Humberto de la Calle, candidato presidencial por el Partido Liberal. Todas las fotos por: Lucía Romero – ¡Pacifista!

El candidato insiste: “se están tirando la paz”. Y advierte que esta quizás sea la última generación de las Farc con disposición para negociar el fin del conflicto armado.

En el Parque de los Periodistas, con Monserrate como telón de fondo, Humberto de la Calle presentó el cierre de su primera campaña presidencial. Fue un evento modesto, en la mañana del domingo 20 de mayo. Muy lejos de lo que fueron los cierres de campaña de Gustavo Petro y Germán Vargas Lleras – ambos en la Plaza de Bolívar – De la Calle eligió un escenario que no es habitual. “Vamos contra la marea”, admitió el candidato ese día, consciente de que las encuestas presidenciales lo ubican, en el mejor de los casos, con un 6,7% de intención de voto.

Su campaña presidencial ha estado rodeada de obstáculos. En su momento lo cuestionaron por lanzarse con el aval del Partido Liberal, después por no participar en una consulta interpartidista con Sergio Fajardo y, en los últimos meses,  por la actitud de su partido, el cual ha mostrado posiciones contradictorias: algunos integrantes respaldan abiertamente a Germán Vargas Lleras.  En los últimos días algunos simpatizantes de Fajardo le pidieron a De la Calle  que abandonara su candidatura para que el candidato del Partido Verde se perfile como la única opción de centro el próximo 27 de mayo.

De la Calle admite que una consulta interpartidista habría sido ideal, que comparte propuestas con Fajardo pero que en este punto es imposible ceder ante esas peticiones. Sabe, además, que no está dentro de los favoritos, aceptando que Vargas Lleras está interesado por los votos de su partido. “Quedamos en manos de los colombianos, pero si no paso a segunda vuelta no tendré ningún rencor, yo estoy tranquilo con mi propuesta. Estoy convencido de que lo que estamos proponiendo es correcto pero son los colombianos los que tienen que decidir cuál es el camino”, nos dijo el candidato en su oficina de chapinero.

La propuesta política de Humberto de la Calle está íntimamente relacionada con lo que él, como jefe del equipo negociador del proceso de paz con las Farc, acordó con la guerrilla después de cuatro años de diálogo en La Habana. Implementar el Acuerdo de Paz, esa promesa que parece desvanecerse por cuenta de dilaciones en el Congreso y problemas en el gobierno, es la obsesión del candidato del Partido Liberal. En la entrevista nos insistió en que no es una cuestión de futurología: “el Acuerdo de paz va directo al abismo”.

Usted mismo lo dijo en una de sus propagandas: hay gente que quiere votar por usted pero sienten que es “perder el voto” porque va atrás en las encuestas…

Yo no voy a pelear con las encuestas, seguramente registran lo que la gente está pensando. Sin embargo, creo que hubo un serio problema el 11 de marzo, cuando invité a Sergio Fajardo a una consulta interpartidista y no fue posible. Ahí se abrió un escenario en el cual las opciones intermedias de centro quedaron prácticamente relegadas y dos aspiradoras potentísimas – Duque y Petro – se chuparon a la opinión pública, generando polarización. Ahora, para qué llorar sobre a leche derramada, pero si el 11 de marzo se hubiera presentado la consulta interpartidista se habría podido evitar el exceso de polarización. Después, cuando intentamos llegar a un acuerdo con Sergio Fajardo, el Consejo Nacional Electoral dijo que no era posible. Pero bueno, tenemos que seguir buscando caminos y no desistir en el camino de encontrar la paz.

Hemos visto que Vargas Lleras ha tratado de coger los votos del centro, incluso algunos liberales se han ido con él.  ¿Cuál es su opinión al respecto?

Vargas Lleras se ha movido demasiado y siempre queda la duda sobre si su compromiso con el proceso de paz es auténtico. Durante la vicepresidencia su partido apoyó el Acuerdo en el Congreso, así él guardara silencio. Cuando Santos se cae en las encuestas él toma la decisión de criticar el proceso, incluso su partido generó un retraso en el Congreso, quemando tiempo, sobretodo con la ponencia de la JEP. Luego Vargas Lleras dijo que miraba con simpatía el proceso, lo que hace difícil esclarecer su posición real, que para mi opinión surge de una coyuntura electoral.

