gente.

Esto es lamentable porque esos son compromisos del Estado colombiano, que no solo tienen que ver con el acuerdo de paz. Son compromisos frente a la igualdad, a las leyes de cuotas, contra la discriminación, por los derechos de las mujeres rurales, etc. Es decir, el acuerdo recoge unos principios más generales y tanto la opinión pública, como los operadores legislativos, o no son expertos, o se han dejado manipular. El género no podría salir de los acuerdos de paz, entre otras cosas porque son responsabilidades en materia de igualdad y no discriminación más amplia, ya asumidas por el Estado colombiano a escala internacional.

 

De las 122 medidas de género y las 19 sobre la comunidad LGBTI, ¿dónde están los retos más grandes para que el acuerdo salde la deuda que tiene el Estado con las mujeres? 

Hay muchos temas cruciales y solo me referiré a dos como un ejemplo y que tienen que ver con problemas históricos con las mujeres: el primero implica la situación en el campo, el acceso a la tierra, el acceso a créditos y la propiedad misma de la tierra por parte de las mujeres. Ahí seguramente las organizaciones de mujeres rurales van a estar muy pendientes.

El otro tema que desde Colombia Diversa nos ha interesado es el de las víctimas. ¿Cómo se reconoce que hubo actos o delitos en el marco del conflicto armado, en los que la motivación para asesinar, desplazar o desaparecer fuese que la persona era gay, lesbiana, bisexual o trans? Uno de los desafíos de la Justicia Especial para la Paz es escoger personas que tengan sensibilidad y conocimiento frente a estos temas.

Una cosa es saber, por ejemplo, de Derechos Humanos o justicia transicional, y otra es tener la sensibilidad para trabajar temas de violencia sexual o delitos por prejuicio en el marco de un conflicto armado. Ahí debe haber una sensibilidad humana e incluyente. A las personas que van a implementar el acuerdo no les puede dar miedo la palabra género.

Foto: Sara Gómez

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Después de casi un año de estar discutiendo sobre temas de género gracias al acuerdo de paz, ¿en qué momento cree que está el país frente a ese debate? ¿Ya salimos del closet para hablar de género?

El acuerdo posicionó el tema de manera seria, nunca antes de este momento la gente había hablado tan masivamente de género y de asuntos LGBTI en Colombia, y esta fue una oportunidad para que esas discusiones salieran del closet. La gente creía que al movimiento LGBTI sólo e importaba el matrimonio, y que cuando se hablaba de conflicto armado nosotras decíamos que eso tenía que ver con gente por allá en el campo, así que poder salir a hablar de política fue importante.

Desafortunadamente, y creo que eso va a ser un tema en las elecciones, hay grupos fundamentalistas religiosos que van a hacer campaña manipulando a los votantes con el tema de las comunidades LGBTI. Me gustaría que plantearan una campaña más creativa, y no en contra de nosotras.

 

¿Qué significa para un país que haya una gran cantidad de gente de acuerdo con posiciones criticadas por ser discriminadoras, como las de la senadora de Viviane Morales frente a la adopción de niños por parejas del mismo sexo?

Creo que falta mucha información. En el debate frente al referendo veíamos gente que citaba una supuesta sentencia de la Corte Constitucional en la que decía que solo los gays podían adoptar. Esas personas estaban convencidas de que eso era verdad, y se convirtieron en víctimas de la manipulación.

Lo mismo pasó con el tema del aborto y el matrimonio de parejas del mismo sexo en los acuerdos de paz. Yo no culpo a la gente manipulada, el problema es de los líderes.

 

¿Qué hay detrás de las posturas de esos líderes contra la igualdad de derechos?

Una manera de hacer política que está haciendo carrera en todo el mundo, y una decisión de apostarle al miedo de la gente a través de las emociones. Si a mí me dicen, por ejemplo, que a mi hijo me lo van a convertir en homosexual, hasta yo me opongo. Obvio.

 

¿Este acuerdo de paz va a hacer que Colombia sea una sociedad más abierta, más democrática y que deje de solucionar sus conflictos de manera violenta?