¿Sí se siente cómodo en el Partido Liberal?

Yo he visto una unión de las bancadas, tanto la actual como la que se posesiona el 20 de julio, en torno a un apoyo unánime al candidato. Yo no desestimo ni condeno las acciones de Vargas Lleras, por ejemplo, quien está buscando votos liberales, yo creo que es totalmente legítimo. Lo que me parece preocupante es que se pase a una tarea de seducción de las estructuras parlamentarias que están obligadas a tener un grado de coherencia, eso sí lo reprocho. Lo cierto es que no hay una ruptura con el candidato, incluso las diferencias internas quedaron resueltas después de la consulta del Partido Liberal.

¿Qué tan real es que unos sectores se estén “tirando el Acuerdo de Paz”? Como usted mismo lo dijo…

Es evidente. Basta con fijarse en las posiciones políticas en curso: cuando un partido que encabeza las encuestas dice que va a modificar los acuerdos en temas esenciales como la participación política y la JEP pues es evidente que el riesgo es inminente. Y ya se está viendo: las Farc es una organización que no solo tiene un secretariado sino que tiene una base y ese mensaje de modificar los acuerdos ayuda a generar más disidencias. En este punto sí quiero hacerle una advertencia a los colombianos: si el Acuerdo se desbarata, más adelante no vamos a tener con quién negociar. La dirigencia actual de las Farc, pese a que ha cometido errores, es la única generación  con un sentido político. Después, me parece, podrían surgir nuevas formas de violencia descontroladas.

¿Qué responsabilidad tiene Santos en todo esto?

Al presidente le tenemos que reconocer los diálogos y la forma valiente en la que se comportó. Lo que hace poco dije es que es necesario acelerar la reincorporación física de las Farc, pues han quedado en evidencia las deficiencias tradicionales del Estado colombiano. Yo alguna vez propuse crear una institución que se especializara, a través de mecanismos extraordinarios, en asegurar la reincorporación. Allí hay un problema que todavía se puede corregir.

Ahora, con lo que pasó en la implementación desde el congreso yo sí quedo con una duda sobre si hay una defensa al inmovilismo. La Reforma Rural que se pactó es una necesidad para Colombia, y eso exige algo tan sencillo como un catastro rural, algo que es técnico. Sin embargo, la Ley de Catastro no se aprobó y ahí uno se pregunta cuál es la verdadera vocación de la clase dirigente para dar el paso.

Usted decía que después del fracaso de la consulta interpartidista el país quedó en medio de una polarización entre Petro y Duque. ¿Qué riesgos representa para el Acuerdo de Paz que uno de esos dos candidatos llegue al poder?

En el caso del doctor Duque es evidente. Lo dijo el mismo jefe de su partido, el doctor Álvaro Uribe, de una manera muy burda: “hacer trizas el Acuerdo”. Esta frase se ha venido matizando pero sin duda esa postura pone en jaque la continuación de la paz. Petro, por otro lado, ha sido un defensor de la paz y eso hay que reconocérselo. Siempre me ha parecido que hay un deseo de estigmatización a Petro que no es conveniente. Yo tengo diferencias enormes con él pero por lo menos en lo que ha dicho se puede decir que está comprometido con el cumplimiento de los Acuerdos.

Usted se sentó a negociar con el uribismo después del plebiscito. ¿Qué es lo que es tan irreconciliable?

Quisiera tener una visión más profunda porque me parece que no son discrepancias sobre determinada medida o determinado capítulo del Acuerdo. Yo creo que hay una resistencia al cambio. Me parece que al inicio de las conversaciones con las Farc había una creencia errada: algunos creían que era la última batalla contra las Farc, algo así como un mecanismo de rendición y no, era la búsqueda de acuerdos, donde era necesario tomar posiciones y conciliar. Ahí comenzaron a aparecer posiciones antagónicas al proceso, todo esto adobado con una orquesta de falsificación de la realidad.

También veo una resistencia a admitir que hay muchos victimarios, no solo las Farc. A veces se ve una especie de miopía por parte del uribismo, que solo mira las atrocidades de las Farc – que las cometieron, sin duda – pero aquí hubo un conflicto en donde hay varias vinculaciones con enormes dosis de responsabilidad, como es el caso de los falsos positivos. Querer tapar esa realidad genera una resistencia que se traduce en una forma de huir de la verdad. Cuando hablamos de la Comisión de la Verdad comenzaron a surgir resistencias muy duras, incluso sobre la existencia del mismo conflicto armado, que para mí es la madre de las discrepancias.

Algunos dicen que en realidad Uribe quería el Nobel, otros, por el contrario, que tiene una sed de venganza con las Farc… ¿Usted lo cree así?

Yo creo que es una confluencia de ambos factores, con un telón de fondo que es no querer cambiar una estructura inequitativa como la que tiene la sociedad colombiana.

En las Farc percibimos dos posturas: una, de personas que confían en que el Acuerdo está blindado y que va a seguir implementándose y otras, que creen que en efecto todo se va al abismo. ¿Usted cómo lo ve?

Estoy de acuerdo con usted. Las primeras reacciones de Timochenko después del episodio de Santrich fue decir: nosotros seguiremos cumpliendo y cada quien asume sus responsabilidades individuales. Luego comienzan a aparecer informaciones en medios sobre las posibilidades de extradición y en ese punto creo que tenemos que tener cuidado. Yo no me opongo a la extradición, pero aquí ha habido equivocaciones, yo tengo el recuerdo de un carpintero que estaba a punto de salir a Estados Unidos extraditado y luego se comprobó que era inocente. El mismo presidente Santos negó varias extradiciones para proteger el Acuerdo de Paz.

Esa discusión es razonable pero lo que yo veo es que despertó  la furia de unos sectores fanáticos.

Algunos dicen que por la situación en Catatumbo o Tumaco toca revisar los Acuerdos y eso es absolutamente impracticable. No podemos desistir en el propósito final de la no violencia.

Santos dijo en la posesión de los comisionados de la Comisión de la Verdad que lo usual es que en un Acuerdo de Paz se negocie el desarme y la participación en política, pero que este acuerdo fue más allá y que por eso es tan difícil implementarlo. ¿Usted cree que fue ambicioso?

En los intentos anteriores de diálogo, como en la Uribe, la agenda se convertía en una mesa de negociaciones, como el Vaticano de todas las reformas. Nosotros nos cuidamos de tener seis puntos en la agenda – muchos no se incluyeron – que para nosotros tenían relación con el fin del conflicto. Por ejemplo: si no asumimos el tema de la tierra que es una asignatura pendiente desde hace 200 años en Colombia pues usted no va a ser capaz de estabilizar el campo y así se crea la semilla para nuevas formas de violencia.

Tenemos 7 millones de personas desplazadas, por ejemplo, y hay sectores que quieren congelar la situación, negando ese desplazamiento y diciendo “es mejor no tocar eso”, como barriendo debajo del tapete. Esa es una equivocación porque deja esferas de violencia no resueltas. Eso es lo que justifica la agenda de La Habana.

Hoy le piden que renuncie a sus votos para que Fajardo quede como el único candidato de centro. ¿Qué dice al respecto?

Nosotros tomamos la determinación de seguir adelante, de llegar a la primera vuelta con un sentido político, llevando un mensaje que espero que el Partido Liberal asuma con toda honestidad. Pero al mismo tiempo hay que decir que hay elementos legales complejos: la ley dice que si se abandona la candidatura se tienen que reponer los costos de la consulta partidista, es decir, como 40.000 millones de pesos. Es muy difícil tomar una decisión de esa naturaleza.

¿Sí hay coincidencias con Fajardo?

Sí, insisto en que es una lástima que no se pudiera hacer la consulta el 11 de marzo. Por ahora vamos esperar los resultados del 27 de mayo y sobre esa base habrá que ver qué camino seguir.

¿Cómo sería la paz que promete Iván Duque?