Sin duda no. Este es un acuerdo con un grupo alzado enarmas, que no tiene todos los puntos que implica la construcción de paz. Este fue un intento del gobierno y de las Farc para proponerle a la sociedad algo más que el desarme de 7.000 combatientes. Pero decir que en el acuerdo se agota la construcción de paz en el país es absurdo, y creer que todo está contenido en esas 310 páginas es ingenuo.

Lo que hace el acuerdo es recoger muchos temas que ya se venían trabajando, e incorporó nuevos aspectos. Para mí, el acuerdo es un instrumento para construir paz, pero no el único.

Foto: Sara Gómez

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¿Por dónde pasa la paz para la comunidad LGBTI? 

Pasa por hacer de los acuerdos un instrumento de lo que la teoría llama la Paz Positiva. Es decir, ligarlo al desarrollo, a la convivencia, a un modelo de sociedad donde quepamos todos y hay absoluta democracia. Para las personas LGBTI la paz pasa, también, por hacer estos acuerdos sostenibles en el tiempo.

Este acuerdo de paz nos sacó del closet del conflicto. Nos dijo: “miren, el problema de Colombia no eran solo los grupos armados, ustedes tienen problemas más serios que resolver, y no están en este acuerdo”. Tristemente, a la comunidad LGBTI nos mostró que en el país hay un factor de violencia, descalificación y discriminación muy fuerte.

 

¿Cómo es la realidad de la comunidad LGBTI en las regiones frente a lo que pasa en las ciudades?

El prejuicio es igual. Hay gente que cree que hay seres humanos que tiene más derechos que otros y que son más merecedores de la humanidad, y eso se ve en el estrato 6 de las ciudades y en las regiones. Sin embargo, es muy diferente ser gay en Bogotá a serlo en el Guaviare, o a ser indígena o afro y tener diversidad sexual.

Por eso la interseccionalidad, que quiere decir pensar de manera distinta y diferenciada las poblaciones vulnerables que fueron víctimas de la violencia, hace que se vean de forma diferente los conceptos de verdad, justicia y reparación.

 

¿Cómo se acaba con esa guerra de los prejuicios?

Esa es una guerra, y tiene muchos frentes: está la familia, el modelo educativo, la forma en la que usamos el espacio público, como establecemos nuestra relaciones laborales. El rechazo por ser LGBTI produce desde depresión hasta homicidios o desplazamientos.

Es una guerra cultural, e implica muchos años de trabajo para detenerla. Desde la instancia de seguimiento al enfoque de género hay una herramienta para que las leyes y los acuerdos que buscan equidad y paridad se cumplan.

 

¿Qué opina de las posturas feministas de las mujeres de las Farc?

Victoria Sandino ha reconocido que no sabía de temas de género antes del proceso de paz y del encuentro con los movimientos feministas, de mujeres y de comunidades LGBTI. Y que esos encuentros le abrieron los ojos y la hicieron repensarse incluso como mujeres.

Estos movimientos también están ahí para decirles “oigan, mujeres de las Farc: despierten. Ustedes también tienen que quedar en las instancias de decisión y tienen que moverse”. Esa honestidad de Victoria me ha parecido muy interesante, porque significa que para esos temas, la guerrilla es una antes y otra después del acuerdo de paz.

Nosotras las feministas tenemos, desafortunadamente, ese mal papel en la vida de las mujeres: abrirles los ojos.

¿Cómo puede saldar la deuda que tiene el Estado colombiano con la comunidad LGBTI?

Hay una cosa básica que ha venido haciendo el Estado colombiano y es, al menos, equiparar las desigualdades legales, a pesar de que el Congreso de la República nunca ha reconocido los derechos de la población LGBT. Para muchos, la Corte Constitucional se extralimita cuando busca saldar esa deuda, y para nosotros es lo mínimo que debe suceder.

Es increíble que como país hayamos logrado negociar el fin de la guerra con un grupo armado y ahora vayamos a empezar una confrontación cultural. Colombia no aguantaría eso y sería muy triste, tenemos que reconciliarnos y parte de eso es sentarnos a hablar, es poder decir “soy una lesbiana y no pasa nada. No me interesa que tus hijos sean gay o trans: me interesa que si lo son, los respeten, no volverlos”.

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