Yo también me pregunto lo mismo, porque él dice que va a reestructurar los Acuerdos y no sabemos bien qué quiere decir con eso. En una entrevista dijo que los autores de crímenes de lesa humanidad tendrán que abstenerse de ir al Congreso y tendrán que pagar primero las sanciones restrictiva de la libertad, esa fue una postura nuestra en las conversaciones. En la Habana estuvimos medio año insistiendo en la necesidad de que los máximos responsables de crímenes fueran a la cárcel ordinaria, pero ahí surgió un dilema enorme que los colombianos deberían resolver con tranquilidad. En la medida en que eso no fue posible – yo tengo la certeza y la evidencia de que no habría acuerdo si no conciliáramos este punto –  el dilema moral era: buscamos dar el paso adelante para desmontar esta terrible tragedia que dejó 8 millones de víctimas o seguimos insistiendo en el punto de vista del doctor Duque a riesgo de continuar con una guerra desastrosa. En el pasado, cuando el Estado colombiano ha fallado cumpliendo los Acuerdos, renace la violencia. No es una manifestación retórica, es una posibilidad real.

 

Es un dilema similar al que se presentó con los paramilitares, en el proceso de Justicia y Paz…

Lo dramático de todo esto es que muchas de las decisiones que se tomaron se tomaron en Justicia y Paz. Además existen evidencias de que el doctor Uribe intentó por todos los medios buscar soluciones de esta naturaleza, existen grabaciones en donde decía que había que permitir la incursión en política de quienes dejaran las armas. Hay elementos que son difíciles de explicar.

A esto me refería cuando hablaba de la miopía. Hay colombianos que creen que hubo violencia buena porque favorecía a sus intereses. Y la violencia mala era la de los antagonistas. Mientras no superemos eso, es difícil hablar de reconciliación.

En ¡Pacifista! hemos seguido de cerca los asesinatos de líderes sociales. ¿Cómo presidente qué haría al respecto?

Ese es el mayor talón de Aquiles que estamos viviendo. En el Acuerdo se acordó un esquema robusto de protección a líderes sociales, pero esto no se trata de carros blindados y escoltas, se trata de ir a la matriz y al origen de los grupos que de manera concertada están actuando en contra de los reclamantes de tierras y de los defensores de derechos humanos. Yo siempre soñé con una especie de movilización en todos los municipios y en todas las ciudades de Colombia haciendo un llamado a la no violencia, incluyendo a las fuerzas que votaron por el No. Es que ese debería ser un punto de encuentro entre todos los colombianos: la no violencia- Me dijeron que era romántico, pero les dije, no, hay muchos grupos interpelando a la violencia y con una movilización así se puede cortar ese mensaje. Lo que pasó en la violencia liberal y conservadora fue eso: acentuar la violencia en la periferia a instancia de insultos en la capital. Eso tenemos que cortarlo.

Ahora, tenemos que enfrentar ese fenómeno de asesinatos y no ocultarlo. Colombia tiene que decirle a la comunidad internacional sí, acá todavía hay fuentes de violencia, una mano negra que actúa en contra de las personas que defienden los derechos humanos. Ese podría ser el principio de la solución.


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¿Reformará la Ley de Víctimas?

Colombia es el único país del mundo que comenzó a reparar a las víctimas antes de que finalizara la guerra. Esto genera unas tensiones fiscales enormes, pues estamos hablando de 8 millones de víctimas. Uno de los elementos de la JEP es la reparación y allí vendrán recursos y acciones para el tema de reparación. Hay algunas discusiones pendientes sobre las fechas de cierres, hay que hacer una revisión de procedimientos y ser efectivos en las soluciones.

Con lo que está pasando en Hidroituango y lo que pasó en el pozo de La Lizama los electores están hablando mucho más sobre el medio ambiente. ¿Cuál es su postura?

Ese no es un tema de unas obras de Colombia, sino de la humanidad. Hay un esquema de producción demasiado ligado a los combustibles fósiles y por eso tenemos que diversificar nuestro esquema de producción, donde además el fin del conflicto genera oportunidades. Le pongo un ejemplo: el turismo está creciendo al 38% porque hay zonas que antes estaban vedadas y hoy se pueden visitar. Solamente en Nariño, entre 2016 y 2017, el turismo aumentó ¡497%! El fin del conflicto permite modificar la estructura productiva.

Lo mismo pasa con el campo: el Acuerdo de paz nos permite fortalecer la economía campesina familiar. En el tema de las energías alternativas también hay varias opciones: como la eólica y la solar. También está la posibilidad que genera la biomasa, con energía que no depende de interconexiones y que puede ser de utilidad para los sectores rurales. También estoy de acuerdo en que no podemos pensar que se necesita la minería a ultranza. Hay que ser realistas. Hoy, mitigar el cambio climático costaría entre el 2 y el 3% del PIB mundial. Si no hacemos nada, en 2030 costaría el 20% del PIB mundial. Y en 2050 habrá desaparecido la cuarta parte de las especies vivas.

Parece que ahí hay coincidencias con Gustavo Petro…

Yo tengo un punto de partida compatible con él, pero diferimos en la cronología y la metodología. Decir que vamos a dejar el petróleo en un solo gobierno es difícil, lo mismo decir que vamos a terminar de usar carbón en 2023 y acabar con la minería ilegal. Hay que recordar que hay minería artesanal que es respetuosa con la naturaleza y en ese caso es necesario pensar en una reubicación productiva y eso no se hace un día para otro.

Cuando Guacho asesinó a tres periodistas ecuatorianos, el Centro Democrático dijo que quedaba en evidencia el fracaso del Acuerdo de Paz. ¿Qué diría usted?

Es gravísimo lo que sucedió, pero tenemos que entender que se trata de un disidente que no puede acogerse al Acuerdo. Hay que enfrentarlo, como se está haciendo con las fuerzas militares de Ecuador. La antilógica es decir: como hay un Guacho, entonces digamos que hay que cambiar los Acuerdos, cuando justamente con el cambio de los Acuerdos se fortalecen las disidencias. En el fondo hay un deseo de impedir unos procesos de cambio social.

Pero en Tumaco la implementación de los Acuerdos es muy baja…

Es correcto. Pero siguiendo la lógica de modificar los Acuerdos pues se va generando una dinámica en pro de las disidencias, entre otras cosas porque los colombianos parecemos no darnos cuenta de que, a diferencia de otros países como Guatemala y Salvador, aquí hay Bacrim y ELN, grupos armados intentando seducir a las disidencias.

Hay un problema serio en la sustitución voluntaria de cultivos…

Ha aumentado el volumen de hectáreas de coca cultivadas, eso no se puede negar. Pero el tema de los cultivos se debe enfrentar con una visión de desarrollo agrario, los operativos de la fumigación fracasaron. La única solución es la sustitución, así sea la más difícil, la más compleja, la más costosa y la más vulnerable. Sin desarrollo agrario no habrá solución de fondo a los problemas de cultivos de uso ilícita.

¿Qué le dejó esta primera campaña presidencial?

Esto es extraordinariamente difícil, muy exigente en el plano intelectual, psicológico y físico. Pero el balance es bueno: me ha servido para conocer mejor a Colombia, yo sigo pensando el mensaje que estoy llevando es válido y estoy convencido de que estamos proponiendo lo correcto. Estoy tranquilo, quedamos en manos de los colombianos.

Esta campaña también me dejó experiencias muy traumáticas. Le voy a contar una anécdota: en mi viaje a Urabá me encontré con madres cabeza de familia viviendo en la miseria, en casas de piso de tierra. Para sobrevivir, dentro de sus mismos dormitorios, tienen jaulas en donde levantan pollos. Sus hijos no tienen escuela, no tienen salud, las familias casi no caben en esas casitas y tratan de vivir, al lado de los pollos, de los olores, de las enfermedades. Me causa profunda tristeza porque aquí en Bogotá no conocemos lo que pasa en esas regiones. Por eso digo que esta sociedad está muy fracturada, no hay solidaridad con lo que pasa en la profundidad de Colombia. Y bueno, por viajes como estos he recuperado la sensibilidad de mis años más juveniles.

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